Historias del Narco2

La "Gente Nueva" los orígenes del Ejercito privado del Cártel de Sinaloa

febrero 16, 2017 // 0 Comentarios

Ahora que ya cayeron los lideres visibles y fundadores de la Gente Nueva como Noel Salgueiro Nevarez, El Flaco capturado en el 2011 y le siguieron con la captura de los demás hermanos como José Salgueiro Nevarez detenido en el 2012 y recientemente detenido este febrero del 2015 el ultimo hermano que quedaba Heriberto Salgueiro Nevarez, el brazo armado del cartel de Sinaloa se ve sin un líder visible ahora y con un futuro incierto, esto se suma a la supuesta muerte en 2013 de Jesús Gregorio Villanueva Rodríguez el R5 originario de Caitime  Sinaloa considerado el máximo líder del grupo de sicarios de La Gente Nueva, pero algunas versiones apuntan a que sigue vivo y operando y al mando de la GN, pero que es ahora de esta célula de sicarios del Cartel de Sinaloa.
El Flaco Salgueiro
Los sicarios de la Gente Nueva operan en la región del llamado Triangulo Dorado que comprenden las regiones de los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua, pero que también tienen presencia en la región de Sonora, en Chihuahua le pelean la plaza a la Línea del Cartel de Juarez, en el 2012 , la inteligencia estadounidense indicó que el cártel de Sinaloa y Gente Nueva habían salido victoriosos y relegado al cártel de Juárez a un segundo plano . El corredor de El Paso- Juárez es una vía lucrativa para los narcotraficantes porque la DEA estima que alrededor del 70 % de la cocaína que entra a Estados Unidos fluye a través de esa área ., tambien protegen las operaciones del cartel en la sierra del Triangulo Dorado donde hay grandes cultivaciones de Marihuana, así como la elaboración de metanfetaminas los sicarios de la Gente Nueva son los encargados de la seguridad de estas actividades y evitar la incursión de rivales como Los Zetas y de la gente del Chapo Isidro, los sicarios de la gente nueva han recibido mejor entrenamiento y son  más aptos para la batalla que el otro grupo  de sicarios de Los “Antrax”, los Antrax son mas famosos debido al mayor número de corridos que les han compuesto pero estos solo operan en la región de Sinaloa principalmente en Culiacán por lo que algunos piensan que la Gente Nueva es un grupo en extinción pero los Antrax nacieron como producto de la Gente Nueva, lo cierto es que aún siguen operando siguiendo las órdenes de Ivan y Alfredo Guzmán.

En plena guerra en el 2010 en Chihuahua se dieron a conocer mas a raíz de los vídeos que publicaban los sicarios de la Gente Nueva (Foto: Interrogatorio al hermano de la ex-procuradora de Chihuahua Patricia González quien fuera asesinado)

Sus orígenes se remontan por los años del 2007 y fueron creados para proteger el feudo del Cártel de Sinaloa en caso de que fuera arrestado o asesinado, Joaquín “El Chapo” quien ahora se encuentra preso supuestamente, Guzmán integró un ejército de sicarios dispuestos a jugarse la vida con tal de reservar el Pacífico mexicano como plaza del sinaloense.

Para ello creo la  “Gente Nueva”, creado en el año 2007 en Veracruz, México, como parte de la estrategia de militarización del grupo llamado La Federación Sinaloense, integrada por Guzmán, “El Mayo” Zambada y Juan José Esparragoza “El Azul” para hacerles frente ante la amenaza que representan los Zetas también compuestos por exmilitares.

Según la Agencia Antidrogas Estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés), “Gente Nueva” está integrada por, al menos, 5 mil elementos en todo el país que fueron entrenados como militares, policías federales, policías ministeriales, kaibiles (soldados de elite guatemaltecos) y agentes de seguridad privada que renunciaron a servir a su país para enrolarse en el bando criminal.

Son jóvenes de entre 20 y 30 años, sanguinarios, insensibles al dolor ajeno, propicios al sicariato y profundamente leales al “patrón”; amigos y familiares del líder del cártel sinaloense. Por semanas de acuerdo a lo dicho por integrantes capturados e interrogados por el gobierno se les entrenaba en Veracruz esto al menos en sus orígenes se desconoces si ahora los siguen entrenando en Veracruz dada la situación actual por lo que se cree que en la actualidad son entrenado en las sierra de Sinaloa, Durango y Chihuahua para que aprendan el arte de la Guerra y poder combatir a Los Zetas, Cártel de Juárez, La Línea, Los Aztecas– para luego desaparecerlos como acostumbran en ambos bandos ya que son acérrimos enemigos

Se mueven con uniformes militares, cubiertos de la cara con pasamontañas, armas de alto calibre que enseñan a bordo de camionetas blindadas y con cinta adhesiva que marca una “X” en las ventanillas. En ocasiones, pintan el nombre de su organización en las puertas y enseñan las mirillas de sus rifles a los civiles.

Su fundador, Noel Salguiero Nevarez, alias “El Flaco”, comenzó como aprendiz de “El Chapo” en 1995 en la sierra de Chihuahua, donde cuidaba que el trasiego de droga a Estados Unidos llegara a buen término. Su eficacia para el negocio y su actitud despiadada con los enemigos lo hicieron subir pronto en el organigrama del cártel, a tal grado que pronto fue el encargado de toda la entidad y se hizo lugarteniente del capo más buscado del mundo enh su momento.

Su liderazgo sobre sádicos jóvenes costó en 2008 la vida de más de mil 500 mexicanos en Ciudad Juárez, donde la gente de Guzmán Loera peleó por la “plaza” contra el Cártel del Golfo y Los Zetas cuando aún los zetas y el golfo eran un solo grupo. A ellos ordenaba degollar y dejar por todo el estado narcomensajes sobre el poderío de su jefe.

El 5 de octubre de 2011 en Culiacán, Sinalona, fue aprehendido “El Flaco” por personal del Ejército mexicano, cuando el Gobierno Federal ofrecía 3 millones de pesos por pistas que llevaran hasta su captura. En aquel momento, el gobierno del entonces presidente Felipe Calderón celebró su detención como si se tratara del fin de esta organización.

Pero aunque actualmente Noel Salguiero se encuentra recluido en un penal de máxima seguridad en Jalisco, “Gente Nueva” continúo como un grupo criminal ascendente en el territorio nacional: de controlar Sinaloa, Chihuahua y  Durango, ahora también tienen presencia en Tamaulipas, Veracruz y Jalisco en esta regiones solo se dedican al narcomenudeo y el tráfico de drogas vía por Tamaulipas, para pasar droga por Tamaulipas es necesario llevar escoltas esa es la tarea de la Gente Nueva encargarse que la droga llegue a su destino esto debido al fuerte control que tienen los zetas y el CDG en Tamaulipas.

Nancy, la secuestradora de Narcos, Sus favoritos, los del Cartel Arellano Félix

febrero 16, 2017 // 0 Comentarios

La primera vez que el apellido Tostado tomó relevancia fue en el año 2008, cuando autoridades de la Fiscalía bajacaliforniana colocaron un espectacular en una de las calles más transitadas de Tijuana, en el que se leía: “Eduardo González Tostado, secuestrador”.


Él era el testigo principal que llevó a la captura de Nancy, “La Secuestradora de Narcos”, quien con su belleza seducía a sus víctimas. Eduardo fue uno de los plagiados.

La valla de unos tres por cinco metros se erigía en la rampa de la colonia Buena Vista, una zona universitaria. Un hombre joven –probablemente treintañero– de pelo recortado, barba de candado y ojos chiquitos miraba de frente.

El anuncio de la Procuraduría General de Justicia Estatal (PGJE) duraría apenas unas horas: la mañana siguiente amaneció quemado; ni la cara de Tostado y otros secuestradores era reconocible.

Las autoridades judiciales no volvieron a imprimir sus rostros. Aunque para ese entonces, los ensenadenses que viajaban desde el puerto hasta la universidad habían identificado al hombre del cartelón.

Eduardo tenía 33 años, nació en Ensenada y era conocido por ser dueño de dos lotes de carros y una empresa de transporte en Chula Vista, en Estados Unidos.

En México, era propietario de los “Mariscos el Pacífico”, un restaurante recordado porque abandonaron tres tambos llenos de ácido con restos humanos en la puerta. En ese entonces los rumores entre ciudadanos eran de que González Tostado era un narcojunior.

Lo que se desconocía es que no podría ser detenido por autoridades mexicanas, pues se había convertido en testigo protegido de EU.

Un año antes fue secuestrado por una banda llamada “Los Palillos” y su declaración fue primordial para la captura de los integrantes de ese grupo criminal, donde destacaba la hermosa Nancy Mendoza.

Su cabello rizado impactaba: largo. Su rostro dejaba al descubierto unos ojos almendrados. Su nariz era respingada, sus cejas delgadas y sus labios carnosos. Pese a ser delgada, destacaban sus caderas y pechos exuberantes, que hacían parecer que tenían una cintura milimétrica.

Nancy Michelle Mendoza tenía 19 años de edad cuando comenzó a secuestrar sólo a narcotraficantes. Su belleza le valió un lugar en la organización criminal “Los Palillos”.

De acuerdo con información del Buró Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés), esta banda perteneció en alguna época al cártel de la droga de la familia Arellano Félix. El líder de “Los Palillos” era Jorge López Rojas.

La agencia estadounidense documenta que la guerra se suscitó cuando los Arellano mandaron a asesinar al hermano de López Rojas, por eso su principal objetivo fue crear una organización para secuestrar a todos aquellos “arellanistas” refugiados en San Diego y cobrar cuantiosas cantidades por su liberación.

De 2004 a 2007 se les vinculó a una ola de crímenes en la que secuestraron a 13 personas y nueve murieron. La fiscalía de California, en San Diego, determinó que Nancy participó en los plagios.

La joven estudiaba Derecho en la Universidad Autónoma de Baja California. Algunos compañeros de la facultad recuerdan que sólo llegó al tercer año de la carrera.

“La verdad nunca nos imaginamos que secuestraba narcotraficantes”, dice con asombro un ex alumno. Compañeros de la materia Penal 1 comentan que Nancy era ostentosa, le gustaba usar ropa de marca y bolsas de diseñador, aunque siempre argumentó que sus padres tenían dinero. No les sorprendió saber que fue novia de traficantes, “pero ¿secuestradora de narcos? ¡Eso nunca!”.

Trabajaba en una notaría por las tardes y en las noches le gustaba salir a bailar, y tomaba mucho, según sus compañeros.

De acuerdo con las autoridades estadounidenses, Nancy incursionó en el secuestro de narcos porque era novia de uno de los cabecillas de “Los Palillos”, Juan Francisco Estrada González. Hoy Nancy tiene 25 años y se convirtió en una de las mexicanas sentenciadas a doble cadena perpetua en EU. La tijuanense jamás saldrá de prisión ni cumplirá su sueño de ser abogada en México.

Los plagios

A Manuel López Núñez le decían “El Balas”, era un lugarteniente del cártel Arellano Félix en Tijuana. Autoridades al interior del Consejo de Seguridad Pública informaron que era el encargado de cruzar la droga hacia EU al grupo criminal. Fue probable que por eso en 2006 decidió enviar a su hijo a un lugar fuera de México: a San Diego.

Allá, su hijo Érick fue seducido por “La Secuestradora de Narcos”. Al salir de una fiesta, la joven informó a “Los Palillos” su paradero. Según reportan medios en San Diego, entregó al hijo del narcotraficante.

Meses después, con sus encantos, enamoró en EU a Jorge García Vázquez, un hombre de 58 años de edad, quien era el cuñado del “Chuy” Labra, consejero mayor del Cártel Arellano Félix.

Ese 2006, la joven calculó sus pasos: se inscribió a un gimnasio en Chula Vista, San Diego. El cuñado del narcotraficante Jesús Labra trabajaba de instructor en el lugar. Durante meses, Mendoza se dedicó a enamorarlo. Usaba ropa deportiva pegada, camisas escotadas y así lo conquistó. Según la fiscalía, por ello, se logró el secuestro.

Un trabajo bien planeado

Cuando Eduardo González Tostado conoció a Nancy, recuerda, en sus declaraciones judiciales, ella caminó directo hacia él y se veía muy bien; estaba sentado en un café de Chula Vista arreglando la venta de un “Jaguar” con David Valencia, un viejo amigo que lo contactó.

Según la transcripción de las audiencias preparatorias al juicio, sería el cumpleaños de su esposa y deseaba regalarle un carro de 40 mil dólares. “Va a venir una amiga”, primero le advirtió Valencia a González Tostado.

Desde ese día Valencia y Mendoza iniciaron el trabajo para secuestrar a Eduardo, a quien un año más tarde –revelaría la PGJE– era buscado por plagio. Nancy secuestraría al secuestrador.

A González Tostado lo impactó y le pidió su teléfono; unas cuantas llamadas por radio fueron suficientes para concretar una cita. “Vamos a la cantina de los remedios a Tijuana, pero primero tengo que ir a la casa de mi tía a cambiarme, recoger mi pasaporte y dejar mi carro”, dijo Nancy a Eduardo, quien aceptó.

Años más tarde, el mismo Eduardo declararía ante una corte que fue por una botella de coñac y un paquete de condones. Después llegó al número 1539 de la calle Point Dume, en Chula Vista, San Diego, donde supuestamente Nancy “vivía con su tía”.

El 8 de junio de 2007 apareció la bella Nancy. Eduardo recuerda que la mujer tomó las bolsas con botellas; acto seguido, sintió un golpe en la cabeza. Después todo fue confuso. “Alguien me agarró las piernas de atrás, y de la parte de enfrente dos personas venían corriendo, una de ellas llevaba una pistola y el otro estaba vestido de policía. Con chalecos negros, gorras y la cara tapada”, resalta en su declaración ante autoridades de Estados Unidos.

“Me tumbaron al piso, me dieron choques eléctricos en la parte baja de la espalda y me ataron; ya no me podía mover. Defequé y me oriné. Me ‘enteiparon’ –palabra que usó para describir que lo cubrieron con cinta adhesiva– y pusieron una toalla en la cabeza”. Después del trajín de su captura escuchó un “ya te tenemos, ¿no que muy chingón?”, señala.

“Le llamaron a mi esposa y le dijeron: ‘mira, pinche vieja, si quieres volver a ver a tu esposo o si no quieres que te lo mande en pedazos más te vale que contestes el teléfono’”. Todo continuaba confuso para Eduardo hasta que escuchó que a un hombre dijo “ya te puedes ir”. Ahí Tostado González entendió que Nancy Mendoza planeó su secuestro.

“Los Palillos” solicitaron un rescate de un millón de dólares, pero la esposa de Eduardo logró reunir sólo 193 mil 900 dólares. Para no correr riesgos, lo primero que hizo la familia fue contactar al FBI; agentes pusieron en el maletín del dinero un dispositivo de rastreo.

Fue así como el 16 de junio de 2007, luego de siete días se secuestró, amarrado a unas escaleras, el FBI logró la captura de “Los Palillos” y la liberación de Tostado. Nancy logró salir de Estados Unidos; sin embargo, en 2010 fue aprendida en Tijuana y más tarde trasladada al penal Santa Martha Acatitla.

Según la Procuraduría General de la República (PGR), debía ser extraditada a EU bajo el móvil de “mujer que gustaba de relacionarse con hombres casados invitando a sus víctimas a pasar a su casa, donde sus cómplices los golpeaban o bien para torturarlos con descargas eléctricas con pistolas de electrochoques”. Nancy obtuvo ganancias de hasta 15 mil dólares por secuestro.

Mientras que Eduardo, pese a los cargos por delincuencia organizada en México, consiguió ser testigo protegido a cambio de entregar a Nancy y “Los Palillos”, quienes enfrentan condenas de cadena perpetua y pena de muerte.

Abel Galván, subprocurador contra la Delincuencia en Baja California, dice que son respetuosos de las autoridades estadounidenses, aunque acepta que el nombre de González Tostado aparece en los expedientes mexicanos y hacen mención como miembro del cártel Arellano.

“Cuenta con un mandamiento judicial activo, ese es su antecedente”. Eduardo goza de la libertad, mientras que Nancy el 2 de septiembre fue condenada en EU a dos cadenas perpetuas por dos cargos de secuestro con extorsión.

“No venimos a pelear, soy el VEINTE, solo queremos llevarnos las armas y a los plebes, “Váyanse a la verg….@ de aquí” contesto el Comandante

febrero 16, 2017 // 0 Comentarios

Una petición de alcoba

Pero en la esquina donde se produjo el enfrentamiento las cosas no se habían calmado. Varios jefes policiacos hicieron acto de presencia en pocos minutos, entre ellos el coordinador de Investigaciones de la Policía Ministerial, Martiniano Vizcarra. Aquello se había llenado de policías, sobre todo municipales y de la Ministerial.

Un agente que estuvo en el lugar narró que ya que había pasado la balacera y privaba todavía el desconcierto, cuando arribaron al lugar varias camionetas con hombres armados. Uno de ellos, joven y bien vestido, se bajó y se dirigió al comandante Martiniano Vizcarra. Pidió que se bajaran las armas.

“No venimos a pelear —habría dicho—, soy el Veinte, gente de ‘los menores’… solo queremos llevarnos las armas y a los plebes”.

Martiniano Vizcarra —narró el policía—, lo miró y le dijo: “Váyanse a la verga de aquí”.

“Está bien, jefe”, habría sido la respuesta del que había llegado, para luego retirarse con su gente.
La retirada
En pocos minutos aquello se convirtió en un infierno azul. Policías de todas las corporaciones se movían de un lado a otro pero nadie sabía —al menos eso decían— lo que estaba ocurriendo. Ni los jefes. Carlos Héctor Ochoa Polanco, jefe de la policía municipal de Culiacán, dijo desconocer a qué corporación se habían enfrentado los sicarios, cuando fueron patrullas municipales quienes se atravesaron al paso del comando.

Pero así como llegaban, muchos agentes y patrullas pusieron tierra de por medio. Cuando todavía saltaban pedazos de metal de la carrocería ametrallada y no se disipaba el olor de la pólvora, varias patullas se retiraron del lugar.

Se dieron cuenta del peligro o recibieron órdenes, el caso es que muchos agentes que se supone debían estar de refuerzos en el lugar de los hechos, mejor optaron por alejarse.

Cuando Ochoa Polanco llegó, los tres gatilleros ya habían sido llevados, por policías a su mando, a la clínica privada Cemsi Chapultepec, para que fueran atendidos.

Adentro de la camioneta se encontraron dos fusiles, un AR-15 con accesorio para lanzar granadas y un AK 47, pertrechos, un radio y cargadores, uno de disco. Abajo estaban dos chalecos antibalas destrozados.

“No hay detenidos”: Martín Robles
Por eso extrañó la declaración del subprocurador de justicia, Martín Robles Armenta, cuando, al día siguiente, informó a algunos medios que no hubo personas detenidas.

“Ahí se dio una persecución por parte de agentes de policía ministerial, después se incorporaron otras corporaciones policíacas, hubo un enfrentamiento, hubo una camioneta Escape abandonada…

“Se aseguraron dos armas largas, una arma corta y otros aditamentos tácticos. Se le dio seguimiento al asunto ese, tuvimos el reporte de dos personas lesionadas que ingresaron a una clínica y al momento de constituirse las autoridades ahí, no fueron localizados”.

Eso dijo. Nunca que los sicarios habían sido llevados a la clínica por la misma policía.

Todavía el viernes, el propio procurador de justicia, Marco Antonio Higuera Gómez, confirmó la postura y solo dijo que uno de los heridos ya estaba identificado, aunque no dio a conocer el nombre.
Al día siguiente de los hechos, se le preguntó al jefe de prensa de la Procuraduría de Justicia, Guadalupe Martínez, por los detenidos. Hasta dónde sé, dijo, no hay detenidos. Se le comentó que Ríodoce registró la detención de tres, basado en testimonios de los vecinos. “En estos casos nunca hay detenidos”, dijo.

Ana María, un misterio 

Aunque todo empezó con el secuestro de Ana María Sánchez, las autoridades no hablaron mucho de ella. El “levantón” fue reportado desde la misma mañana en que ocurrió y desde ese momento el C-4 se puso a buscar la unidad.

Se dijo, en el lugar de la balacera, que a ella la traían en un auto compacto, pero esto no fue confirmado.

El jueves, su esposo solicitó, a través de redes sociales, información que pudiera servir para su localización. Por la tarde del jueves, informó que su esposa ya estaba en casa. No dio detalles de cómo llegó o dónde fue liberada.

Sobre los móviles del ataque, se ha guardado el más absoluto silencio.

"Cure a una Halcona a la que le abrieron las nalgas", "Así de fácil ya me embarqué, ya valí verga, ya soy Zeta"

febrero 12, 2017 // 0 Comentarios

Sonará feo, pero me convertí en perro fiel del jefe, en algo más que un simple halcón que vigilaba y reportaba los operativos policiales y militares. Ese trabajo lo hacen taxistas, paleteros, despachadores de gasolina, agentes de tránsito, boleros, vendedores de piratería o cualquiera que trabaje o deambule en la vía pública. Cuando andas en este tipo de actividad tienes que relacionarte con mucha gente para no levantar sospechas. Tienes que hacer relaciones para tener siempre un lugar donde perder el tiempo mientras vigilas. En las mañana me iba a un lugar donde venden pulque y me quedaba tres horas platicando; o me iba con unos amigos que trabajaban en una gasolinera, o a sentar al monte para vigilar desde ahí. En la noche me metía a un bar, y así me la llevaba hasta que se hiciera una jornada de trabajo; son tres turnos por cada 24 horas. Cuando me castigaban me mandaban a halconear al panteón, porque sabían que le tengo mucho miedo a los cementerios.


Hidalgo es de los Zetas. Del “Señor” (Heriberto Lazcano). Hizo una iglesia muy grandota en Pachuca: la de San Juan de los Lagos. Su casa colinda con el cuartel militar. Ahí hace unas fiestas muy grandes el 2 de febrero; a las que he ido, pero para ser sincera no lo he visto en persona. “La última letra” controla el penal y a la policía municipal y estatal. Hace dos meses hablé por teléfono con una persona que me dijo que la fiesta se había hecho igual que siempre; lo que me hace pensar que si El Señor estuviera muerto no hubiera habido festejo.

El primer año que yo fui a una de esas fiestas fue en 2008. Llevaba dinero para pagar la entrada y la cerveza, y mi amiga con la que iba me dijo: “Guarda tu dinero, aquí vas a tomar hasta decir basta”. Pregunté de quién era la fiesta y me dijo que de una persona muy importante, muy pesada; pensé que se trataba de un político que en ese tiempo estaba de candidato. A la mitad del festejo se apagó la música y el del sonido nos pidió que todos diéramos las gracias al gran narcotraficante, Lazcano; me saqué mucho de onda; en ese tiempo yo todavía no trabajaba para la organización, pero conocía una que otra gente. Después nos pidió que brindáramos hacia el lado derecho levantando nuestra copa, volteando hacia una ventana en un tercer piso donde se veía una silueta que brindaba con nosotros. Se supone que era Lazcano.

Cobro de piso

El cobro de piso es a aquellos que venden algo ilícito, como a los bares y antros que venden droga, y como no saben de qué cártel es la droga que se está vendiendo, pues le cobran piso a todos parejo; allá los contras son la Michoacana (La Familia Michoacana). El cobro de piso también se le hace a las farmacias que venden perico, que no es cocaína, sino unas pastillas que compran los camioneros para que no les dé sueño; aunque en realidad son para bajar de peso. También pagan los que venden piratería, las tiendas de celulares, los tiangueros y a las cachimbas: que son cocinas y regaderas que están en las orillas de la carretera y que es donde se bañan y alimentan los camioneros; ahí también les venden perico.

Yo trabajé en un bar donde les cobraban cinco mil pesos quincenales, pero entre más gana el negocio más se les cobra. Llega una persona y te dice: “Somos de los Zetas y tiene que pagar piso si quiere continuar con su negocio. Si no paga y no lo cierra, se chinga y lo matamos”. Pero los que pagan piso reciben protección. Solamente es cuestión de decir: “Fulanito se está pasando de lanza”, y en ese momento llega la gente (sicarios) a resolver las cosas.

Halcones

Un halcón es básicamente el nivel más bajo del organigrama. Para ascender se pueden hacer varias cosas. Mi jefe que también había sido halcón, un día lo agarran y le dicen que va a encargarse de todos los halcones de Pachuca. No sé qué significa, pero a los jefes de halcones les dicen RT.

Una reunión de trabajo de un grupo de halcones es muy equis. Las juntas que a mí me tocaron fueron en el estacionamiento de un OXXO. Me acuerdo de la última junta: nos hablaron como a ocho halcones y llegamos al estacionamiento. Mi RT me dice: “El que va llegando es el comandante del estado”. Y como te digo que era como su perro fiel, nomás a mí me subió a la camioneta con él comandante. Mi RT me presenta y le dice que yo soy una persona con muchos contactos. Me asignan conseguir 50 halcones más. En cinco minutos se acabó la junta. Nomás nos dejaron dinero para pasaje, gastos, tarjetas para el teléfono y el sueldo que son seis mil pesos a la quincena.

El reclutamiento de los 50 halcones lo hice con pura gente conocida; por ejemplo, dos chavos mariguanos, muy locos, que conocí en el bar donde trabajaba. Les dije que había dinero y me preguntaron que cuánto ganarían. Nomás les expliqué que seis mil a la quincena más 1,500 de gastos y una ficha de 500 para celular. La mayoría es gente drogadicta o gente muy necesitada de dinero que le va a entrar a lo que sea. El trabajo consiste en reportar cada hora lo que sucede por medio de mensajes del celular; pase o no pase nada, aunque se trate de la policía municipal, que es la que está comprada por la organización. Pero si ves movimiento de militares debes marcar, ya no al RT, sino al comandante de la plaza, porque a veces los mensajes se atoran y no llegan; éramos 80 halcones, imagínate todos mandando mensajes al mismo tiempo. Si van entrando las ratas (Policía Federal), los verdes (militares) o las panteras (patrullas estatales de Fuerza y Tarea) por la carretera a México y miras que es una patrulla tras otra, debes marcar rápido. Si te apendejas y no haces bien tu trabajo te putean, te tablean. Una vez me salvé de que me tablearan: se me habían pasado unas patrullas por llegar tarde al punto de vigilancia donde me tocaba estar; solamente reporté cuatro y habían entrado como 16 a la ciudad.

Un día me llamó mi RT para decirme que una de las halconas necesitaba ayuda; había desobedecido una orden y la habían tableado. Necesitaba que la curaran. Tablear es cuando, con una tabla como de metro y medio de largo y con tres hoyos, te pegan en las nalgas. Los hoyos se los hacen para que no agarre aire y se frene al momento en que te van a golpear. A esta mujer le habían dado 15 tablazos. Fui al departamento donde vivía y la curé. Nunca había mirado la carne humana tan, no sé cómo decirlo, tan podrida, tan negra, tan abierta. No te miento: le abrí las nalgas para curarla y casi vomito del color, de cómo se veía. Estuvo cuatro días bocabajo porque no podía sentarse. Por suerte nunca me tablearon; solamente una vez me dieron unos cachazos en la cabeza porque en lugar de irme a vigilar a la calle me había ido a dormir a mi casa; ya me estaba dando por costumbre vigilar cuatro horas de las ocho que debían ser. En otra ocasión me amarraron durante dos días porque no quise irme a vigilar desde un cementerio; me dan mucho miedo los panteones. Cuando te amarran te dejan tirada en un cuarto atada de pies y manos; puede ser hasta una semana. Si la persona que está cuidándote es buena onda te ayuda a ir al baño, sino, ahí tirada orinas y cagas. A veces te dan agua o un taco al día; a veces nomás una cobija.

Inicio Zeta

Empecé a conocer a la gente de la organización a finales de 2008 cuando trabajaba en un bar. Llegaba la gente (los Zetas) a cobrar piso, pero al principio no me daba cuenta de lo que hacían. En una ocasión la dueña del bar nos dice a mí y a una de mis compañeras: “Váyanse a sentar con esos tipos para reponer el dinero, porque me acaban de cobrar piso”. Cobrar se hizo algo normal: llegaban, le cobraban piso a la señora y se ponían a pistear con nosotras, las muchachas del bar. Entonces nosotras teníamos que sentarnos con ellos a tomar cerveza, una tras otra para sacarles dinero de la venta de alcohol, de la rockola o bailando con ellos.

En una de tantas ocasiones en que nos sentábamos con los que cobraban piso me pidieron mi número de teléfono. Un viernes me hablan al celular y me piden que les consiga ocho muchachas para una fiesta. El que me estaba hablando, dijo: “Mija, no te preocupes por cuánto nos vayan a cobrar, nosotros pagamos lo que sea”. Por estar de diez de la noche a cinco de la mañana nos dieron 20 mil pesos a cada una, y aparte, nos dieron de beber a más no poder; se enojaban si no tomábamos a la par de ellos. Eso sí, se metían cocaína como animales. Otra noche los tipos me piden prestada la casa para hacer una fiesta. Como agradecimiento me regalaron un tabique de cocaína lavada de fresa. Ya lo iba a tirar el tabique a la basura, pero a los dos días me hablan para saber si todavía lo tenía o me lo había retacado en las narices. “Yo ni me drogo, mejor denme dinero”, les dije. Se llevaron el tabique y me dieron dinero.

En noviembre de 2010 fui de visita al pueblito de donde soy originaria. Fui porque me había quedado de ver con una amiga. Íbamos para una fiesta, cuando le hablan por teléfono. Contesta y al colgar está muy nerviosa: —Ya me atoraron —me dice. Ella estaba viviendo con un amigo en común que es gay y que andaba trabajando con los Zetas. A mi amiga ya le habían ofrecido trabajo, pero no se quería meter en broncas porque trabajaba de policía municipal. —¿Por qué dices que ya te atoraron? —le pregunté—. Es que me estaba hablando el encargado de aquí de los Zetas, quiere que vaya a verlo a una pollería en este momento.

De pendeja voy yo también a acompañarla. Llegamos y se baja un tipo gordo de una camioneta. Lo primero que le dice a mi amiga es: —Mañana entregas tu uniforme a la municipal. No le preguntó si quería trabajar o si podía. Mi amiga le dice que no quiere trabajar, casi le suplica. El cabrón al que le dicen, “El Barrigón”, le contesta: —No te estoy preguntando si quieres; necesito gente. Y súbete a la camioneta porque iremos a ver al comandante.

Yo me quedé parada como mensa, sin moverme, viéndolos. De repente escucho: —Tú también súbete a la camioneta, ya escuchaste cómo me dicen y no te puedes ir así nomás, tú también te vienes.

Fuimos a un pueblo como a 30 minutos. Nos presentaron con el comandante que me preguntó cómo me decían y le dije que “La Peque”; desde los trece años había trabajado en las cachimbas y así me decían los camioneros. Todo fue muy rápido. El comandante nomás dijo: —Está bueno, cabronas, mañana comienzan a trabajar, aquí están sus celulares; ahorita van a pasar a una gasolinera a recoger unos chips y unos cargadores.

Me asusté mucho, le apreté la mano a mi amiga y le dije al oído: —Así de fácil ya me embarqué, ya valí verga, ya soy Zeta. A mi hermano lo habían matado ese mismo año, meses atrás. Era chofer y no andaba en la malandrinada. Cuando empecé a trabajar con la organización supe por qué lo habían matado: andaba con una mujer que estaba casada con un policía que trabajaba para la gente (Zetas). El policía hizo toda la movida (asesinato) por debajo del agua; porque no está permitido matar por cuestiones pasionales, para hacer eso se necesita permiso. Levantas a la gente de la que tienes instrucciones, pero no puedes hacerlo sin la autorización de los de arriba, de los jefes. Seré sincera: en su momento quise secuestrar al dueño de una gasolinera, pero tenía que reportarlo. No era nada más que yo me moviera con mi grupo y lo levantara con el pretexto de que aflojara dinero; si hubiéramos hecho eso nos matan. Levantar sin permiso de la organización es como robarle a la compañía, como se le dice; dentro de la plaza todo lo que está ahí es de ellos. La compañía te pide lealtad y respeto.

Después me enteré que a la esposa y al policía asesino de mi hermano los habían descuartizado y quemado. Una tarde que nos reunimos me pregunta el comandante: —¿Sabes dónde está tu hermano?, ¿está completo?, ¿lo torturaron? ―contesté que sí a las dos primeras y que no a la última pregunta―. Qué bueno, quédate con ese consuelo. Tú y tu mamá saben a dónde irle a llorar, a dónde llevarle una flor; aparte saben que no lo torturaron. En cambio la familia de ese fulano y fulana andan huyendo, y no saben dónde quedaron tirados los restos.— ¡Qué a toda madre, pinche consuelo!, pensé, pero no dije nada.

ZETA

Te estaba contando cómo fue mi inicio. Después de presentarnos con el comandante nos dirigimos a recoger los cargadores y los chips a la gasolinera; luego nos fuimos a la casa de mi amiga a cargar los celulares. Como a las dos horas nos marcan y nos pasan unos números de teléfono y nos dicen a quién y qué tipo de cosas debemos de reportar. A los cuatro días nos vuelven a hablar, pero ahora para recoger cuatro mil pesos para cada una, mientras nos llegaba nuestro pago: seis mil pesos a la quincena más 1,500 para gastos y fichas de saldo para celular.

A cada una nos ubicaron en un punto de Pachuca. Yo elegí trabajar de noche. Con lo del asesinato de mi hermano había tenido problemas con un agente de la PGR, al que yo acusaba de encubrir al asesino. Me tenía amenazada de muerte y yo me andaba escondiendo. Me mandaba mensajes por celular constantemente; me decía que me iba a chingar. Subieron tanto de tono las amenazas que mis papás, mi hijo, mi hermana y mis sobrinos nos fuimos huyendo al DF. Estando allá en la capital me manda mensajes el cabrón ése y me dice que ya sabe que estoy escondida en la delegación Tláhuac; ¡puta madre!, nos tuvimos que ir a esconder a Tlaxcala. Duramos meses ahí hasta que me harté de huir y de estarle jodiendo la vida a mi familia por mi culpa; ellos andaban conmigo porque yo tenía miedo de que al no encontrarme a mí se vengaran con ellos. Cuando supimos que las cosas estaban más tranquilas en Hidalgo, nos devolvimos y conseguí un cuerno de chivo. Le marqué al tipo de la PGR y le dije: —Ya me regresé y ya sabes dónde estoy, cuando quieras nos partimos la madre en el topón. —Me sentía segura porque comencé una relación con un agente de Fuerza y Tarea, la que es la Policía Estatal de Hidalgo; aunque él nunca supo que era Zeta, lo supo hasta mi detención. Al final las amenazas se acabaron, al puto que me amenazaba lo terminaron rafagueando en Reynosa, Tamaulipas.

Me detuvieron una tarde después de haber comido carne con chile; eran como las tres de la tarde. Ese día estuvo muy agitado. Toda la mañana hubo señales de que algo iba a pasar. En la mañana cuando iba a comprar para desayunar, me encuentro en la calle a un tipo de la organización masticando el chip de su celular. Le pregunté por qué lo hacía y me contestó que había mucho movimiento del ejército y la policía. Sospechaba algo malo; regularmente uno tiene que borrar los mensajes de entrada y salida del celular, pero a él no le bastaba eso, se quería tragar su chip.

Mi RT siempre me decía que lo que yo debería guardármelo. Yo era halcón, pero hacía otras cosas que no puedo contar. El día que me arrestaron, me había hablado para pedirme que me fuera a la casa de seguridad. Cuando llegué supe que era una pendejada para lo que me quería. Todo el asunto era que le cocinara carne en salsa verde para unas gentes que estaban de visita por unas hora, antes de irse a un enfrentamiento a Tula de Allende. La comida no alcanzó y me dio mil pesos para que fuera al mercado a comprar bisteces y longaniza para otros sicarios que venían en camino y que también iban a tirar putazos. Voy al mercado, compro la comida y cuando ya iba de regreso recibo una llamada en donde me dicen que me esconda porque la casa de seguridad, donde había estado cocinando, está rodeada de camionetas de la SIEDO, del Ejército y de federales. De pronto estaba cargando tres bolsas con verdura y carne, pero ahora en calidad de fugitiva.

Decido comenzar a caminar como pendeja; no sabía para dónde ir. Caminé muchas calles hasta que llegué a un campo de futbol. Lo atravesé, entré a una calle y de pronto escuché unos carros que venían a toda velocidad. De repente ya estaban junto a mí. Se frenan, se bajan dos agentes y me suben de las greñas a una Suburban. Lo primero que miro es a un tipo todo golpeado de la cara y con una venda en la cabeza. Uno de los agentes le pregunta: —¿Conoces a esta pinche vieja? —y contesta que sí me conoce; yo por instinto dije que ni madres, que yo no lo conocía, pero insiste: —Sí te conozco, hace rato me diste de comer en la casa de seguridad. —Lo miro y me acuerdo que fue quien me pidió un vaso de agua; como estaba muy golpeado no lo reconocía. De todos modos negué todo.

No me sacaron de mi versión de que era sexoservidora. De todo modos los policías estaban aferrados a que señalara ubicaciones, gente, casas, pero no dije nada. Yo creo que se enfadaron porque me llevaron al Ministerio Público y ahí me dejaron tres días. Luego me llevaron al arraigo de la PGR en el DF, por 78 días. Ahora estoy en Baja California, encerrada. Tengo aquí tres años y hasta hace un par de meses había estado sin declarar y sin careos. Me he declarado inocente, pero creo que en un momento de desesperación me declararé culpable. Por ser halcón te dan cinco años y ese es mi delito, ser halcón.

Cuando salga de la cárcel podría trabajar de nuevo con la organización, pero no quiero. Esto me sirvió de experiencia, y no tanto por el encierro, el encierro no te acaba. Te acaban las experiencias personales que vives estando en el encierro. Estando aquí en la cárcel mis papás fallecieron. Pero al salir de aquí saldré con una mano atrás y otra por delante; me veré en una necesidad económica muy grande. ¿Y quién me va a pagar ocho mil pesos a la quincena por irme a parar cuatro horas a la calle? Siempre es tentador volver.

“¿NO QUE MUCHOS HUEVOS, HIJOS DE SU PUTA MADRE?”

febrero 12, 2017 // 0 Comentarios

975 metros por segundo. Esa es la velocidad alcanzada por una bala de fusil AR-15 como las descargadas contra Miguel Ángel Rodríguez Viviano, un muchacho de 17 años originario de Ajuchitán del Progreso, Guerrero. Fue el primero en ser ejecutado en Tlatlaya por un militar, quien luego sembró esa arma junto al cuerpo de otro para así cuadrar la escena en la masacre que usó como coartada un enfrentamiento.


Agentes del gobierno del Estado de México, dicen ahora las investigaciones, estaban allí. Ellos torturaron a otro testigo para que no hablara y ayudaron a encubrir el crimen. Pero Eruviel Ávila ordenó “guardar” durante más de una década el caso, lo mismos que la PGR y las Fuerzas Armadas.

SinEmbargo presenta la reconstrucción de los minutos de la matanza con base en el conjunto de declaraciones y peritajes –declarados como “confidenciales” por el Gobierno federal y del Estado de México–. En las 268 páginas del apretado texto pericial, se observa el horror de una madre al encontrar a su hija de 15 años agonizante, y luego muerta.

O se distingue a un muchacho de 17 años tratando de detener, con sus manos, la muerte lanzada como un relámpago por un militar mexicano a velocidad de 975 metros por segundo.

El expediente revela más: que hay otros involucrados en esta tragedia (que descarriló el gobierno de Enrique Peña Nieto como la de los 43 normalistas desaparecidos) y siguen libres.

Uno de esos que no han pagado es el coronel Castro. Eso dice la evidencia…

Dentro de un cuarto interior a la bodega rebosante de cadáveres, dos o tres militares con traje de campaña llevan a cinco personas sobrevivientes del tiroteo del 30 de junio de 2014.
En el cubo de ladrillos, acomodan a Clara, una mujer que minutos atrás ha visto morir a su hija de 15 años de edad; a su lado, a Cinthya, una muchacha de 20 años de edad; luego a una mujer de nombre Patricia y, a la derecha de ésta, a dos varones jóvenes.

Los soldados efectúan una investigación exprés con los sobrevivientes. Algo concluyen los militares que desamarran a quienes continúan atados.

Sobre este momento, dirá Clara ante la autoridad:

“Como a las siete de la mañana –ya con luz del día–, llega una persona alta, de bigote, con uniforme diferente al de los demás militares. Se acerca a los dos muchachos y les pregunta en qué trabajaban y su edad. Les dice que lo acompañen porque les tomarán una foto. Sale esta persona de uniforme distinto y los saca [a los jóvenes]. En eso, escucho disparos provenientes de atrás de la caseta. Después de los disparos, la persona uniformada entra otra vez, pero ya sin los dos muchachos”.

Cynthia también hablará de este momento:

“Un militar le dice a los dos chavos que estaban amarrados junto conmigo que fueran con él para tomarles unas fotos y los lleva a la vuelta del cuarto y escucho unos disparos, después regresó el soldado, pero ya sin los dos chavos”.

[Esta doble ejecución no será descrita en las acusaciones federales. Las autoridades ministeriales y judiciales, civiles y militares, presentarán cargos por homicidio contra un sargento y dos soldados, cuyos uniformes sólo se distinguen en que el primero lleva dos cintas a manera de insignias y los otros no, aunque este es un pormenor difícil entre civiles ajenos a la milicia, además que en los trajes de campaña las distinciones son camufladas].

–Esa pinche vieja no me convence –repite el militar de uniforme diferente respecto a Clara.
–¡Si no quieres cooperar, yo veo que te metan 10 años a la cárcel! –la amenaza el militar de vestimenta diferente.
–¡Me violaron! –solloza Cynthia.
–Vamos a buscar al que te violó –propone un soldado y ambos salen del lugar. A unos pasos, Cynthia reconoce, inertes, a los tipos interrogados segundos atrás.

Más balazos. Patricia imagina al joven rostro de Cynthia con los ojos abiertos sin que nadie se compadezca en cerrarlos y ayudarle a descansar en paz.

Pero no, Cynthia vuelve con una cuenta en mente: en medio del matadero humano, ha observado, además de los ejecutados afuera del cuarto, ocho muertos y, del lado izquierdo del lugar, otros cinco, estos encimados como borregos antes de partir con el tablajero.

El uniformado responsable de transmisiones contacta con la zona militar “a las seis de la mañana”, según las actuaciones, y más personal castrense llega al sitio.

Hacia las 12:30 del día, cerca de ocho horas después dela masacre, se presentan  funcionarios de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) y, de acuerdo con al menos uno de los testimonios, también de la delegación mexiquense de la Procuraduría General de la República (PGR).

“Un gordito que dijo que era de la PGR de Toluca, nos sacó de la caseta a una por una y nos cruzábamos la calle, en frente de la bodega y nos interrogaba”, revelará Clara y dejará abierto otro dato: personal federal habría conocido, desde el inicio de la investigación o la simulación de ésta, la escena del crimen alterada por el Ejército mexicano.

***

Lo anterior quedará asentado en declaraciones ministeriales, las mismas actuaciones útiles para incriminar a militares de la tropa en los “asesinatos calificados”, según tipificación del Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, “ejecuciones extrajudiciales”, ha definido la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Pero lo descrito por el propio agente del Ministerio Público del Estado de México da más clave. El abogado mexiquense da cuenta de la presencia, anterior a su arribo, de un mando castrense:

“[El] sitio se encuentra resguardado por personal militar, a cargo de tres camionetas de la Secretaría de la Defensa Nacional [Sedena] al mando del Coronel del Batallón 102 de Infantería, con sede en San Miguel Ixtapan, Tejupilco, Estado de México, Raúl Castro Aparicio”, quien, momentos antes, avisó por teléfono al Ministerio Público del Estado de México, instancia investigadora a la que tocaba intervenir en primera instancia.

En adelante, la Procuraduría mexiquense sostendrá la confiabilidad de su investigación en función del resguardo del sitio realizado por el coronel Castro. La autoridad investigadora dependiente del Gobernador Eruviel Ávila concluirá oficialmente:

“Por las observaciones realizadas en el lugar de la investigación, se determina que este fue preservado en su estado original momentos previos a nuestra intervención criminalística, lo que se corrobora ya que a nuestro arribo al lugar se encontraba resguardado por elementos del Ejército mexicano”.

En el documento existen más referencias de la intervención del coronel en el sitio de la investigación. En algún momento de la mañana, los investigadores descubren un pequeño arsenal en una de las camionetas relacionadas con los supuestos criminales. Entre las armas, incautan una granada con seguro y espoleta, “la cual por seguridad del personal de actuaciones y por indicación del coronel del 102 Batallón de Infantería de nombre Raúl Castro Aparicio le ordenó al capitán segundo de Infantería de nombre Alberto Francisco Cruz Hernández que retira dicha granada y fuera llevada a sus instalaciones militares para su desfragmentación”.

Raúl Castro Aparicio pidió a las autoridades civiles la entrega de la camioneta militar involucrada en el enfrentamiento. Las condiciones de este mismo vehículo luego del tiroteo suponen otra contradicción, pues la Secretaría de la Defensa Nacional reportará un número mayor de impactos recibidos al contabilizado en el sitio por la Procuraduría del Estado de México.

Contrario a los discursos de apertura y transparencia propagados por los gobiernos de la federación y mexiquense, el caso Tlatlaya es una caja oscura hoy bajo reserva por la Procuraduría General de la República y la Procuraduría General de Justicia del Estado de México hasta el año 2026.

¿Qué ocultan el ejército mexicano y el gobierno del Estado de México?

Muchas claves están en un documento clave del caso obtenido, la acusación contra los únicos siete militares presos hasta hoy por la madrugada de Tlatlaya, esas horas en que el Ejército mexicano se abrogó el derecho de llevar al paredón a mexicanos indefensos.

Documento Tlatlaya

El militar hace un lado su fusil de cargo, un largo, incómodo e inconveniente para el rifle alemán. Envuelve con su mano el pistolete de este AR-15 estadunidense. Aprieta y suelta el gatillo por primera vez. En los tubos y cajas de acero, el percutor se libera y golpea el cartucho. La bala se expulsa y gira por los ranuras del cañón donde el pequeño cono de plomo vestido de latón se raya de manera única e irrepetible: se imprime la huella dactilar de esta arma que, para quien sabe usarla, es más útil en espacios reducidos y aquí concurren ambas condiciones: la masacre de Tlatlaya tiene por protagonistas a soldados del Ejército mexicano y por escenario una bodega de apenas 400 metros cuadrados en un solo nivel.

El gas de la detonación inunda el túnel de salida del rifle y mil luciérnagas parecen salir de la punta del conducto, pero lo que sale es la muerte, exactamente, a 975 metros por segundo.

La culata golpea el hombro cubierto de verde olivo. Dos, tres, cuatro, cinco veces más ocurre el retroceso y regreso del cilindro del émbolo. Los cinco proyectiles atraviesan al hombre contra el que dispara de lado alado, del pecho y el estómago a la espalda.

Los cinco casquillos empleados salen, uno a la vez, expulsados hacia un lado, pero las vainas de cobre golpean en silencio el suelo, que es de tierra floja. Cesan los lamentos de Miguel Ángel Rodríguez Viviano, un chavalo de 17 años originario de Ajuchitán del Progreso, Guerrero. Esto se sabe porque su madre lo reconocerá en pocos días con la barriga zurcida de arriba abajo y los ojos abiertos a la nada.

El fusil recogido de entre los cadáveres por el militar y utilizado para asesinar al muchacho es marca DPMS Phanter Arms, una firma basada en Saint Cloud, Minnesota, proveedora de ejércitos y policías. En Estados Unidos, por ejemplo, provee a la Patrulla Fronteriza. En su publicidad, la compañía se dice “orgullosa de proveer a aquellos que pelean por defender nuestra libertad” o lo idea que de esto tienen los militaristas estadunidenses. Con este mismo rifle será asesinado en unos momentos Jesús Jaime Adame.

Los soldados han conducido a Miguel Ángel y otros cuatro hombres hacia el muro izquierdo de la bodega, un lugar en medio de la nada o del infierno, como se quiera, y los colocan contra la pared.

Pero decir hombres es sólo un decir: dos apenas han pasado los 20 años de edad, uno los 18 y, los dos restantes, 17. Pero, para los militares, eso no importa. En el mejor de los casos para su conciencia, son sicarios, cuando mucho niños asesinos cuya vida no sólo es prescindible sino de erradicación obligada. En la peor de las posibilidades, los militares están aquí para tomar la vida de esos “contras”, rivales de negocios de drogas y secuestro y extorsión.

Nadie sabe bien cuáles son los motivos que han traído hoy, 30 de junio de 2014, a ocho militares a este lugar en San Pedro Limón, municipio de Tlatlaya, al sur del Estado de México.

Los soldados han entrado con la adrenalina al tope. Vienen de ocho minutos en que a ese pedazo de la Tierra Caliente el aire se le convirtió en fuego. Y ahora, ellos tres, un sargento y dos soldados de infantería, están ahí dentro y lo que no huele sangre se oye a muerte.

Hasta 15 varones y una muchachita han muerto o agonizan y los uniformados quieren más. Reúnen a los hombres rendidos, al menos ocho, y los llevan a un cuarto interior, una caseta en que los interrogan al vapor. Escogen a cinco de ellos que, sin las armas, no son más que niños suplicantes.

Los llevan a la pared izquierda, orientada hacia el norte del lugar. Los muchachos evitan los muertos regados en la tierra floja.

Los militares hacen a un lado sus fusiles de cargo, los largos rifles alemanes G3, y toman del suelo cuernos de chivo, los favoritos de los pistoleros del narco mexicano. Introducen el dedo en el guardamonte, a milímetros del gatillo. Ponen a los jóvenes contra la pared.

La súplica es el más doloroso de los aguijones.
–¿No irá a rebotar? –duda uno de los de verde.
El llanto de los chavos espolea la furia.
–No, no hay problema –resuelve otro.
Uno de los soldados se dirige a un grupo de tres mujeres y dos hombres atados con cable de las manos en la espalda y sentados sobre ladrillos.
–Agachen la cara, no volteen –ordena el militar, pero es imposible cerrar los ojos, al menos una mujer que ha llegado ahí para ver la muerte de su hija de 15 años decide no enceguecer.
–¿No que muy cabrones? –la voz del militar es un relámpago golpeando la lámina galvanizada de la construcción.
¡Pum! El primer disparo se escucha como una barda cayendo contra el suelo dentro de la cabeza de quienes escuchan.
–¡Aguanten la verga!
¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!…
–¿No que muchos huevos, hijos de su puta madre?
¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!…

Los cadáveres yacen apilados y los militares dan vuelta, porque el trabajo de paredón no ha terminado.

***
Desde febrero, Clara buscó a su hija Érika con todas las angustias encima y todos los chismes detrás de la niña de 15 años de edad.

A las tres de las tarde del 29 de junio, la mujer recibió la llamada esperada en su teléfono celular.

–¿Dónde estás? –preguntó Clara a Érika.
–Vengo de Palmar y vamos hacia San Pedro –respondió la jovencita.
–¿Qué estás haciendo ahí? –regañó Clara, una maestra del Consejo Nacional de Fomento Educativo, institución de gobierno dedicada a llevar escuela las comunidades más alejadas del país.
–Nada.
–Quiero hablar contigo. Yo voy por ti –quiso exigir o suplicar Clara, pero la niña terminó la llamada.

Movida por un mal presentimiento, dirá ella misma en una futura declaración ministerial, Clara toma un camión de Arcelia, Guerrero, hacia el vecino pueblo de San Pedro Limón, ya en el Estado de México. Desciende del ruletero, justo frente a una clínica, a las ocho y media de la noche. La mujer busca asiento en la calle, sin idea de qué dirección tomar para buscar a Érika.

Una hora después de morderse las uñas, observa una camioneta Ford Ranger color gris con doble cabina. Reconoce a su hija adentro del vehículo y este frena. La niña baja.

–Vámonos a la casa. Te voy a meter a un internado –intenta ordenar la madre.
Tras 15 minutos de discusión, un hombre joven abandona la camioneta y se acerca.
–No tienen mucho tiempo para hablar –dice el muchacho con tono fastidiado y un fusil consigo. –Suban a la camioneta –ordena.

Clara obedece. En la parte delantera de la Ford, junto a Érika, se sientan dos jóvenes; en el asiento trasero quedan la maestra y otro tipo, y, en la batea, se acomodan dos sujetos más. Todos los hombres lucen armados.

Arrancan el motor y abandonan el pueblo. Bajo la opacidad de la luna nueva, se internan en un camino con el asfalto deteriorado. Reducen la velocidad al acercarse a una bodega. Son las diez y media de la noche. El edificio tiene un frente de casi 20 metros de largo por 19.80 metros de fondo. La entrada, sin puerta, mide 11.60 metros de ancho y está flanqueada por dos cuartos sin ventanas. El techo es una estructura cóncava de lámina.

–Aquí no se permiten mujeres –reclama otro hombre apenas se acerca.
–Yo vine por mi hija –habla Clara. –Me la tengo que llevar, porque es menor de edad.
Por respuesta, el sicario toma su teléfono celular y le extrae la tarjeta.
–Te lo quito, porque nos vas a echar al gobierno.
–No… Yo sólo quiero llevarme a mi hija. No quiero problemas.
–No te voy a dejar ir.

La construcción está en obra negra y el piso es de tierra suelta y grava en el centro. El sicario ordena a Clara arrellanarse sobre unos tabiques apilados al fondo e izquierda del sitio. En la penumbra, por aquí y por allá, surgen voces y, en el fondo, se escucha música de banda.

Adentro del lugar, además de la camioneta en que llegaron, había dos más, ambas blancas y de doble cabina.

Hay 25 personas en la bodega, todas con vida.



La llamada entre la Barbie y el Z40 "No te metas con la familia o nos meteremos con la tuya!"

febrero 12, 2017 // 0 Comentarios

Corría el primer trimestre de 2005. El estado de Guerrero era un polvorín. Solo faltaba que un grupo de desquiciados aventara un cerillo. Por desgracia, siempre hay alguien dispuesto a organizar la fiesta.

Harto de las intromisiones de La Federación en el territorio del Cartel del Golfo, Heriberto Lazcano emprendió una invasión al territorio que durante décadas había pertenecido a la organización del pacifico. Comenzó por Acapulo e Ixtapa Zihutanejo. El verdugo estaba bajo las ordenes de Ezequiel Cardenas Guillen – el hermano de Osiel – y Eduardo Costilla Sanchez, El Coss. Desde su centro de operaciones en Valle Hermoso, Lazcano Organizo a un grupo de 20 hombres armados para que localizaran a Edgar Valdez Villarreal, a los hermanos Beltran Leyva y a uno de los grupos armados que los protegen conocidos como Los Pelones. Quería que los mataran a todos, parecía una misión suicida.

Aquella no era una tarea fácil, ni siquiera para los Zetas. En primer lugar debian localizar a los enemigos. Después seria necesario vigilar sus movimientos, detectar los lugares que mas frecuentaban, sus puntos de venta de droga, y los vehículos en los que se movían. Para sacarlos de sus madrigueras, tenían la instrucción precisa de matar policías, aventar granadas, reventar las tienditas de estupefacientes, las bodegas y los antros operados por la organización que en ese estado estaba representada precisamente por los Beltran Leyva.

Una parte del grupo de El Verdugo llego a Acapulco y otra a Zihuatanejo, encontraron hospedaje y comenzaron sus tareas de inteligencia. La noche del 14 de mayo de 2005 iba a comenzar la fiesta en Ixtapa con fuegos no artificiales. El Pollo, uno de los jefes de la gente de Lazcano, llamo por telefono a su compañero Jose Alejandro Lara, La Parca, para que le llevara a uno discoteca unas granadas. La Parca acudió al lugar junto con un compañero, El Cascanueces; enseguida se comunico con El Pollo para decirle que estaba afuera del establecimiento, pero la voz que le contesto le sonó extraña.

-¿Donde estas? – Insistió El Pollo.
– Aca afuera.
– Esperame, ahorita salgo – dijo El Pollo.
Segundos despues volvio a marcar.
– ¿Como vienes vestido? No te encuentro.

Algo le dio mala espina a La Parca, asi que le dijo a El Cascanueces que se fueran de ahi inmediatamente. Mas tarde, mientras caminaban por la costera, los tripulantes de unas camionetas de les quedaron viendo mientras hablaban por un radio Nextel. Los dos Zetas abordaron un taxi y se fueron a la casa que estaban habitando. Pasaron tan solo unos minutos, cuando varios vehiculos de AFI rodearon el lugar, junto con una camioneta Pathfinder, un Jetta y elementos de la Policia Municipal, Los Beltran Leyva no tenian ni siquiera que despeinarse para perseguir a sus enemigos, por eso les pagaban a los mandos de la AFI, para que ellos hicieran el trabajo sucio.

La Parca y El Cascanueces escaparon por la azotea y escucharon como los perseguian. Brincaban, tropezaban, se levantaban y volvían a correr, en su huida entraron en la casa de un señor que estaba dormido. Aprovecharon su descuido, tomaron su celular y les llamaron a sus compañeros Tachavo y el Karin. Solo lograron hacer contacto con el ultimo. Desesperado, El Karin grito que los estaban reventando, que la AFI ya había levantado a El Pollo, a El Moto y a otro compañero de apodo Pochorolo, así como a una chava que le decían La Guera, Les ordeno que se escondieran y que al otro día tomaran un autobús hacia Acapulco, donde iban a reagruparse, al terminar la llamada, el dueño de la casa se pércato de su presencia. Abra sido por las armas que Los Zetas portaban, o por simple caridad, que los curo, y al otro día el mismo los llevo a la estación de autobuses, donde los dos sicarios angustiados se perdieron en la multitud.

Durante toda la noche los elementos de la AFI arremetieron contra las casas y hoteles en Ixtapa y Acapulco donde se habia hospedado el grupo enviado por Lazcano. Como habían logrado capturar a El Pollo y El Moto, y la AFI tenia métodos muy persuasivos para hacerlos revelar hasta sus mas íntimos secretos, pronto supieron la ubicación de sus compañeros.

El domingo 15 de mayo de 2005 una playa de Acapulco sirvio como punto de reunion para lo que quedaba del grupo de Zetas. Apenas eran cinco: La Parca, El Cascanueces, Pompin, Karin, Tachavo, y Cuije. Junto con El Pollo y El Moto, la AFI se habia llevado a Peterete, El Cascarrabias y El Ojos. De pilon, habian levantado a Juan MAnuel Vizcarra Cruz, alias El Pizcacha, que nada tenia que ver en el operativo orquestado por Heriberto Lazcano. El solo se encontraba en Acapulco de vacaciones con su esposa Norma Elizabeth Olguien  Servin y con su hija de dos años, quienes también fueron capturadas por agentes federales, La situación era muy comprometida, Una cosa es que entre sicarios se rompieran la madre y otra que se la rompieran a familiares inocentes, en aquella época para los Zetas la familia seguía siendo algo intocable.

Ese mismo dia, Miguel Treviño Morales, El Z40, llamo desde Valle Hermoso a uno de los celulares de Los Zetas secuestrados, por supuesto, quien contesto era del bando enemigo. Treviño exigió hablar con La Barbie.

– Suelta a la señora y a la hija de El Pizcacha, nada tienen que ver con esto – advirtió  El Z40 por el teléfono, esperando lo peor para las dos.

– Solo voy a soltar a la niña – respondio La Barbie generando mayor tension.

La violacion sexual era lo menos que le esperaba a la esposa de El Pizcacha si se quedabaq en manos de esos hombres sanguinarios.

– No te metas con la familia, nosotros no nos hemos metido con la suya, si comienzan a hacerlo, nosotros tambien los levantaremos y mataremos a sus familiares – amenazo Treviño.

El Z40 debio ofrecer un dato preciso de esa posibilidad, porque La Barbie accedio a liberar a la mujer y a la niña y les dio mil pesos para que salieran del estado imediatamente. En cuanto fue liberada la esposa de El Pizcacha fue a presentar la denuncia por el secuestro de su esposo ante la PGJ de Guerrero, durante meses no supo cual fue su destino.

Era tal la impunidad con la que actuaban y tal el tamaño del compromiso con La Federación, que el comandante en jefe de  la AFI en Guerrero, Jose Luis Sanchez Baez, les lanzo personalmente un un reto a los Zetas: quería un enfrentamiento con ellos “al tu por tu” El choque nunca ocurrió. Sanchez Baez había sido puesto en ese cargo por Edgar Eusebio Millan – de quien recibía ordenes directas . quien se encargaba de asignar ese tipo de plazas. Millan era amigo y compañero de trabajo de García Luna desde 1989 cuando siendo jóvenes entraron juntos en el Cisen.

Ese domingo histórico llego una llamada inesperada a las oficinas de la PGR no había nadie en el despacho de la visitaduria general de la dependencia, así  que quien llamo dejo un recado de voz, era un hombre que dijo ser un integrante del Cartel del Golfo, hablaba para denunciar que elementos de la AFI adscritos a Acapulco y Zihuatanejo habían detenido el día anterior a cinco Zetas y en vez de ponerlos  a disposición del ministerio publico, los entregaron a la organización de los Beltran Leyva ” No esta bien que los elementos de la AFI le jueguen a la narcopolicia”, se quejo el denunciante y colgó”.

Junto con la llamada llego un faz dirigido al entonces procurador Daniel Cabeza de Vaca y al fiscal de la SIEDO, Jose Luis Santiago Vasconcelos, donde se acusaba directamente a Genaro García Luna de lo ocurrido en Guerrero: “De antemano, sabemos que el director de  la AFI( Genaro García Luna) esta coludido con la organización de Arturo Beltran LEyva, quien a recibido grandes cantidades de dinero por medio de es director de Operaciones Especiales de la AFI, Domingo Gonzales, decía el faz, a si  mismo pedían a la PGR que pusiera a disposición del ministerio publico a sus compañeros . Denunciaron que junto con los Zetas levantados por la AFI también se habían llevado  a tres señoras y tres niños familiares de los sicarios (una de ellas la esposa del Pizcacha y su hija). La advertencia era clara si las personas secuestradas no aparecian en un plazo de cinco dias:

Dejaremos caer todo el rigor y coraje sobre esos narcopolicias, difundiremos todas esta información en los medios de comunicación y dos días después recibirán nuestro mensaje particular Nosotros sabemos perder legalmente con esta institución  y en este caso actuaron de una forma por demás vil y cobarde al no respetar a nuestras familias. Hemos respetado esta institucion que uste comanda, pero de no haber alguna reaccion por parte de ustedes nos obliga a efectuar acciones violentas.

La procuraduria guardo en secreto el escandalo de corrupcion interna y los Zetas cumplieron su amenaza. La madrugada del 2 de agosto de 2005 fue ejecutado de tres balazos el subdirector de la Policía Investigadora Ministerial de Guerrero, Julio Carlos Lopez Soto, en la zona turística de Acapulco, cuando salia de un restaurante de carnes finas. La prensa local creyó que se trataba de un golpe a la procuraduria del estado, En realidad, Lopez Soto era empleado de  la AFI, desde donde había sido enviado a la policía guerrerense para operar con mas facilidad a favor de  La Federación. La dirección de recursos humanos de la AFI confirmo que en esa época Lopez Soto había trabajado en la dependencia, pero no quiso precisar en que periodo.

Siempre que atrapan en una movida irregular a la gente de García Luna, este evade su responsabilidad argumentando que el elemento en cuestión ya estaba dado de baja, como en otros casos subsecuentes, el de Lopez Soto no era así, cuando fungía como subdirector de la Policía Investigadora Ministerial del Estado era miembro activo de la AFI tenia el cargo de comandante y al igual que Sanchez Baez estaba adscrito de la Dirección General de Despliegue Policial Regional. Su jefe tambien era Edgar Eusebio Millan anteriormente Lopez Soto habia trabajado en la corrupta policia de Morelos, el segundo hogar de Garcia Luna y de narcotraficantes como los Beltran Leyva  y El Azul

Alejandra Guzmán, Los Tucanes de Tijuana y sus tocadas para los Zetas

febrero 12, 2017 // 0 Comentarios

Durante años se ha dicho que algunos cantantes de música grupera han tenido nexos con el narco, sin embargo muchos de estos rumores no se han confirmado.

Las acusaciones de haber actuado en fiestas organizadas por los capos han sido motivo suficiente para ser señalados.

Los narcocorridos compuestos por muchas estrellas de la música norteña en donde hablan de los principales líderes de los carteles le dan un motivo más a la prensa y al público para considerarlos como parte de la delincuencia organizada.

Según, un testigo protegido, la cantante mexicana Alejandra Guzmán en 2006 se encargó de amenizar una fiesta para “Los Zetas”.

De acuerdo con grandesestrellas, el testigo indicó que en la misma fiesta estaban Los Tucanes de Tijuana, grupo investigado por presuntos nexos con el narcotráfico.

En 2010 se dijo que el secretario de Seguridad Pública Municipal de Tijuana, Julián Leyzaola Pérez mencionó que el grupo Los Tucanes de Tijuana, su vocalista Mario Quintero y su representante eran investigados por presuntos nexos con los hermanos Arellano Félix.

La agrupación norteña comenzó a ser investigada en 2008 cuando en pleno concierto el cantante Mario Quintero, interrumpió su número musical para lanzar un par de peculiares saludos a dos de los criminales más sanguinarios relacionados con el narcotráfico de México: El Teo y El Muletas.

A partir de esa fecha se le prohibió a la agrupación actuar en Tijuana.

El asesinato del vocalista del grupo musical K- Paz de la Sierra, Sergio Gómez Sanchéz fue otro de los casos ligados al narcotráfico, su cuerpo fue encontrado con rastros de haber sido estrangulado y con los genitales quemados.

La información recabada indica que varios hombres armados interceptaron el vehículo donde viajaba Sergio y cuatro personas más, sin embargo dos horas después liberaron a cuatro y sólo se llevaron al vocalista.

Distintos medios de comunicación dijeron que Nazario Moreno González, “El Chayo”, extinto líder de La Familia Michoacana, fue quien ordenó el secuestro, la tortura y la ejecución del cantante el 1 de diciembre de 2007.

Al comediante y productor Roberto Gómez Bolaños, mejor conocido como “Chespirito”, se le acusó de amenizar la primera comunión de la hija del narcotraficante colombiano, Manuela Escobar Henano.

De acuerdo con laley1079, esta no fue la primera vez que “Chespirito” fue ligado con el crimen organizado, ya que también fue contratado por los hermanos Rodriguez Orejuela, líderes del Cartel de Cali.

En 2012 Silvia Irabien, mejor conocida como “La Chiva”, reveló que su pequeña es hija de José Jorge Balderas “El J.J.”.

Silvia se enteró a través de la televisión que el hombre con el que había salido durante seis meses y que además es padre de su hija, no era un empresario como él le había hecho creer.

En realidad era el guardaespaldas de Edgar Valdez Villarreal alias “La Barbie”, un prófugo de la justicia que estaba siendo buscado por el atentado al jugador de fútbol Salvador Cabañas. 

El día que los Zetas y El Cártel de Los Beltrán Leyva acabaron con La Gente Nueva del CDS

febrero 6, 2017 // 0 Comentarios

La balacera de la Tubutama en Sonora fue el mayor enfrentamiento entre dos grandes cárteles rivales de la droga que se haya tenido registro en México.

Y que duro alrededor de 12 horas según refieren testigos con un saldo oficial de 21 muertos y varios más heridos sin cuantificar ya que algunos sicarios que participaron en la balacera lograron huir, este enfrentamiento fue protagonizado por sicarios de la “Mochomera” pertenecientes al Cártel de Los Beltrán Leyva.

Contra sicarios de “La Gente Nueva” del lado del Cártel de Sinaloa, el enfrentamiento se dio el jueves 1 de julio del 2010 y se dice que una caravana de unas 50 camionetas de Los Beltrán Leyva prepararon el ataque en contra de la Gente Nueva dejando el saldo de 21 muertos, esta balacera se dio a raíz de que los hermanos Beltrán Leyva.

Y sus antiguos socios y aliados el Cártel de Sinaloa comandados por Joaquín El Chapo Guzmán rompieran relaciones y entraran en una guerra de cárteles en el 2008 a consecuencia de la captura de Alfredo Beltrán Leyva “El Mochomo” el hermano menor de los Beltranes ya que estos acusaron al Chapo Guzmán de traición señalando que fueron los del cártel de Sinaloa los responsables de entregar al Mochomo a las autoridades desatándose una guerra que actualmente perdura.

Precisamente los sicarios de la Mochomera tomaron el nombre del apodo de Alfredo Beltrán Leyva como un recordatorio de este líder y este enfrentamiento fue uno de los tantos que se dieron con el Cártel de Sinaloa pero este fue el más sangriento que se haya dado desde que inicio la guerra contra el narcotráfico por el número de abatidos en un solo enfrentamiento además de que en esta balacera no participaron las fuerzas de seguridad publica ya que fue un enfrentamiento de sicarios contra sicarios.

Se dijo que todos los muertos fueron del lado del cártel de Sinaloa y hasta “El Navajas” o “El 01″, quien fuera líder en Sonora del grupo “Gente Nueva” también cayó abatido durante la balacera de la Tubutama.

Así describieron los pobladores que les tocó vivir este enfrentamiento que quedo grabado en sus recuerdos.

Fue en pleno desierto, en el punto llamado “El Tercer Mundo” a 25 kilómetros de la frontera; entre Saric, Tubutama y Altar con rumbo al Sásabe, Sonora alla en el corazón del Desierto de la Muerte.

Las refriegas fueron atribuidas a sicarios del Cártel de Joaquín “El Chapo” Guzmán y a leales a los Beltrán Leyva, en disputa por el control de ese punto de trasiego de droga.

¡¡Esos son hombres!! dice una mujer en la plaza monumental de Magdalena; darse de balazos desde la siete de la noche hasta las ocho de la mañana, pues sólo los que quieren morir se baten en pleno desierto…reafirma esta guapa sonorense.

¿Y por qué no todos los hacen así..hijuela desde cuando se hubieran terminado tantas broncas?

“Mire dicen que se citaron o se encontraron y darse de madrazo sólos entre ellos. Eran como más de cincuenta y en más de veinte camionetas de uno y otro lado..hasta el pueblo( de Saric) se veía la polvadera..ni quien se metiera..pues que se maten o se tomen cariño entre ellos..alla el gusto de cada quien”

¿Y nadie tomo video? pregunto inocente y ávido adolescente…

¡Ni de loco, plebe!..pa que me tiraran como alguna vez a los del Tec de Monterrey..ya ves que dicen que unos batos sacaron su video teléfono y con la luz los ubicaron y les tiraron.

Después de la balacera el paisaje parecía de una escena de guerra más de una docena de camionetas algunas de lujo yacían llenas de agujeros de balas, algunas camionetas y coches tenían pintadas la letra de “x” y a sus costados de los vehículos los cuerpos de 21 personas muertas portando uniforme táctico como si fueran otro ejército, eran los cuerpos de sicarios pertenecientes al ejercito del cártel de Sinaloa, algunos otros más estaban tirados sobre los matorrales ya que algunos alcanzaron a correr cuando se dio la balacera pero cayeron abatidos metros adelante no sabían de dónde venían los disparos fue una masacre una emboscada, los que alcanzaron a refugiarse lograron repeler la agresión y extender la balacera por varias horas pero poco a poco fueron cayendo, otros tantos más lograron huir ese mismo dia en ese mismo enfrentamiento cayó abatido “El 01” “El Navajas” líder de la Gente Nueva en Sonora que significaba un fuerte golpe al cártel de Sinaloa.

La investigación sobre lo sucedido

Integrantes del cartel de los hermanos Beltrán Leyva en coordinación con el grupo delictivo de los Zetas, atacaron a narcotraficantes del cartel de Sinaloa que comanda Joaquín El Chapo Guzmán en Sonora, ataque que dejó un saldo de 21 muertos y 9 detenidos.

Un convoy de al menos 50 vehículos de modelo reciente ese día del enfrentamiento tránsito por la carretera federal de la entidad procedentes al parecer de Los Mochis, Sinaloa y Navojoa con rumbo al poblado de Tubutama.

Testigos de estos hechos, informaron que la tarde noche del miércoles 30 de junio, un convoy de al menos cincuenta vehículos de reciente modelo procedentes de la parte sur del estado, viajaba por la carretera federal y en un momento determinado este se dividió en dos contingentes para entrar uno por la zona de El Ocuca en la carretera a Caborca y otro por la parte de Magdalena de Kino hacía Tubutama.

Los sicarios, presuntos integrantes del cartel de los hermanos Beltrán Leyva en coordinación con los Zetas, habrían llegado a Tubutama alrededor de las 21: 00 horas y tuvieron tiempo de preparar el ataque contra sus rivales, el cartel de Sinaloa.

Las declaraciones de residentes del lugar señalan que la balacera se registró pasadas las dos de la madrugada del 1 de julio del 2010 y está duro varias horas.

Las ráfagas de cuerno de chivo, señala un habitante, se escucharon en varios puntos del poblado.
Ya durante las primeras horas del jueves, militares y agentes de la Policía llegaron a la escena del crimen, encontrando los cuerpos regados en el tramo carretero que conduce de Tubutama a El Saric.

A su llegada los agentes estatales de inmediato iniciaron un operativo en la zona, el cual dio como resultado la captura de 9 sicarios, 6 de ellos con heridas de bala.

Asimismo se logró asegurar 8 vehículos tipo vagoneta y pick ups de modelo reciente, así como siete armas largas y cortas que presuntamente fueron utilizadas durante el enfrentamiento.

Militares de alto rango fueron involucrados en la balacera de la Tubutama e incluso uno de ellos lloro la muerte del líder de la Gente Nueva durante ese enfrentamiento.

De las investigaciones se desprendio que un mayor y un sargento de Caballería del Ejército presuntamente protegieron al Cártel de Sinaloa en Nogales, Sonora, con información anticipada de los cateos y “limpiándole” la plaza de sus enemigos, los Beltrán Leyva y “Los Zetas”, según expedientes del Ejército y la PGR.

Integrantes de la organización delictiva señalaron que el Mayor Luis Heriberto Jiménez Juárez y el Sargento de Caballería Pedro Casillas Contreras colaboraban con Édgar Ramón Reséndiz Olguín “El Navajas”o “El 01″, quien fuera líder en Sonora del grupo “Gente Nueva”, uno de los brazos armados de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

El 1 de julio de 2010, “El Navajas” y otros 20 sicarios fueron abatidos en un enfrentamiento con una banda rival en el municipio sonorense de Tubutama.

El mismo mes, dos de sus colaboradores fueron detenidos y decidieron colaborar con la PGR, la cual los convirtió en testigos protegidos con los nombres claves “Victoria” y “Zenya”.

Estos dos delincuentes afirman haber conocido al Mayor Jiménez con el apodo de “El Califas” y al Sargento Contreras como “El Bigotes”, quienes luego fueron detenidos.

A Jiménez, referido como Jefe la Sección de Personal de Abastecimientos y Ayudantía en Nogales, lo identifican como su principal fuente de información de los operativos del Tercer Regimiento de Caballería y como alguien que incluso llegó a invitar a “El Navajas” a los operativos contra bandas rivales.

A Contreras lo mencionan como el militar que siempre estaba con Jiménez y también proporcionaba información.

“El Navajas me lo platicó, que cuando comenzó la pelea por la plaza entre “El Chapo”, los Beltrán y “Los Zetas”, esto en diciembre del 2009, que ‘El Navajas’ se ponía de acuerdo con ‘El Califas’ para darle información de la ubicación de casas de los contras, es decir ‘Zetas’ o ‘Beltranes’ para que ‘El Califas’ fuera con militares a catear y detener a esa gente.

“Incluso ‘El Navajas’ los acompañaba a esos operativos y se vestía de militar para señalarles los lugares que quería que reventara para detener a los ‘Zetas’ o ‘Beltranes’, ya que ‘Califas’ ya tenía mucho tiempo trabajando para los del ‘Chapo’, por eso cuando ‘Navajas’ se fue de Nogales yo comencé a coordinarme directamente con ‘Califas’ para que me proporcionara la información de los operativos militares”, declaró Victoria.

Este testigo protegido trabajaba directamente bajo las órdenes de Reséndiz Olguín “El Navajas”, a quien conocía desde 1995, y su función básica en la ciudad fronteriza dice que era rastrear a los enemigos de “Gente Nueva”.

“Zenya”, el nombre clave que tiene el otro cómplice de “El Navajas” que colabora con la PGR, refiere haber trabajado como “pollero” y que en abril de 2010, cuando acababa de regresar de Estados Unidos, aceptó trabajar como sicario para “Gente Nueva” junto con un sujeto al que apodaban “El Gordo”.

Su testimonio da cuenta de que el Mayor Jiménez presuntamente también les proporcionó documentos del Ejército, relacionados con las capturas de integrantes del grupo de “El Chapo” que operaban en Nogales.

“A mediados del mes de junio de 2010, andando yo con ‘El Gordo’, éste le hablo al ‘Califas’ para que le informara de aproximadamente tres detenidos de la organización, es decir, de la ‘Gente Nueva’, por lo que ‘El Califas’ lo citó en la parte de atrás de la Delegación de la PGR.

“Cuando llegamos, ‘El Califas’ ya estaba ahí como enojado y nos decía apúrense y en ese momento le entregó a ‘El Gordo’ unos documentos que después yo leí y eran declaraciones de los militares que habían detenido a nuestra gente, en esa ocasión ‘El Califas’ andaba uniformado”, cuenta.

El amigo del “Navajas”

El testigo protegido “Zenya” asegura que la relación del Mayor Luis Heriberto Jiménez Juárez con Édgar Ramón Reséndiz Olguín “El Navajas”, líder de “Gente Nueva” en Nogales, era muy cercana e iba más allá que la de un funcionario que colaboraba con su banda delictiva.

Según “Zenya”, al militar lo vio por primera vez en una fiesta de cumpleaños de la esposa de “El Navajas”, de nombre Verónica, y después en las bacanales que el narcotraficante organizaba con prostitutas en el Hotel Hacienda del Real.

“Ahí llevaron mujeres, vino y droga, por lo que yo llevé al ‘Califas’ al Regimiento de Caballería como a las 6:45 horas, porque tenía que pasar lista a las 7:00 horas”, menciona.

Recuerda, por ejemplo, que dos días después de que “El Navajas” cayera abatido en Tubutama, Sonora, junto con otros 20 sicarios, encontró al Mayor Jiménez deprimido y alcoholizado, en una casa de seguridad que rentaba la organización.

“Era su amigo (‘El Navajas’), además de que también había sido militar; incluso él fue el que llevó la ropa a la esposa de ‘Navajas’ para que vistieran al muerto, por lo que ‘Califas’ se encontraba tomando y hasta llorando, agarró el teléfono celular y lo aventó al suelo atrás en el patio de la casa, ya después se quedó dormido.

“Al día siguiente vi el teléfono y me puse a armarlo y logré componerlo, por lo que vi entre los mensajes, que había unos donde ‘El Califas’ preguntaba si entre los muertos había uno con tales características, dando las de ‘El Navajas’ y le contestaban ‘afirmativo’, es decir, estaba en contacto con gente que estaba en donde había sucedido la balacera y le estaban informando”, relató “Zenya”.

Actualmente la zona de la Tubutama sigue con fuerte influencia de los Beltran Leyva esta vez dirigidos por el Chapo Isidro que comanda “La Mochomera” y los “Mazatlecos” que siguen siendo unos fuertes rivales del Cártel de Sinaloa.

Hilda Flores “La Güerita”, la mujer que traía loco a Osiel Cardenas "El Mata Amigos"

febrero 6, 2017 // 0 Comentarios

Cuando el líder del cártel del Golfo fue detenido en Matamoros en el año 2003, su anecdotario era tan amplio que sus enemigos lo llamaban El Mata Amigos. Hay un episodio que lo retrató de pies a cabeza cuando ordenó eliminar a Rolando Gómez, uno de sus más cercanos colaboradores. ¿La razón? Se llamaba Hilda, le decían La Güera, traía vuelto loco a Osiel por su belleza y no reparó en hacer a un lado a su marido, su viejo camarada Rolando, para quedarse con ella.

Sucede con narcotraficantes de infantería y “poquiteros”. Son enamorados por naturaleza, dinero fácil y poder. Les apasiona lucir mujeres encantadoras. Las visten elegantes. Otros con mal gusto hasta resbalar en extravagancia. Pero entre los capos es distinto. No confían mucho en amores fuera del matrimonio o su pareja. Temen indiscreciones del “segundo frente”. Saben cómo a las mujeres les encanta presumir tener lo nunca soñado.

Muy en secreto pronunciarán el nombre del amado. “Me regala joyas, ropa, auto y hasta casa”. Si no, los vecinos la maliciarán. Conociéndola desde chiquita dirán “…mira nada más. Imagínate de donde sacó tanto. Ahora hasta ‘guarura’ tiene día y noche. No. Para mí segurito que un narco anda con ella”. Y así abren la puerta al peligro de captura. Lo mismo si por una se abandona a otra. Entonces utilizan desde la brujería y caen hasta el despecho.


Osiel Cárdenas Guillén era el patrón del cártel golfero. Cuando estaba libre se parecía al Gabino Barrera del corrido famoso: “…con amores por donde quiera”. Pero encarcelado le resultó más caro el caldo que las albóndigas. Tres damas pelean su amor y dinero. Tanto así hasta convertir la rivalidad en espectáculo público. Que conste. Nunca sucedió esto con otros grandes capos luego de capturados. Los que están prisioneros normalmente dieron y dan lugar a las esposas.


Celia Salinas Aguilar es la esposa legítima de Osiel. Ya tiene buen rato encorajinada. Sabía muchas diabluras pasionales de su marido antes de ser detenido. Lejos de celos y sentirse traicionada, le punza hasta el alma haberle sido fiel. Hasta se metió en sus cochinos negocios. Cuando menos esperaba quedó embarrada en el delito. Ahorita es oficialmente prófuga. Está comprobadito cómo participó en “lavado de dinero”. Supe de fuerzas federales anti-drogas: La tienen ubicada. “No te extrañe si la detenemos pronto”. También es conocida cómo la única que deveras ama a Osiel. Por eso se casó y tuvieron hijos. Pero el capo la desaira.


Hasta los amigotes de Cárdenas Guillén son indiferentes. No le ayudan. Y Celia está molesta por el menosprecio a sus hijos. Por eso es un peligro. Ya le contaron y lo gritó: Osiel tiene intención de pedirle divorcio. Y ella quiere hablarle pero no puede. Si fuera a la prisión no saldría. La mujer está desesperada. Ninguneada, perseguida y cargando con la prole. Todos los ingredientes para hacer bueno aquel refrán “…no hay peor enemigo para el hombre que una mujer despechada”. Osiel Cárdenas Guillén prefiere el amor de Hilda Flores. Todo mundo sabe de ella en Matamoros y Reynosa. Bien conocida cómo “La Güerita”.


Sobre este romance, no había necesidad de meterme en la vida privada del capo. El mismo la hizo pública. Pero ahora la dama de pelo oxigenado solo recibe atención y dinero de la mafia ya que no puede ver a su “Osito” como le llamaba a Osiel Cardenas. Aparte el capo está endiosado. Y lo más importante para Hilda: Tiene libertad y ningún delito encima. En eso lleva ventaja a la señora de Cárdenas. Cómo si fuera telenovela hay otra dama en todo esto. Se llama Ana Amelia Román Goytia. Contrario a Celia y “La Güerita” no pretende las caricias de Osiel. Es más inteligente y por eso práctica. Quiere dinero y poder.

El capo golfero la conoce muy bien. Pidió inscribirla en “La Palma” como “persona de confianza” para que pudiera verlo. Pero nada de visitas conyugales. Puro negocio. Sábese bien. Ana Amelia es enlace entre Cárdenas Guillén y abogados. Aparte manejaba informantes gobernícolas o particulares.


Para el Ejército, Osiel se convirtió en una obsesión en 1999 casi a finales del sexenio de Enrique Cervantes Aguirre como secretario de la Defensa Nacional. Había hecho lo que ningún capo había logrado: seducir a los oficiales y tropa de élite al ofrecerles jugosas ganancias, mucho más que sus “haberes” como se conoce en la milicia a la paga, y pronto tuvo en un ex oficial y antiguo GAFE desertor de nombre Arturo Guzmán Decena, llamado Z-1, al fundador del grupo paramilitar conocido como Los Zetas.

Con esta banda de brazo armado, el cártel del Golfo impuso el terror en la llamada frontera chica que comprende el corredor que va de Matamoros a Reynosa, Nuevo Laredo y Ciudad Miguel Alemán. Especializado en amedrentar periodistas, Osiel era buscado por la DEA desde fines de los años 90 al quedarse con el control absoluto de la región de Tamaulipas luego de la detención en 1996 del viejo capo Juan García Ábrego. 

El ´Chino Ántrax´ el escolta de la familia Zambada que se convirtió en Jefe

febrero 6, 2017 // 0 Comentarios

Miembro del cártel de Sinaloa desde finales de los noventa, identificado como escolta de la familia Zambada desde los primeros años del nuevo siglo, y reconocido como líder sicario del brazo armado los Ántrax del Cártel de Sinaloa desde 2008, José Rodrigo Aréchiga Gamboa está ubicado por las autoridades –extraoficialmente– como autor material e intelectual de decenas de homicidios cometidos en contra de los integrantes de Cártel de Los Beltrán Leyva y los Carrillo Fuentes en Sinaloa, Sonora y Baja California, por lo menos desde 2007.

Durante los últimos cinco años, reportes periodísticos advierten su paso por Sinaloa, Sonora y Baja California, pero en ningún estado existe orden de aprehensión o expediente abierto en su contra; la Procuraduría General de la República (PGR) tampoco lo buscó nunca.

Datos recientes indican la ampliación de su actividad criminal a Guerrero, Morelos y Estado de México, pero de nuevo los datos constan solo en versiones de las áreas de investigación y/o inteligencia que proporcionan información a la prensa, pero casi nada consta en expedientes, con excepción de los dichos de algunos criminales detenidos que aseguran “trabajar” para el Chino o Los Ántrax.

En Baja California Sur, la PGR iniciaba apenas la investigación de una línea que ubicaba a Rodrigo Aréchiga como presunto responsable de ordenar el asesinato de Francisco Arellano Félix el Doctor, cometido en el municipio de Los Cabos el 18 de octubre de 2013.

Sus actividades criminales con el Cártel de Sinaloa empezaron de la mano de Vicente Zambada Niebla, el Vicentillo. Veinteañeros ambos, dos, tres años más joven José Rodrigo Aréchiga Gamboa el Chino Ántrax, llegó a Baja California como escolta del hijo de Ismael el Mayo Zambada, a finales de los años noventa, cuando la pugna entre la mafia sinaloense y el Cártel de los Arellano Félix se recrudeció en Tijuana y Mexicali a partir de la escisión intencional del CAF, que peleó a sangre encabezar criminalmente el territorio de las californias.

La presencia del Chentillo y su gente en Tijuana obra en expedientes criminales que datan del año 2000, señalados como jefes criminales de un grupo de matones, integrados por policías y ex policías responsables de varias muertes, entre ellas del jefe de la policía de Tijuana, Alfredo de la Torre .

De entonces su relación y amistad con Cenobio Flores y/o Luis Fernando Castro Villa el Checo (prófugo) y Gonzalo Inzunza, el Macho Prieto (presuntamente muerto en Sonora 18 de diciembre 2013), designados para coordinar criminalmente la plaza Mexicali para la mafia sinaloense.

Entre 2007 y 2009, expedientes oficiales y extraoficiales de la procuraduría del estado mencionan la presencia de sicarios sinaloenses, trasladados exprofeso a Mexicali, para asesinar a policías y civiles que sirvieran al Cártel Arellano y al Cártel Beltrán Leyva. Para entonces los Ántrax ya se habían convertido en el brazo armado del Cártel de Sinaloa encabezado por los Zambada. Los narco-corridos refiriendo la relación de Rodrigo Aréchiga con los líderes narcotraficantes de Baja California empezaban a inundar las redes sociales.

Precisamente en la capital bajacaliforniana el Chino Ántrax hizo relación con Alfonso Arzate el Aquiles, cuando este último, apoyaba en el valle el movimiento de cargamentos de droga realizados por el Macho Prieto.

Arzate y Aréchiga escalaron espacios en el organigrama delictivo prácticamente al mismo tiempo: el primero desplazando a Fernando Sánchez Arellano el Ingeniero, aprovechando la debilidad financiera del CAF originada por su pugna interna con Eduardo García Simental, el Teo, y el segundo tras la detención de su jefe directo Vicente Zambada en marzo de 2009.

Desde entonces eran comunes los traslados del Chino Antrax de Culiacán a Los Cabos, Tijuana o Mexicali, para supervisar el trasiego de su droga y la de Ismael Zambada Imperial, el Mayito Gordo, la cual cruzaban por toneladas a Baja California Sur y por las entidades bajacalifornianas. Lo hacían protegidos por los cabecillas de las células de traficantes locales.

Su presencia constante en ambas regiones también estuvo resguardada por cuantiosos pagos a las policías estatales y municipales. De hecho en Baja california hubo poca referencia a su presencia, después de los asesinatos de Alfredo de la Torre (Tijuana 2000) y del ex comandante José Ramón Velázquez (Mexicali 2007), quien reveló la presencia de grupos armados del Cártel de Sinaloa en Mexicali solapado por la Procuraduría del Estado y respaldados operativamente por agentes ministeriales.

Rodrigo Aréchiga en BCS

La presencia de este personaje fue detectada en febrero del 2011 en Baja California Sur, cuando la policía municipal de Los Cabos detuvo a un vendedor de droga y en los celulares le encontraron fotografías de armas largas, granadas, vehículos blindados y un cartel que circulaba entre los celulares de delincuentes y donde eran convocados a formar parte de “Las Fuerzas Especiales de los Ántrax” en ese municipio.

El vendedor de droga fue consignado al Centro de Operaciones Estratégicas (COE) y los datos obtenidos del teléfono ayudaron a los investigadores a detectar la presencia de Noé Castro, identificado como el R1, quien en ese entonces funcionaba como brazo derecho de José Rodrigo Aréchiga Gamboa en la comunidad comondueña.

El criminal, presunto hermano de Christopher y Redelio Castro, este último conocido como el Pocho Ántrax, -asesinados el 14 de mayo del 2009 y el 7 de marzo del 2010, respectivamente-, había iniciado operaciones en Los Cabos y fue identificado por fuerzas militares como la persona que grabó un audio enviado al Ejército para anunciar el inicio de operaciones de este grupo de sicarios.

En su comunicado aseguraban que habían llegado a defender a la población de la posible entrada de Los Zetas, por órdenes de Ismael el Mayo Zambada.

Detrás de el R1, de acuerdo con el trabajo de inteligencia de la PGR y la Sedena, aparecía el Chino Ántrax, quien temporalmente vivió en Los Cabos y estuvo a punto de ser capturado en el 2012, cuando elementos federales realizaron tres cateos en el exclusivo fraccionamiento de El Pedregal de Cabo San Lucas; el hombre escapó y las fuerzas del orden solo lograron asegurar drogas y armas.

En este operativo especial realizado en junio del 2012 participaron agentes de la PGR y efectivos de la Sedena y la Marina, quienes, sigilosos, únicamente utilizaron unidades terrestres.

Desde entonces no se tuvo mayor registro de él en Los Cabos, hasta que —de acuerdo con un funcionario de la PGR— se inciaron pesquisas para confirmar que fue el responsable de planear y ordenar el crimen de Francisco Rafael Arellano Félix en Los Cabos, a través de un sicario de su confianza identificado como el R1. El motivo, indican las fuentes consultadas, fue que Rafael Arellano había reiniciado sus actividades delictivas aunque constreñidas al lavado de dinero, pero Aréchiga quería dejar claro de quién era la plaza.

La PGJE confirmó que aunque todavía no termina la investigación por el homicidio Arellano, tiene indicios de que el responsable del crimen pudo ser un matón identificado como R13, el cual coincide con el homicida en rasgos y complexión física, pero en el estado reiteraron que tienen a otros dos sospechosos

Los Ántrax

Limitada es la información y expedientes oficiales que contiene el nombre y crímenes cometidos por José Rodrigo Aréchiga Gamboa, el Chino Ántrax; la única procede de autoridades de Estado Unidos, básicamente la acusación sellada 13-CR-4517-DMS emitida por la fiscalía en San Diego, California del 20 de diciembre de 2013, y la alerta del Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitida –con todo y fotografía– el 8 de enero de 2014.

“…es responsable de la selección y eliminación de rivales de Zambada García”, “también se encarga de la transportación y asuntos de logística”, acusó el gobierno norteamericano.

En México la actividad de los Ántrax y sus jefes delictivos está revelada en notas periodísticas fundamentadas conforme a sus autores, en versiones proporcionadas por La Secretaría de la Defensa, las Secretarías de Seguridad, la Procuraduría General de la República y hasta los Servicios Médicos Forenses asentados en Sinaloa, Sonora, Baja California, Guerrero, Distrito Federal y Estado de México.

Conforme a estos datos, las autoridades han combatido este brazo armado dedicado a proteger las espaldas de la prole del Mayo Zambada y asesinar a los competidores, que en el primer momento de la pugna sinaloense fueron defendidos por Los Zetas, quienes ingresaron al territorio criminal para proteger los intereses delictivos de los hermanos Beltrán Leyva en la pugna iniciada contra Guzmán y Zambada entre 2007 y 2008.

De quienes iniciaron este grupo de sicarios, desactivaron a Manuel Torres Félix el Ondeado, criminales opositores proporcionaron información y elementos del Ejército Mexicano lo abatieron el 13 de octubre de 2012.

En condiciones similares, pero esta vez enfrentado con personal de la Secretaría de Marina, murió (presuntamente, la PGR no ha dado información de la posesión del cadáver) Gonzalo Inzunza el Macho Prieto el 18 de diciembre de 2013; la Comisión Nacional de Seguridad confirmó el deceso al día siguiente. Y al chino Ántrax lo detuvieron en Holanda 13 días después.
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