Corrupción

Las cárceles invisibles de Los Zetas

marzo 27, 2017 // 0 Comentarios

El primero de febrero pasado, José Luis Cano Lumbreras, alias El Comandante Cano, líder de la organización delictiva conocida como Zetas Vieja Escuela fue ingresado en el penal de Ciudad Victoria.
Lo habían aprehendido en un operativo efectuado en una casa de seguridad.

Tres días después de su ingreso al penal, al volver de una diligencia judicia, fue asesinado mediante asfixia por miembros de un grupo rival.

Se dice que los Zetas Vieja Escuela son una organización fundada por narcotraficantes que cumplieron sus sentencias o fueron liberados y volvieron a Tamaulipas a reconstruir al grupo que antiguamente dominó esa región.

En julio de 2013, uno de los últimos jefes Zeta, Miguel Ángel Treviño Morales fue detenido con ayuda de un “dron” en Nuevo Laredo. Año y medio después su hermano, Omar Treviño Morales, el Z-42, cayó en manos del Ejército y de policías federales en una residencia de la ciudad de Monterrey.

En los últimos años habían sido capturados o abatidos los principales líderes del cártel. Con la caída de los hermanos Treviño, Los Zetas perdieron territorios e influencias. Sus rivales del Cártel del Golfo extendieron su dominio en Tamaulipas.

Según las autoridades, las ruinas del antiguo imperio de Los Zetas quedaron en manos de un sobrino de los hermanos Treviño: José Francisco Kiko Treviño.

La designación del nuevo jefe del cártel fue rechazada por diversos cabecillas y “jefes de plaza”; sobrevino una ruptura.

Kiko Treviño se había quedado, sin embargo, con algunas de las células más numerosas de la organización. Con ese capital criminal fundó el Cártel del Noreste (CDN), cuya presencia se ha registrado en Nuevo León, Coahuila, Nayarit, Zacatecas, Veracruz y San Luis Potosí.

Quienes no aceptaron el liderazgo del sobrino de los Treviño decidieron operar por su cuenta. En lugar de una sola organización, ahora son cinco o seis las que se dedicaban al secuestro, la extorsión, el robo de vehículos, la trata de personas y el narcotráfico. Dichas escisiones se identificaron a sí mismas como Zetas, Zetas Sangre Nueva, Sangre Zeta, etcétera.

Algunas de ellas se aliaron incluso con el Cártel del Golfo (los rivales históricos desde la captura del capo Osiel Cárdenas) para combatir al Cártel del Noreste.

Narcotraficantes aprehendidos admitieron que Kiko Treviño había tenido miedo de ser traicionado o ejecutado, y que al poco tiempo de su ungimiento se refugió en Houston, Texas.

Durante casi un año dirigió al CDN desde el otro lado de la frontera. Hace seis meses, a fines de septiembre de 2016, fue aprehendido por elementos de Seguridad Nacional del país vecino. Algunos de sus subalternos no tardaron en ser barridos. Uno de ellos, detenido hace poco, dirigía la organización a través de mensajes de WhatsApp.

Otro fue conocido hace unos días mediante un video difundido en redes sociales, en el que un grupo de Zetas recluidos en el penal de Apodaca lo obliga a vestir lencería y limpiar el piso con un trapo.

La guerra entre mafias no se libra solo en las calles de Tamaulipas, sino también en lo que se supone un espacio vigilado por el Estado, las cárceles. En uno de esos espacios fue asesinado el 1º de febrero en el penal de Ciudad Victoria El Comandante Cano.

REOS "DOBLAN" A POLICÍA ESTATAL DE CABEZA DE VACA Y "NEGOCIAN" LA CALMA DEL RECLUSORIO"

marzo 26, 2017 // 0 Comentarios

Tras desafiar a la autoridad la noche del viernes pasado con un motín y una serie de revueltas, los presos del Centro de Ejecución de Sanciones (CEDES) obligaron a la Policía Estatal Acreditable a negociar con ellos el regreso a sus celdas y calmar las pugnas y amotinamientos en el interior del penal, que vive una crisis de seguridad desde el miércoles.

Los términos de los acuerdos con los internos que controlan grandes zonas del penal no se dieron a conocer.

Fuentes oficiales señalaron que al interior del penal había un ambiente de tensión e incertidumbre, luego de que el amotinamiento del viernes derivó en un enfrentamiento entre los grupos que buscan el dominio del penal y murieron tres internos.

El Vocero de Seguridad Pública del Estado, Luis Alberto Rodríguez Juárez, reconoció que luego de la riña entre decenas de internos de grupos delictivos rivales, los internos salieron de las celdas y se tuvo que acordar con ellos el regreso a sus dormitorios.

Estos acuerdos, que no fueron revelados por el funcionario estatal, han servido para que la Policía Estatal recupere un poco el control que ejerce el autogobierno de los reos en áreas del reclusorio.

“Las mediaciones las estuvo haciendo (la Policía Estatal) con algunos de los reos y (hubo) la disposición de algunos de los reos a regresar otra vez a los módulos”, indicó Rodríguez.

“Básicamente entra la Policía Estatal y hay una serie de conversaciones con alguno de los internos, ésa es la razón por la cual empiezan a regresar”.

El Vocero evadió revelar si en estas negociaciones entre la SSPE con los reclusos participaron liderazgos que representan a los autogobiernos.

“No soy yo la persona que negoció, es gente de la Policía Estatal la que habló con ellos. Aparte de la negociación yo no tengo esa información, lo único que puedo comentar es que hubo conversación con algunos de los internos”, dijo.

Rodríguez dijo que aún no logran controlar que los reos no salgan de noche a los patios con facilidad, pero están buscando restablecer la seguridad.

“Deben de comprender que en una situación como la que se presentó, hay cuestiones que, en un momento dado, se pueden salir de control, pero se recuperó el control en dos días “.

Aunque en el interior del penal se mantiene la tensión, ayer al mediodía se permitió el ingreso de familiares de presos en grupos de 10 personas y con la orden de no permanecer mucho tiempo adentro.

Las autoridades ofrecieron restablecer en forma normal las visitas de los familiares al Cedes.

Desde la noche del miércoles, cuando se fugaron 29 reos por un túnel, las autoridades se enfrentan a un clima de violencia en el que no han faltado riñas, amotinamientos e incendios.

Además de la muerte de los tres presos, el motín y las reyertas del viernes dejaron a otro interno lesionado.

En plena crisis penitenciaria en Ciudad Victoria, el Gobernador panista Francisco García Cabeza de Vaca salió el viernes del País en una gira por China para promover proyectos de inversión de ese país en el Estado.

En Sinaloa ante la orden del "JEFE", no se parpadea

marzo 23, 2017 // 0 Comentarios

El cuadro estaba incompleto para un inicio de sexenio al estilo Sinaloa: Faltaba la fuga carcelaria espectacular. El acto de prestidigitación que encierra el más burdo de todos los trucos. Sin túnel, ni sábanas, ni disparos, cinco hombres pueden salir de prisión evitando saltar las bardas monumentales, rodeando puertas aseguradas con candados y sin necesidad de volar por torres vigiladas por hombres armados.

Los cinco evadidos del Penal de Aguaruto este marzo —porque nadie puede asegurar que se fugaron el jueves 16— salieron cuando quisieron, en el momento en que lo ordenaron sus jefes. Era inevitable, al tomar la decisión nadie haría nada, porque ahí no manda el Estado. No se movería un dedo. Ni siquiera se daría la alerta. Da igual si las cárceles están a cargo de militares o civiles, de hombres intachables o mujeres ajenas a las redes de corrupción, la única constante es que los internos en fuga deben ser poderosos, adentro quedarán cumpliendo condenas los lumpen, los que robaron un par de gansitos en un oxxo.

Quirino Ordaz es obligado a suspender su gira en el paraíso de Long Beach con su envidiable puerto y regresar a su infierno en Sinaloa. Y luego, cumplir con el guion establecido: correr a unos, mantener a los custodios arraigados, pasarle la bolita a la PGR, declarar que está interesado en la seguridad de los sinaloenses, y que recibió en herencia una infraestructura “deplorable”, “frágil”, “inoperante para cumplir sus funciones”. Es decir, el mismo guion que su antecesor, y el antecesor del antecesor.

Los cinco que se fugaron pertenecen a un mismo grupo: Juan José Esparragoza, Jesús Peña, Alfredo Limón, Francisco Javier Zazueta y Rafael Guadalupe Félix, son encumbrados miembros de la Organización Sinaloa, cuatro de ellos cercanos a Ismael Zambada —socios, operadores o encargados de la seguridad— con la excepción de Zazueta Rosales, el Chimal, hombre de los hijos del Chapo y señalado en la investigación de la PGR como participante en la emboscada al convoy militar el pasado 30 de septiembre.

En medio de la espiral violenta en todo el país y particularmente en Sinaloa, que regresa a índices de homicidios de hace cinco años, pero aún lejos del trienio 2009-2011, es sintomático que el grupo que decide terminar la hibernación sean cercanos a Zambada y los hijos de Guzmán. La Organización los necesita afuera.

En Sinaloa no está permitido parpadear. Un parpadeo y se descompone todo lo que ya de por sí se mantenía descompuesto. En el penal de Culiacán, el más grande de Sinaloa, se nombró a un director que solo estuvo 13 días en el cargo y renunció, desde entonces se mantuvo como interina a una persona que igualmente nada podía hacer.

La cadena se rompe, como los hilos, por el eslabón más débil. Luego de la fuga son cesados el encargado del despacho del reclusorio, y 10 comandantes y custodios de la cadena de mando. Más el Jefe de Seguridad, José Mario Murillo, de quien no se sabe nada desde el momento de la evasión. Otra vez lo mismo que siempre: el débil eslabón que nada puede hacer en un sistema disfuncional, corrompido, mantenido con alfileres.



Margen de error

(Al fin es político) La fuga es sobre todo un golpazo político para Quirino Ordaz. Su gabinete se enteró tarde y mal de la evasión, o con la posibilidad de que lo supieran desde antes pero armó la operación a destiempo para no entorpecer la fuga.

Al mediodía del jueves, cuando por fin incursionó a la cárcel la Policía Estatal Preventiva, el subsecretario de Seguridad, Cristóbal Castañeda, decía que se habían enterado de la fuga por una llamada al 911 y por redes sociales.

Para entonces, la policía se afanaba buscado dentro a quienes llevaban horas fuera.



Mirilla

(Falso positivo) El enfoque es incorrecto en el tema de los jóvenes detenidos por la Policía Municipal de Culiacán y entregados a un grupo armado, difundida la transacción en una videograbación por un testigo. La mirilla de las críticas y acusaciones se enfocó en los cuatro policías, pero nunca en la docena de jóvenes armados que los rodeó.

No son los policías donde debe enfocarse la investigación, sino en el grupo que exigió la entrega para ser rescatados. El intercambio de detenidos en Sinaloa corre en ambos sentidos: Hay casos en que los detenidos de la policía terminan en manos de grupos de la delincuencia, y viceversa, casos donde la misma organización los entrega a la policía y luego los presenta como una captura.

Se les exige a cuatro débiles cuicos —sin la carga ofensiva de la palabra— que respondan a lo que desde el Fiscal y Director de la Ministerial no pueden ofrecer. Si el mundo no estuviera de cabeza, los policías fueran respaldados, llevados a una zona segura, activar su protección, y entonces enfocarse en el grupo de hombres armados que los rodeó. Pero no, aquí no es así.



Deatrasalante

(2005) Lo mismo es antes que después: Al inicio del sexenio de Jesús Aguilar Padilla los presos decidieron irse (Otra vez como la salida del grupo del pasado jueves con Quirino Ordaz). Ellos así lo decidieron. Para aquel mes de mayo del primer año de gobierno de Aguilar, 2005, ya sumaban cinco fugas de los penales. La peor el 5 de mayo de ese año inicial, cuando nuevo internos se evadieron de la cárcel de Culiacán, todos ellos amigos, compadres o pistoleros de Joaquín Guzmán con apenas cuatro años en libertad.

La primera versión que armó la autoridad es que huyeron por la barda con un atado de sábana —lo dijeron con la seriedad que amerita, aunque sonaba a chiste—, pero poco a poco se reforzó la versión de que habían salido por la puerta como corresponde a quienes salen cuando les da la gana.

En solo 22 días de marzo la administración de Aguilar Padilla sumó tres fugas: el 2 de marzo dos secuestradores lograron evadirse, supuestamente con documentos apócrifos de liberación, el 15 de marzo se fugaron cuatro del penal municipal de Escuinapa, y tres fueron recapturados, y el 24 de marzo nueve intentaron la fuga a punta de bala en Los Mochis, dos lo lograron, cuatro murieron y tres fueron retenidos

EL NARCO EN LA PROCURADURIA DE APODACA, "EL SUREÑO" ES FISCAL NO.2 Y OPERA PARA EL CDG

marzo 22, 2017 // 0 Comentarios

Nuevo León vive nuevamente una crisis de seguridad, la lucha intestina de organizaciones del crimen organizado da cuenta de múltiples ejecuciones y enfrentamientos entre bandas antagónicas y fuerzas del orden, el estado donde las policías que más que combatir a la delincuencia en ocasiones funcionan como brazo armado de grupos criminales.

El reciente escándalo por la filtración de un vídeo del penal de Apodaca pone al estado en la mira internacional por la flagrante violación de derechos humanos y el autogobierno que se vive en las cárceles de la entidad aunado a la creciente violencia en la pugna por el control del estado entre carteles del narcotráfico.

Los levantones y ejecuciones están a la orden del día, la muerte de personas ligadas a dependencias de procuración de justicia revelan nuevamente desde donde se mueven los hilos y se protege a los grupos criminales, un personaje clave en Nuevo León que opera desde la Procuraduría General de Justicia está en la mira del ejército y la marina.

El nombre de Braulio Sánchez Mantilla aparece en varias carpetas de investigación, ligado a grupos criminales Sánchez Mantilla es conocido con el alias de “El Sureño”, el tufo de la corrupción y complicidad desde gobierno aparece en la operación y protección del Cartel del Golfo en los recientes acontecimientos bajo la sombra del sureño. 

Aunque cambiaron los colores de gobierno se mantienen las mismas mafias en la procuraduría, las conspiraciones y traiciones en esta pelea por el control de las plazas en Nuevo León involucran a Braulio Sánchez en la ejecución de Armando Amador García, mando de la Agencia Estatal de Investigación asesinado de tres tiros cuando circulaba por la avenida Venustiano Carranza en el centro de Monterrey en septiembre del 2016.

El nombre de Braulio Yáñez salió a relucir en un conflicto entre integrantes del Cartel del Golfo que culminó con la ejecución de Gumersindo Gámez Villareal “comandante Águila” en los límites de Tamaulipas y Nuevo León en agosto del 2016.

Como fiscal No 2 favoreció a su camarilla desde donde se protegen con el manto de la impunidad de la procuraduría de justicia, basta recordar la omisión en el caso de Ángel Contreras Valle donde no puso a disposición el arma de fuego con que amenazo a ciudadanos en un incidente de transito cuando conducía bajos los influjos del alcohol en enero del 2005 y así sucesivamente la serie de ilícitos engrosan su expediente criminal.

La renuncia del procurador Roberto Flores Treviño en febrero del 2017 se dio en en el marco de la exposición de los vínculos entre delincuencia organizada y elementos en la dependencia de gobierno. Flores Treviño forma parte del grupo del sureño a quien dejo como enlace después de dimitir de su cargo en la administración del gobernador Jaime Rodriguez Calderón.

Detienen a 4 policías municipales por entregar un grupo de jóvenes a comando

marzo 16, 2017 // 0 Comentarios

Los agentes admitieron haber entregado a los detenidos al grupo armado, porque fueron presionados por los delincuentes a través de sus familias.


Los civiles habían sido detenidos por robo y momentos después entregados a delincuentes, indicó.

El funcionario expresó que los agentes serán puestos a disposición del Agente del Ministerio Público.

Sánchez Mendieta llamó a la ciudadanía a seguir realizando este tipo de denuncias para identificar a los elementos que trabajan fuera de la Ley.

En el video que está circulando desde la noche de ayer, y que difundió el Sol de Sinaloa y un grupo denominado Poder Antigandalla, se ve cuando los agentes tienen retenidos a un grupo de jóvenes, algunos de los cuales están esposados, cuando llegan hombres armados vestidos de civiles y portando armas largas, en al menos tres camionetas de lujo, y les quitan las esposas.

Posteriormente una camioneta blanca de modelo reciente se estaciona al frente, mientras llegan más hombres armados. En la siguiente escena se ve cuando los policías se retiran, sin los detenidos, y posteriormente el comando.

En narcomantas acusan a comisionado de Seguridad de Jalisco de recibir dinero del CJNG

febrero 22, 2017 // 0 Comentarios


GUADALAJARA, Jal.- Al menos cinco narcomantas firmadas por el Cártel Jalisco Nuevo Generación (CJNG), fueron colocadas en diferentes puntos de la ciudad, en las que acusan al comisionado de Seguridad Pública de la Fiscalía General, Raúl Alejandro Velázquez Ruiz, de recibir dinero y de incumplir.
Cuatro de las mantas fueron colocadas en el municipio de Zapopan: en la avenida López Mateos a la altura de Las Águilas, en Periférico y Mariano Otero, así como en Belenes y en el puente de las Fuentes. Mientras que en Tlajomulco en el punto conocido como Las Cuates, se colocó otra.
En una de las mantas colocada por López Mateos se lee: “Raúl Alejandro Velázquez Ruiz. Sigues mamando y ahora quieres más dinero, te pasas de verga y puto. Sigues haciendo lo que te da tu puta gana, pero con lo que te damos esta mas que suficiente culero. Nomas mira a tu pinche vieja en las redes sociales con relojes y mamada y media pero mira hijo de tu puta madre respeta lo que hablamos si no quieres que te lleve la verga junto con tu pinche vieja ratera y lucida asi que no salgas con tus mamadas y lo que te damos es mas que suficiente Puto y ponte las pilas (sic)”.
Prosigue: “quedmamos que no ibas a chingar Puto asi que no mames y cumpla con lo que hablamos de lo contrario pongase verga que le voy a tumbar a su gente por no cumplir con lo pactado perro asi que dile al puto de Almaguer (titular la Fiscalía del estado) que no se pase de listo que tambien el sabe como estamos el puto ese asi que pongase verga o nos vale madre y verga para los dos putos (sic)”.
Las mantas fueron removidas y remitidas a una agencia ministerial. La Fiscalía General no ha emitido postura al respecto.
No es la primera vez que se colocan narcomantas señalando a Velázquez Ruiz. A finales de diciembre se colgó una en que se señalaba al comisionado de seguridad pública de “agarrar feria” al Cártel de Sinaloa. Le advertían que se debía alinear y cumplir al CJNG puesto que ya había recibido dinero de su parte.

¿Quién protege al Cártel de Jalisco?

febrero 20, 2017 // 0 Comentarios

México.- Todo se salió otra vez de control. 2016 fue el año más violento para Tijuana en una década. Si en 2012 la seguridad parecía estar de vuelta en la entidad —ese año se registraron únicamente 270 homicidios—, el año pasado la cifra se disparó. Solo entre enero y octubre se contabilizaron 678 asesinatos.

Tijuana es un territorio que se disputan desde hace años el Cártel de Sinaloa y lo que queda de la organización de los hermanos Arellano Félix.

Un nuevo elemento se agregó, sin embargo, al coctel de violencia.

A partir de abril de 2015, en las calles de la ciudad, comenzaron a aparecer narcomantas vinculadas con un tercer grupo criminal: el Cártel Jalisco Nueva Generación, CJNG.

Lo que hasta entonces había parecido como la pugna “histórica” entre vendedores de droga de dos cárteles —“ordenan un asesinato porque otro narcomenudista se cruzó una cuadra”, declaró un funcionario de seguridad en ese tiempo— se reveló entonces como la llegada a la frontera del cártel más poderoso de este sexenio: el que dirige Nemesio Oseguera, El Mencho, con los hermanos González Valencia (conocidos como Los Cuinis).

En mayo del año pasado, el Ejército logró la detención de un hombre llamado Pedro Stanley Herrera Jelinek, alias El Peter. La información que puso en manos de las autoridades confirmó que el CJNG se hallaba detrás del repunte registrado en las ejecuciones. En esos días se habló por primera vez del Cártel Tijuana Nueva Generación.

La DEA ha advertido que el CJNG ha logrado apropiarse de muchos de los mercados y las rutas de trasiego que antes pertenecieron a La Familia Michoacana, Los Zetas, Los Caballeros Templarios y los hermanos Beltrán Leyva.

Reportes de inteligencia del gobierno federal confirman que ahora ha tomado posesión de una parte de Tijuana, y se extiende hacia Ensenada, Tecate y Playas de Rosarito.

Declaraciones de sicarios y operadores aprehendidos en la entidad señalan que el CJNG pactó con los Arellano Félix, “quienes se encuentran debilitados”, para lanzarse en grupo en contra del viejo cártel de El Chapo. Autoridades estatales consideran que el 80 por ciento de los homicidios cometidos en Tijuana el año pasado podrían ser producto de esta alianza: la que tiene como fin arrancar Baja California al Cártel del Pacífico.

El proveedor más activo de drogas a los Estados Unidos, de acuerdo con fuentes del gobierno federal, sigue siendo el Cártel de Sinaloa.

El grupo de Jalisco, sin embargo, está empeñado en cambiar las cosas. Desde hace dos años inició una estrategia de expansión que, según la DEA, está relacionada con la detención de líderes de otras organizaciones: cada que un jefe criminal es detenido o abatido, el CJNG mete la mano en su territorio. La estrategia consiste en explotar las debilidades de los rivales y establecer alianzas de “conveniencia” que faciliten su propósito.

De acuerdo con información de la PGR, durante 2016 el CJNG registró presencia en 15 estados: Colima, Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Morelos, Estado de México, Nuevo León, Puebla, San Luis Potosí, Quintana Roo, Tamaulipas, Veracruz y las dos Baja California.

Se apoderó primero de la mayor parte del litoral del Pacífico, debido a la importancia que sus puertos representan para el arribo de precursores químicos procedentes de Asia y de cargamentos de cocaína que provienen de países sudamericanos.

Desbarató luego a Los Zetas de Veracruz, para tener una línea de salida que le permitiera exportar drogas a Europa. En alianza con el Cártel del Golfo fue ganando posiciones en la costa este de México, y ahora tiene en la mira el control total de la frontera.

Su alianza con el Cártel del Golfo le garantizó el paso por Tamaulipas y Nuevo León. Su alianza con los Arellano Félix le ha dejado franca la ruta por el occidente de México.

En su edición de la semana pasada, en un reportaje de J. Jesús Esquivel, Proceso reprodujo declaraciones del agente especial de la DEA, William R. Glaspy, para quien el CJNG ha comenzado a disputarle al Cártel de Sinaloa el corredor de drogas Juárez-El Paso.

De acuerdo con Glaspy, la llegada del cártel tomó a la DEA por sorpresa. Sin embargo, se han verificado arrestos y confiscaciones relacionados con ese grupo.

El Pacífico, el Golfo y la frontera: todo en unos meses.

La única explicación posible es que alguien protege al Cártel Jalisco.

CAEN 5 FEDERALES de la DIVISION de INVESTIGACION DEDICADOS al SECUESTRO

febrero 18, 2017 // 0 Comentarios

Cinco presuntos policías federales, quienes mantenían privado de la libertad a un hombre, fueron detenidos durante un operativo en Tlalnepantla.

Fueron identificados como Daniel, de 29 años; Óscar, de 31; Rafael, de 30; Óscar Eduardo, de 31; y Juan Carlos, de 36, supuestamente adscritos a la división de Investigación de la Policía Federal (PF).

Los presuntos agentes federales viajaban a bordo de un vehículo Aveo guinda y de un Fusion negro, cuando fueron detenidos por elementos municipales, estatales y de la Fiscalía mexiquense en una revisión de rutina, informó la Alcaldía mediante un comunicado.

Los detenidos portaban cinco identificaciones y cuatro placas metálicas de la PF, así como 5 armas cortas calibre 9mm con 11 cargadores abastecidos; dos armas largas AR 15 calibre 223 con 3 cargadores y 40 cartuchos.

También les fueron encontrados un revolver marca Smith y Wesson calibre .38 con 6 cartuchos y un arma calibre .38 especial con 6 cartuchos.

Además se les aseguraron 228 envoltorios con polvo blanco, 27 bolsas que contenían material con características de la marihuana, 7 celulares, 2 juegos de candado de mano y 2 dispositivos PSP.

Los detenidos fueron trasladados con las autoridades correspondientes, quienes determinarán su presunta responsabilidad en los delitos de extorsión, abuso de autoridad y privación ilegal de la libertad.

El Juez del Narco liberó a “El Nalgón”, 15 días antes dejó libre a jefe de Los Viagras en Numarán

febrero 17, 2017 // 0 Comentarios

ZAMORA, Mich.- El Juez de control Mauricio Wilfrido Cruz Navarrete, quien por considerar que su detención fue ilegal, dejó en libertad a Juan Manuel V., El Nalgón, presunto jefe de plaza en el municipio de Tingüindín, 15 días antes, el 31 de enero, ordenó la libertad de Juvenal Pimentel El Kilo, presunto jefe de Los Viagras en Numarán, Michoacán.

Investigaciones realizadas por Proceso indican que el juez dejó libre a El Kilo, quien había disparado a policías, pero reclasificó el delito de tentativa de homicidio a lesiones en grado de tentativa, con el argumento de que no disparó con la intención de privarlos de la vida; sin embargo, a Juvenal le cayó otra orden de aprehensión y volvió a la cárcel.

Informes de las autoridades señalan que El Kilo, fue aprehendido en Numarán el 24 de enero, cuando se le encontraron en su poder de armas de diferentes calibres, lanzagranadas y municiones.

Juvenal Pimentel, de 33 años de edad, y cuya zona de operación es en los límites de Michoacán y Guanajuato, fue detenido por agentes policiacos que realizaban un recorrido de vigilancia en calles, luego de que el conductor de una camioneta tipo Honda, CRV, con placas de Querétaro, comenzó a disparar a los efectivos, desatándose una persecución y balacera que culminó con la detención del sospechoso.

Al indiciado le fueron aseguradas un arma calibre 7.62, una pistola .45milímetros, cuatro cargadores, 128 cartuchos útiles y dos lanzagranadas calibre .37.

El juez Cruz Navarrete ha sido un funcionario público problemático, al grado de que el Supremo Tribunal de Justicia del Estado lo dio de baja, pero al ganar un amparo “nos obligaron a volver a incluirlo en el sistema judicial”, dijo una fuente.

"Chupamela y di que trabajas para ‘Los Zetas’ o te va peor perra", Torturadas por la Marina y el Ejercito

febrero 15, 2017 // 0 Comentarios

En este ocasión se relataran de viva voz los relatos de 4 mujeres que fueron acusadas de pertenecer al Cartel de Los Zetas, de un momento a otro no se imaginaron como cambiaría su vida y relatan como fueron cruelmente torturadas por la Marina y el Ejercito para aceptar diversos delitos que aseguran no cometieron. 


Éste es uno los testimonios que hemos recopilado entre gente metida contra el Narco que forman parte de Los Narco Relatos un proyecto que recopila las historias que se cuentan a diario en México son las huellas que a dejado la guerra contra el narcotrafico y que damos testimonio aquí. En esta ocasión lo acompañamos de nombres reales, los lugares en los que sucedieron los hechos son especificos y lo he acompañado de mi definición de estos lamentables hechos.

Narcoviolencia-Cuatro mujeres están a punto de ser torturadas. Una está c*giendo frenéticamente en un motel. La otra baila en la pista de un bar. La tercera duerme en bikini sobre la cama de un completo desconocido, y la última se está colocando una toalla sanitaria en el baño de su casa. A juzgar por su estado de ánimo no tienen ni put@ idea de que sus vidas están a punto de convertirse en una furiosa y asustada alarma antiaérea. En los próximos cinco minutos las van a condenar por pertenecer al cártel de la última letra: Los Zetas.

KRISZTINA KIRÁLY

Cuando estaba sentada en el sillón de mi casa y miraba en la televisión de mi recámara violencia en Latinoamérica, siempre era Colombia el escenario donde corrían las balas y la sangre, pero no México, adonde vine desde Hungría, buscando superar la crisis económica. Pero las cosas salieron de la chingada, terminé recluida en el Cereso Femenil de Mexicali acusada de pertenecer al cártel de Los Zetas.

Más que los muertos que he visto colgados en los puentes vehiculares a lo largo y ancho del país me sorprendió lo paradisiaco de las playas oaxaqueñas y sobre todo, la disposición que tienen los mexicanos para convertir en festejo cualquier trivialidad. De las drogas sé poco, por mera recreación he probado mariguana y cocaína. Las tachas y el éxtasis nunca, porque diez años atrás, cuando salí de Europa Oriental, apenas comenzaban a ser las invitadas indispensables de las fiestas.

Mis compañeras me dicen que me parezco a las gitanas que caminan en los centros comerciales de Mexicali, buscando a quién leerle la mano por 30 pesos. Me cuesta trabajo ubicar acentos en las palabras. Mi “mama” era enfermera de hospital y mi “papa” policía, allá en mi aldea natal de no más de 2,100 habitantes, Taktaszada, junto a la frontera con Eslovaquia.

El motivo de mi detención es por delincuencia organizada, según me dicen es por droga. Tengo aquí en Mexicali casi dos años y medio.

Llegué a trabajar al Distrito Federal hace casi nueve años. Fui edecán, dama de compañía y bailarina exótica en fiestas. En Hungría trabajaba en la empresa Nestlé, pero no me alcanzaba el dinero y después me quedé sin trabajo. El esposo de una amiga de allá en Hungría, me dijo que me podía conseguir trabajo en México en un centro nocturno. Acepté, viajé y comencé a trabajar en Solid Gold; no es un table dance cualquiera, es un elegante restaurante, es más, teníamos que usar vestido de noche y muchas veces sólo platicábamos, no fichábamos. Ahí está lleno de mujeres checas y húngaras. Los clientes pueden cenarse un filete en un privado mientras alguna chica le baila desnuda.

Estaba en Puerto Escondido, después de estar en el Distrito Federal me había ido a vivir allá. El día que me detuvieron me habían contratado para dar un show a una persona que cumplía años. Me contrataron de 12 de la noche a 12 del día, pero como a las cuatro me dio sueño, me fui a dormir un rato y les dije que si me ocupaban para algo que me levantaran. Como a las nueve de la mañana entró el Ejército rompiendo puertas y nos detuvieron a todos. Nunca me preguntaron nada, ni cómo me llamaba, ni de dónde era, ni qué estaba haciendo ahí, sólo me esposaron y me subieron a un camión.

Fui torturada. Me pegaron con los puños en la nuca. Me pegaron en todo el cuerpo hasta que se aburrieron. Y me descargaron 200 voltios de electricidad en todo el cuerpo. Después de horas de golpes e interrogatorio pedí agua. En respuesta me acostaron, me metieron un embudo de plástico en la boca, me vaciaron varios litros de agua de la llave y me pegaron con los puños en el estómago. Pensé que estallaría. No supe si me torturaron militares o policías, porque siempre tuve tapados los ojos.

Tengo una niña de dos años que se quedó en Puerto Escondido con su papá, un arquitecto con el que viví dos años. No tengo familia en México y nadie me visita; a veces mi familia me manda dinero o mis amigos, pero no siempre. Es difícil. Algunas chicas de mi pasillo me ayudan con cosas personales como papel de baño, jabón o quince pesos de tarjeta de teléfono para llamar y preguntar cómo está mi hija, eso porque las ayudo con la talacha o lavo su ropa. Es difícil estar en la cárcel cuando eres extranjero.

Aparte de la libertad, lo que más extraño es comer bien, cocinar. A mí me encanta la gastronomía, me gusta mucho la comida mexicana, el mole poblano, la sopa azteca, el picante. Aquí en la cárcel mi comida favorita son los chilaquiles. Nunca pensé extrañar tanto a mi familia y a mi hija, nunca pensé separarme de ella.

También extraño la música. Me gusta mucho la música clásica, el sonido del piano y del violín. La única música que escucho aquí en la celda es la de la televisión. Cuando le estamos cambiando de canal y en alguno hay música, ahí le dejamos y todas las compañeras bailamos y cantamos. Me gusta la música de mariachi. En Hungría nunca la había escuchado. La banda sinaloense se parece en algunos sonidos a la música de las bandas de Alemania y del bosque donde vivía, me gusta.

Mi embajada supo que me detuvieron después de muchos días. Cuando me detuvieron lo primero que tenían que hacer los militares era comunicarse con mi embajada. Hasta que estaba arraigada en la PGR, en el Distrito Federal, me dejaron comunicarme con la embajada de mi país; ellos me llevaron ropa interior y cosas personales que necesitaba. Mi caso se está llevando en Tamaulipas, aunque me detuvieron en Oaxaca y yo estoy aquí en Mexicali. Mi abogado, que está en Matamoros, piensa que este año salgo. No tienen de qué acusarme, yo nomás estaba haciendo mi show, no conocía a las personas que dicen que eran de Los Zetas. Nunca miré drogas, ni armas en la casa donde me contrataron. La casa tenía alberca, pero no era muy lujosa.
Aquí en la cárcel hay muchas que son inocentes, como en mi caso. Casi siempre el novio o el esposo las metió en problemas y ellas ni sabían. Muchas se declararon culpables de delitos que desconocían, pero porque las torturaron. Me acuerdo que cuando llegué a México y estaba el presidente Vicente Fox no había tanta violencia. Cuando entró Felipe Calderón todo se puso muy violento. Una vez estaba en La Costera de Acapulco y se soltó una balacera tan fea que era como la guerra; mis amigas empezaron a temblar y yo las tiré al suelo y nos arrastramos por la banqueta, inmediatamente nos regresamos al DF.

Un día en la cárcel comienza con las arrastradas (ollas) para comer, llegan a las 6:30 am, a esa hora desayunamos y limpiamos las celdas. Después, yo por ejemplo, y todas las que somos trasladadas de otros estados sólo podemos salir al patio los lunes una hora, todos los demás días estamos encerradas las 24 horas. En mi celda éramos 18 sólo que hace dos meses se llevaron a seis a Nayarit. Todas las que estamos por delitos federales podemos ser trasladadas a otras cárceles de México; las que son de Mexicali son las que pueden ir a clases, a la iglesia y salir al patio dos horas a la semana.

En el penal está prohibido el uso de maquillaje, pero hemos aprendido a maquillarnos con la tinta de las páginas de revistas que remojamos en agua, usando colores de madera, plumones y grenetina, eso es lo que podemos usar. Por ejemplo, los labios los pintamos con grenetina de fresa. No es agradable estar aquí. Quisiera que mi papá leyera esto, pero no me acuerdo de su correo. Ojalá hubiera más deporte aquí, nunca nos movemos y ya me duelen los huesos.

JACQUELINE CERVANTES

Estoy acusada y asustada, pero ya no lloro, no le veo el caso. Estoy presa por delincuencia organizada y violación a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, en las modalidades de portación de arma de fuego de uso exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza Aérea. No me han sentenciado, mi proceso sigue abierto. Me acusan de pertenecer a una célula de Los Zetas.

Me apodan Güera. Soy de Tula, Hidalgo. Nunca pensé que acabaría tan lejos de casa. Allá me dedicaba al comercio. Vendía pollo asado, dulces, zapatos y lo que se me atravesara. Tengo 29 años. Llegué a Mexicali el 18 de julio de 2011.

Cuando me sacaron del Centro Nacional de Arraigos de la PGR y me subieron al avión de la Policía Federal para traerme a la frontera, pensé que me iba a desmayar, nunca me había subido a uno, pero no pasó nada, siempre estuve despierta. Pero antes te voy a contar no de cuando me fui si no de cuando llegué ahí. Me acuerdo que los marinos nos dijeron: “Bienvenidos al VIP arraigo”, y se rieron.

La vigilancia era las 24 horas del día. Es como estar en un hotel, pero con rejas en las puertas. Dependiendo del delito es el color de la camiseta. A mí, que iba por delincuencia organizada, me tocó el color amarillo. A los que están por lavado de dinero les toca el verde. Color rojo es por secuestro. Naranja por terrorismo. A los de trata de personas y venta de órganos les toca camiseta blanca. Y morado es por fraude bancario por internet y extorsión.

Hasta el cuarto día de arraigo pude comunicarme con mi hermana y avisarle dónde estaba. El teléfono para comunicarme me lo prestaron desde el primer día, pero con tanto golpe y el estrés de la detención, se me borró la memoria y no recordaba ningún número de mi familia. El único que recordaba era el de la casa de mi mamá donde yo estaba viviendo, pero ella había muerto hacía dos meses y pues no había quién lo contestara.

Mi piso era el cuarto y la habitación la 414. Aprendí a realizar papiroflexia; muchos de los internos saben hacerlo porque Zhenli Ye Gon, un empresario chino que ahí estuvo arraigado, les enseñó y dejó la tradición. Me dijeron que en el piso donde pasé 80 días también estuvo detenido el cantante Ramón Ayala y en la de la habitación de al lado, el conjunto de música norteña Los Cadetes de Linares. Y alguna vez Daniel Arizmendi, El Mocharoejas.

¿Que cómo fue mi aprehensión? Ahí te va. Una semana después de que la policía del estado de Hidalgo capturó a una célula zeta, tres comandantes de plaza se pusieron de acuerdo para darles un escarmiento a los policías y cocieron a balazos una agencia del ministerio público de Tula. Mataron a un agente, a una secretaria y a un señor que iba pasando. Una semana después agarraron a un grupo como de treinta zetas que eran sicarios, estacas y halcones. Les decomisaron una bazuca, varios AK-47 y R-15, granadas y como dos mil balas.

La tarde en que me detuvieron había dejado encargados a mis hijos con mi hermana porque me tenía que ir a trabajar al tianguis donde vendía ropa, pero como se me habían olvidado mis toallas sanitarias y mis cigarros me regresé a mi casa. Cuando llegué miré que en un auto color plomo estaba un hombre de lentes y bigote espeso, muy serio. Como ya me andaba por entrar al baño lo hice y no había pasado ni un minuto cuando escuché que están tocaban la puerta como si quisieran derribarla.

No me apresuré a terminar lo que estaba haciendo, pensé: Que me esperen si tanto les urge. Salí del baño, me dirigía a la sala para abrir la puerta cuando de repente la madera voló en pedazos, imaginé que la habían estallado con explosivos. Apenas y entendía lo que estaba sucediendo cuando entraron dos hombres encapuchados apuntándome al rostro con unas metralletas. Les pregunté “¿Qué se les ofrece?” y me agarraron de las greñas y me sacaron a la calle. Ahí empecé a entender que eran policías porque había como otras 30 personas armadas y uno de ellos me dijo con voz fuerte, como de militar: “Agáchate, hija de tu puta madre”.

Me cubrieron el rostro con una camiseta y me volvieron a meter a la casa. Me aventaron a una silla y encima de mí se sentó en mis piernas un policía federal apuntándome con su arma y en la nuca me apuntaba otro, no podía ver pero escuchaba que cortaban cartucho y me pegaban con el cañón en la cabeza. Pensé en la muerte y en mis tres hijos, todo junto en una imagen, todo revuelto. Recordé sus uniformes de la escuela, los anuncios de cereales de la televisión y el día en que uno de ellos se rompió un brazo al caerse de un columpio. Pensé en mi madre que acababa de morir y en el día que me alivié del más pequeño.

Comenzaron a interrogarme, me decían que si cooperaba no me pasaría nada. Les dije mi nombre, mi dirección, mi oficio. Sólo pensaba en que me iban a matar. Uno de ellos me dijo: “Mira, pinche güerita, no creas que por ser mujer te vamos a tener consideraciones”. Cómo cambian las cosas. Veinte minutos atrás yo estaba fumándome un cigarro, pensando en lo hermoso que era ser mamá y ahora estaba golpeada, con los nervios a punto de estallar y encadenada con unos grilletes de pies y manos.

Siguieron haciéndome preguntas, pero ya no sabía qué contestar. Escuché que dijeron: “Ahorita te vamos a ayudar a que recuerdes”. Me empezaron a golpear con el puño en la nuca y en la espalda, muchas veces, aparte, me agarraban las nalgas. Me sacaron de la casa y me subieron a una camioneta. Me preguntaban si portaba algún tipo de arma. Se me hizo ridícula la pregunta, no llevaba ni bolsa, pero todo era para tocarme los senos con el pretexto de que buscaban una navaja.

La camioneta se detuvo de repente, se escuchaba un eco e imaginé que habíamos llegado a un almacén. Me arrastraron a una especie de celda en donde lo único que podía ver eran zapatos y pies descalzos. A unos metros de donde estaba se podía escuchar que golpeaban a una persona que gritaba mucho. Me asusté y sólo se me ocurrió sentarme en el suelo y hacerme bolita, apenas lo había hecho comenzaron a patearme la cabeza diciéndome: “Párate bien, pendeja, aquí no es un hotel”.

Cada media hora me metían a un cuarto y me pedían que cooperara. Siempre estuve tapada de la cara y con cadenas en el cuerpo. Nunca tuve a un abogado, nunca leí la declaración que me hicieron firmar. Nada podía ser más humillante hasta que comenzó a bajarme el periodo. Cinco días sin poder cambiarme de ropa, sin saber por qué estaba en los separos de la Policía Federal. El sexto día, junto con otras personas, me sacaron de la celda y nos subieron a un rino, como le dicen a unos vehículos de policía que parecen tanques de guerra. Parecíamos sardinas, todos apretados. Nos dijeron que nos llevarían a Veracruz, pero nos llevaron a la Ciudad de México, lo supe porque cuando se me movió la venda de los ojos pude ver pasar una mancha naranja, como un tren, era el Metro.

Dos meses después de estar arraigada me dieron auto de formal prisión. Cuando llegué aquí al Cereso de Mexicali pesaba 87 kilos, ahora peso 52. Me siento peor de lo que debe sentirse un pájaro enjaulado. Estoy encerrada en una celda con 20 compañeras todo el día. A veces peleamos por el maquillaje porque casi no hay, o los ánimos se calientan, aunque a veces todas estamos tan deprimidas que solamente lloramos.

Aquí algunas de las custodias son lesbianas. El día que llegué lo primero que me pidieron fue que me desnudara y que hiciera 50 sentadillas, nunca entendí el motivo. He aprendido a valorar todo en la vida, desde el pedazo de piso donde duermo hasta un plato de frijoles o dos tortillas. Espero salir libre algún día, soy inocente, mi delito es haber tenido un amigo que sí trabajaba como halcón, pero yo no.

BERTHA TERESA

Sé que no estoy muerta porque engordé siete kilos ahora que estoy recluida. Salí a bailar y beber whisky acompañada de mi novio y mi hermano, y terminé a tres horas en avión de mi casa; de estar en Poza Rica, Veracruz, acabé en Mexicali.

Apenas iba comenzando una canción de cumbia colombiana cuando, en menos de lo que canta un gallo, abrieron la puerta del bar y entraron como veinte marinos armados con metralletas y encapuchados. Luego luego nos amenazaron con disparar si nos movíamos: “Marina Armada de México, tírense al piso, hijos de su puta madre”, nos dijeron; después nos gritaron que nos pusiéramos de rodillas y que cerráramos los ojos. Ahí comenzó la noche más larga de mi vida, una noche que todavía no termina. Lo último que vi antes de que me subieran al camión, me vendaran los ojos y me amarraran, es que éramos como 15 personas las detenidas Nadie me visita, mi familia sólo me habla por teléfono o me manda dinero. 

A mi niña la dejé de ver cuando ella tenía tres meses, por última vez la vi la primera navidad que pasé aquí. Casi me la tuvieron que arrancar de los brazos cuando la visita se terminó. Esta es mi historia narrada desde los patios del Cereso Femenil de Mexicali, el M15, como le decimos a esta área. Constantemente pienso en un plato de mariscos y una cerveza bien helada. ¿Qué pensarían mis antepasados, los totonacos, al verme tan lejos de casa?

Supongo que después de que nos sacaron del bar nos llevaron a las instalaciones de la Marina; nunca vi nada porque siempre estuve vendada de los ojos. Los marinos me robaron mis joyas, intentaron violarme, me dieron descargas eléctricas en todo el cuerpo y me metieron en una celda del tamaño de una casa para perro en donde me dieron de comer en el piso. Toda la noche escuché golpes y gritos que me llenaban de terror. A cada rato me preguntaban mi nombre, mi dirección y a qué me dedicaba.

Pasaron las primeras ocho horas, comenzaba a amanecer cuando me sacaron de mi pequeña celda y me desvistieron; alcancé a escuchar a mi hermano que gritaba que no me hicieran nada. Me vistieron y me regresaron a la casa de perro. Sentí el calor del sol y supe que estaba amaneciendo, entonces escuché que sobrevolaban unos helicópteros y muchas voces de personas que bajaban de ellos.

Me llevaron de comer, pero como me negué me aventaron la comida al piso. Dos días después me sacaron arrastrando de mi jaula y a empujones me subieron a un helicóptero que estaba lleno de gente, no veía nada, pero sé que eran personas porque caí encima de varios cuerpos humanos. Nos bajaron del helicóptero y llegamos a otro lugar que siempre he pensado que era como un almacén. Todo lo que cuento lo digo desde la oscuridad. Nunca miré nada. Pensé que ya me soltarían, pero me llevaron a las oficinas de la PGR y me leyeron un parte informativo totalmente falso. Me acusaron de portar droga con fines de distribución, de pertenecer a una organización delictiva y haber robado mi propio vehículo.

Tres días después me permitieron hacer una llamada telefónica a mi casa. Me enteré que aprovechando los datos que di de mi domicilio a los de la Marina, ellos entraron a mi casa, golpearon a mis padres, se robaron dos televisiones, celulares, computadoras, la comida del refrigerador y hasta mataron a mis pericos que eran mis mascotas. Afortunadamente a mi hija de tres meses de nacida no le hicieron nada.

De un día a otro perdí a mi hija, a mi madre, mi trabajo. Estoy aquí sin justicia, presa, sin respuesta de nadie. Mi caso es como el de muchas compañeras, estamos recluidas por amor, aunque suene ridículo. Por un hombre terminamos presas. No sé si lo que se diga de mi novio sea verdad, pero poco me interesa a estas alturas. La única certeza que tengo es que a mi hermano y a mí nos arrebataron la vida. Es como si nos hubieran matado y siguiéramos vivos para vernos muertos. Somos inocentes.

Me llamo Bertha Teresa. Tengo 25 años. Estoy muy lejos de mi familia, cada que lo pienso me dan ganas de vomitar por la ansiedad. Ahora sé que fui detenida en un operativo donde arrestaron a 80 miembros de Los Zetas, entre ellos mi novio. Los acusan de secuestro, homicidio, clonación de tarjetas bancarias y robo de autos. Mi abogado, que antes era mi jefe en el despacho donde trabajaba, dice que puedo quedar en libertad de un momento a otro ya que los cargos que se me imputan se han desvaneciendo, y de tener delincuencia organizada sólo me queda posesión de droga. Soy inocente, simplemente estaba en el lugar equivocado. Han pasado casi cuatro años desde el 27 de agosto de 2011.


LAURA ISABEL

Estoy segura de que me sentenciarán a 70 años de prisión por delincuencia organizada, secuestro y venta de drogas. Apenas tengo 25 años. A mí y a mis compañeras se nos vincula con el cártel de la última letra, pero conmigo es diferente: Yo sí admito haber pertenecido a ese grupo. Lo único que no admito son los delitos que me achacan. Si bien es cierto que era jefa de un grupo de halcones, es decir, un grupo encargado de espiar a los militares para después comunicarle cada uno de sus movimientos a mis superiores, mi chamba hasta ahí llegaba, nunca secuestré ni maté a nadie, aunque sí vi algunos muertos en la cajuela de varios autos. Tengo dos años en esta prisión de Mexicali, y soy procedente del puerto de Veracruz.

Recuerdo la última mañana con mi esposo y mis dos hijas. Abro los ojos y sobre el buró, junto a mi cama, veo un recado que dice: “Mi amor, hoy es un día muy especial, gracias por compartir tu vida al lado de la mía. Te tengo una sorpresa. Besitos”. ¿Cómo pude ser tan distraída? Había olvidado nuestro aniversario.

Por ser un día especial mi esposo y yo habíamos decidido romper la rutina y pasar un momento a solas en algún motel. Así lo hicimos, para no tener que preocuparnos de que en cualquier momento alguna de nuestras pequeñas pudiera abrir la puerta y vernos. Tal vez fue la peor decisión que tomé en la vida. ¿Quién iba a pensar que estaba a punto de perder a mi familia, mi libertad?

Después de dos horas de estar en la habitación del motel escuché que abrieron la puerta eléctrica de la cochera del cuarto. Le pregunté a mi esposo si había pedido servicio a la habitación y me respondió que no, moviendo la cabeza. Nos quedamos en silencio y atentos, sabíamos que lo más probable era que tocaran la puerta.

De pronto vimos una luz blanca que se hacía más intensa, luego tocaron más fuerte y dijeron: “Somos las fuerzas especiales de la Armada”. Nos miramos el uno al otro sorprendidos, pensando: ¿De verdad dijeron eso?, ¿escuché mal? De nuevo tocaron con la misma rudeza, pero ahora dijeron: “¡Si no abren la puerta la tiramos”. Me vestí como pude, llena de miedo y corrí hasta la puerta para abrirla. Eran muchos soldados de la Marina con metralletas, lámparas y el rostro cubierto con pasamontañas, era como un sueño. “¿Pasa algo?”, les pregunté. “No, sólo es una revisión de rutina, identifíquense, nada más vamos a revisar la habitación”.

Sólo alcancé a decir que estaba bien, que pasaran. Cuando volteé a la derecha y vi que a mi esposo lo estaban golpeando, me asusté mucho y grité. Todo fue en vano, me vendaron los ojos y me ataron de las manos. Pensaba que probablemente no eran marinos por la forma en que me estaban tratando. A mí también comenzaron a golpearme sin parar. De repente me sacaron de la habitación y me subieron a un vehículo, pero a mi esposo no lo subieron conmigo. Mientras circulábamos en el vehículo, los marinos me preguntaban si mi esposo y yo trabajábamos para el crimen organizado. Ese trayecto fue el más incierto de mi vida. Llegamos a un lugar donde yo pensaba ingenuamente que me dejarían ir a mi casa, pero no, las cosas se pusieron más intensas; me golpearon cada vez más fuerte, me insultaron, pero sobre todo me torturaron psicológicamente. Me llené de pánico. 

Trataron de asfixiarme con una bolsa de plástico, me desmayé varias veces. Después me azotaron en las nalgas con un barrote de una forma muy cobarde, de igual manera mi hombro izquierdo, el dolor se hacía cada vez más intenso. Dejaron de golpearme, pero me pidieron que me despojara de toda mi ropa. Estando desnuda me ordenaron que entrara a la regadera y cuando estaba toda mojada sentí la primera descarga eléctrica.

Se reían de mi dolor, me pidieron que me vistiera después de haberme dado toques eléctricos hasta que se hartaron. Y todo porque no decía lo que ellos querían escuchar. A las horas llegó una persona que decía: “Habla, marrana, o voy a ir por tus hijas y les cortaré dedo por dedo hasta que me digas todo lo que sabes”. Ahí sentí que el mundo se derrumbaba sobre mi espalda. Ya me habían hecho tanto daño que obviamente creí que sí eran capaces de hacer tal atrocidad, aun así respondí: “Vaya a mi casa ahí están mi papás, revise todo lo que quiera y se va a dar cuenta que yo no soy lo que usted piensa”. Pero hicieron caso omiso, fueron constantes sus amenazas y groserías. A decir verdad, lo que ya me habían hecho no era nada comparado con lo que estaba por venir. Nuevamente me pidieron que me despojara del pantalón, dentro de mí me decía: Ahora sí seré ultrajada. 

Nunca imaginé la crueldad que tienen las autoridades y lo sádicas que pueden ser. No les bastó con todo lo que me hicieron, cuando me había quitado el pantalón me sujetaron con fuerza y me dieron toques en el área del recto; fueron tantas veces las que lo hicieron que perdí el conocimiento. Con toques eléctricos me desmayaban y con toques eléctricos me revivían.

Para cerrar con broche de oro los marinos me pasaban por la cara y la boca sus genitales, aparte de que me pegaban para que abriera la boca y se las chupara. Me tocaban el cuerpo de una forma tan horrible que me cuesta trabajo explicar lo que sentí. Así estuve en ese lugar tres días, sin comer, desangrada, adolorida, con la incertidumbre de no saber si estarían bien mis hijas; sin saber qué le habían hecho a mi esposo y con miedo de pensar que mi pobre madre estaría devastada por no saber de nosotros.

Presa del miedo y las circunstancias terminé aceptando todo. Hoy ya son sólo recuerdos que día a día se ensombrecen. Han pasado casi 3 años y medio desde que perdí a mi familia, no he vuelto a ver la carita de mis pequeñas desde aquel trágico día. Estoy pasando por un proceso interminable, acusada de delincuencia organizada y secuestro. De mi príncipe amor sólo sé que está más cerca de casa, encerrado en una cárcel de Coatzacoalcos, Veracruz. Mis pequeñas esperan ansiosas que sus papás regresen pronto. Soy de Veracruz y me trasladaron hasta Mexicali. Las posibilidades de recuperar mi libertad son pocas, pero tengo mucha esperanza. Aquí estoy viendo pasar el tiempo y anhelando tener sólo una vez más a mis pequeñas entre mis brazos.

Desde junio de 2011, el gobierno mexicano empezó a transferir mujeres acusadas de vínculos con el crimen organizado desde diversas regiones del país a la prisión femenil en Mexicali, Baja California. El programa se inició bajo la justificación de mejoramiento de infrastructura de las cárceles a nivel nacional, y ocurrió durante el punto más álgido de violencia de la llamada guerra contra el narco. 

Estas mujeres fueron alejadas de sus familias y sus abogados, dificultando su acceso a un juicio equitativo. Tres años después, muchas siguen presas en Mexicali, y varias siguen declarando que son inocentes. Cada una de las mujeres de este reportaje relata una serie de abusos y actos de tortura por parte de supuestos elementos armados de la Marina o el Ejército. 

Estos relatos son inéditos y no pertenecen a ninguna recomendación ni queja presentada ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Desde 2006, cuando se declaró la guerra al crimen organizado en México, las quejas levantadas ante la CNDH contra la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) o la Secretaría de la Marina han aumentado cada año. Tan solo entre 2007 y 2008, las denuncias registradas contra la Sedena pasaron de 362 a 1,224. En total, entre 2011 y 2013, la CNDH juntó 5,308 quejas contra elementos de estas dos ramas de las fuerzas armadas de México. De éstas, sólo 37 han logrado ser consignadas como denuncias contra autoridades civiles.
1 2 3 21