Reportajes Especiales

"La pistola no me cabía en las manos, pero con ella yo me creía Superman": el preocupante aumento de los niños sicarios

marzo 28, 2017 // 0 Comentarios

“La pistola no me cabía en las manos, pero con ella yo me creía Superman”: el preocupante aumento de los menores que matan en América Latina
A uno le tocó morir “en su propia ley”, un ajuste de cuentas; otro vive con la culpa de haberle disparado al que fue su mejor amigo y el último se convirtió en un líder que lucha para salvar a otros niños y adolescentes de caer en los campos de entrenamiento del crimen organizado.

Son historias como las de tantos otros chicos en el continente a los que les tocó conocer la droga, las armas y la muerte muy jóvenes.

Muchachos con menos de 18 años, la mayoría con familias desestructuradas, violencia en sus casas, bandas criminales alrededor y difíciles condiciones socioeconómicas.

Algunos de ellos jalaron el gatillo por primera vez cuando apenas tenían 13 años y otros conocieron una celda antes de cumplir 15.

Son pandilleros, asaltantes o sicarios baratos que el crimen organizado usa como materia desechable.

Todos son parte de un fenómeno que crece y preocupa en América Latina: los menores que matan.

Los reportes gubernamentales y de organizaciones como el Banco Mundial y Naciones Unidas coinciden: hay más menores de edad acusados de delitos graves como asesinatos en países como Argentina, El Salvador, Honduras, México o Uruguay.

Y el problema también está presente en otros como Colombia, Guatemala, Panamá o Perú.

El asesor regional de protección de UNICEF, José Bergua, explicó a BBC Mundo que existe una “preocupación legítima y razonable” ante el incremento de la delincuencia juvenil.

Sin embargo añadió que no se deben sobredimensionar estos casos y mucho menos criminalizar a los jóvenes.

“Creemos que hay que tener una discusión equilibrada y no ser catastróficos. No proponemos que se los trate con guante de seda, pero son personas en desarrollo con posibilidades de reinserción”, señaló Bergua.

Y como apunta, hay historias con finales terribles, pero también otras que demuestran que existe una salida al difícil laberinto de la violencia.

Como muestra de la gravedad de esta problemática, en BBC Mundo te contamos algunas de ellas.
Argentina: el Peti

El 1 de mayo le pegaron tres balazos. El fatal entró por su rostro e impactó en la médula espinal. Llegó con signos vitales al hospital, pero no resistió.

Así relataron los medios argentinos la muerte de Leandro Ojeda, mejor conocido en las villas que rodean a Buenos Aires como el Peti.

Tenía 17 años. Fue un ajuste de cuentas.

A pesar de su corta edad, los medios de su país lo bautizaron como “el chico que no podía dejar de matar” y en la policía bonaerense decían que “tenía el demonio por dentro”.

El periódico argentino Clarín contó que empezó asaltando buses a los 13 años y a esa edad conoció lo que era matar.

La primera vez que fue detenido tenía 14; lo encontraron con una pistola calibre 22 y 10 balas.

A los 15 años, “Peti” ya tenía 40 cargos judiciales. Cuando falleció lo responsabilizaban de al menos 10 muertes.

El diario Perfil publicó que, según una investigación preliminar de la División Homicidios de la Policía Federal, su muerte hizo parte de una red de venganzas.

“Al hablar de un chico de 17 años que mata desde los 13 y terminó asesinado, hay que hacer una valoración que intente explicar cómo fue que ese adolescente llegó a ese punto”, le dice a BBC Mundo Sergio Dima, periodista que cubre asuntos policiales en Clarín y que siguió el caso del Peti.

“Hay que interrogarse sobre la vida que tuvo, cómo creció, qué acceso tuvo a derechos como la educación, la salud, la vivienda”.
No proponemos que se los trate con guante de seda, pero son personas en desarrollo con posibilidades de reinserción”.

José Bergua, asesor regional de protección de UNICEF

Dima señala que, al igual que el Peti, muchos otros muchachos de las periferias bonaerenses “crecen en asentamientos o villas de emergencia, en medio del desamparo absoluto, inmersos en una pobreza y una violencia que pocos conocen realmente”.

A pesar de los intentos de BBC Mundo, en la Policía Federal y dos comisarías de Buenos Aires no quisieron referirse al caso del Peti alegando desconocimiento del tema o imposibilidad de brindar declaraciones de prensa.

El censo penal elaborado por el ministerio de Justicia argentino señala que en 2014 se reportaron 255 detenciones de menores por asesinatos y homicidios y 73 por intentos de asesinato.

La cifra en 2012 era de 181.

En 2014, 1.142 menores de edad fueron recluidos por estar involucrados en delitos graves. Dos años antes fueron 873.

“Las villas están llenas de chicos como el Peti, pero nadie parece advertirlo. Nadie está pensando en como lograr que esos adolescentes puedan proyectarse y tener otra esperanza, otra forma de pelearla que no sea empuñando un arma”, concluye el periodista.
Honduras: Cecilio

Hace un mes falleció el mejor amigo de Cecilio Torres.

Había quedado parapléjico por un disparo hace siete años y esa misma bala incrustada en su cuerpo terminó provocándole un cáncer fatal.

Cecilio Torres fue quien le disparó. Sucedió en el municipio de Choloma, en el noroeste de Honduras, una región con niveles elevados de pobreza y fuerte presencia de pandillas y tráfico de drogas.

“Teníamos menos de 17 años. Yo lo dejé inválido porque él me quería cobrar algo. Eran problemas de narcotráfico”, recuerda Torres en entrevista con BBC Mundo.
A los 12 años, Cecilio compró su primer arma, una calibre 45 que pagó con lo que juntó vendiendo droga en los barrios de Choloma.

“La pistola no me cabía en las manos, pero con ella yo me creía Superman. En ese momento lo que más quería era ganarme el respeto en las calles”, relata.

Torres pensaba en aquel entonces que el respeto se lo ganaba a punta de plomo, asaltos, y traficando y consumiendo sustancias prohibidas.

La madre de Cecilio lo echó de su casa y lo más cercano a una familia que tuvo en su adolescencia fueron las pandillas con las que aprendió a disparar, robar y traficar con drogas.

Conoció la cárcel a los 15 años y tenía que vivir escondiéndose porque grupos de narcotraficantes enemigos lo buscaban para matarlo, como lo habian hecho con sus amigos.

“Cuando me escapé de la prisión quise volver a lo mismo, pero todos los de mi grupo estaban muertos. Yo deseaba volverme invisible porque también me buscaban a mí”, recuerda.Derechos de autor de la imagenJOVENES CONTRA LA VIOLENCIAImage caption”Es más barato un balón de fútbol que un ataúd”, es uno de los mensajes de los niños que participan en las actividades de Jóvenes contra la violencia.

Más de uno pensaría que la historia de Cecilio concluiría como la del “Peti”, pero Cecilio encontró un camino distinto.

Ahora, con casi 24 años, dirige una escuela de danzas folclóricas y es árbitro de fútbol aficionado.

Intenta, con el baile y los deportes como aliados, evitar que otros jóvenes de su ciudad pasen por su experiencia.

“Mi ciudad sigue siendo una de las más calientes (peligrosas) por las pandillas y el narcotráfico, por eso quiero ayudar. Yo tengo que vivir tratando de perdonarme por las cosas que hice y eso no se lo deseo a los más jóvenes”, señala Cecilio Torres.

No exagera. Y no sólo es un problema del municipio de Choloma.
Cuando me escapé de la prisión quise volver a lo mismo, pero todos los de mi grupo estaban muertos. Yo deseaba volverme invisible porque también me buscaban a mí”.
Cecilio Torres, extraficante de drogas y expandillero, ahora profesor de danzas en Honduras.

Un informe del Centro Electrónico de Documentación e Información Judicial (CEDIJ) de la Corte Suprema de Justicia de Honduras señala que entre 2009 y 2014 la cifra de menores de 12 a 18 años con acciones judiciales en su contra ha aumentado significativamente.

Los niños y jóvenes representan entre el 10% y 12% de todas las detenciones.

Los menores son utilizados para cometer los delitos más graves como son el sicariato, la extorsión, el narcomenudeo y el robo de autos.

Entre el 1 de enero de 2009 y el 25 de octubre de 2013 se registraron acciones judiciales contra 6.835 menores entre los 12 a 18 años en los Juzgados de Letras de la Niñez y Adolescencia por delitos que van desde el asesinato hasta el asalto.
México: Carlos

“En México ya existen centros de entrenamiento para menores”, relata a BBC Mundo Carlos Cruz, un expandillero que ahora dirige la organización Cauce Ciudadano, que ayuda a muchachos que salieron de circuitos de violencia en su país.

No exagera. El crimen organizado que opera en diversos puntos del Estado mexicano aprovecha las protecciones legales que gozan los menores y por ello los utiliza para la comisión de delitos.

Y el problema no es sólo de México. Estas bandas criminales extendieron su alcance hacia otros países y también “reclutan” niños y adolescentes en Guatemala y El Salvador.

“Nos involucran desde muy pequeños en pandillas y en el tráfico de sustancias. En mi grupo éramos 23 cuando teníamos 13 años y sólo tres llegamos vivos a los 17 años”, relata Cruz.

Carlos se salvó de lo que él llama “una estrategia paramilitar para aprovecharse de los niños” y ahora trabaja para salvar a otros.

No es fácil. En 2015, una comisión especial guatemalteca denunció que las bandas criminales mexicanas se aprovechan de menores para tres fines: comisión de delitos, explotación laboral y explotación sexual.

4.000 menores no acompañados fueron repatriados de México a Guatemala en 2014 y sólo en el primer semestre de 2015 esa cifra aumentó.

Muchos de estos niños y adolescentes fueron cooptados, engañados o secuestrados por el crimen organizado.

Una vez en manos de las bandas o pandillas, primero aprenden a ser “correos” del narcomenudeo, después empiezan a asaltar y finalmente son entrenados para ser sicarios.

Aunque suene difícil de creer, los reportes policiales y testimonios tomados en las cárceles revelan que todo ese aprendizaje puede empezar desde los seis años y culminar antes de los 13.

Nos involucran desde muy pequeños en pandillas y en el tráfico de sustancias. En mi grupo éramos 23 cuando teníamos 13 años y sólo tres llegamos vivos a los 17 años”
Carlos Cruz, ex pandillero mexicano y ahora líder de la organización Cauce Ciudadano.

El censo nacional de justicia estatal de 2015 realizado en México señala que casi 45.000 adolescentes son investigados en relación con delitos del fuero común.

Además, unos 5.000 jóvenes están presos por la comisión de delitos graves, de los cuales el 22% lo están por asesinato y homicidio.

El Comité de los Derechos de los Niños de Naciones Unidas es otra de las organizaciones que, al igual que Cauce Ciudadano, señala que uno de los factores que incide en estas cifras es el reclutamiento de menores en México por parte de la delincuencia organizada.

Una encuesta en centros de internamiento para adolescentes en conflicto con la ley realizada por la investigadora Elena Azaola para UNICEF y el gobierno mexicano, revela que en las colonias o barrios donde estos muchachos crecieron era fácil conseguir drogas y armas.

Además, 25% de los menores señalaron que en sus barrios existían muchas pandillas y en el 39% de los casos los jóvenes señalaron influencia de su entorno para la comisión de delitos.
Así eran las colonias en las que crecieron los adolescentes procesados en México
Características de la colonia donde vivían No
¿Las calles contaban con suficiente iluminación? 38%
¿Las calles estaban limpias? 45%
¿La mayoría de las viviendas estaba en buen estado? 41%
¿Había parques? 33%
¿Había deportivos o canchas de juego? 15%
¿Los vecinos se conocían? 7%
¿Los vecinos se ayudaban entre sí cuando tenían algún problema? 31%
¿Consideras que era una colonia segura? 41%
¿Consideras que había mucha violencia en tu colonia? 74%
¿Se podían conseguir drogas fácilmente? 60%
¿Se podían conseguir armas con facilidad? 77%
¿Había muchas pandillas en tu colonia? 75%
Los amigos que tenías en tu colonia, ¿tuvieron alguna influencia en el delito por el que estás en este centro? 71%
Fuente: Encuesta en centros de internamiento para adolescentes en conflicto con la ley en cuatro estados, 2014. (SEGOB México – UNICEF México)


El coordinador de Cauce Ciudadano señala que el crimen organizado ha potenciado sus estrategias para cooptar menores por las políticas de criminalización y “guerra contra el narcotráfico” implementadas en México desde 2006.

“América Latina tiene que voltear a ver lo que pasa en México para saber cuál es el camino que no hay que tomar. Hagan lo contrario a lo que se hace en México porque sino el remedio puede salirles peor que la enfermedad, como a nosotros”, concluyó Carlos Cruz.
Salidas

¿Cómo hacer para que cada vez más chicos terminen como Carlos o Cecilio y no como el Peti?

Mientras los organismos internacionales y asociaciones que trabajan con jóvenes proponen estrategias de reducción de daños y reinserción útil, aumentan los políticos que plantean “mano dura” y reducción de la edad de imputabilidad.

En Brasil, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Perú o Uruguay, por ejemplo, ya existen propuestas legislativas para que los menores puedan ser procesados por delitos como si fueran adultos.

El experto de UNICEF José Bergua explica que debates sobre endurecimiento de penas “no son saludables” porque apenas atienden inquietudes de la población y no consideran todas las dimensiones del problema.

“Con una política de cárceles muchas veces (los jóvenes) salen peor. Hay que invertir en políticas preventivas que, además de todos sus beneficios, son más baratas que mantener a miles de menores en prisión”, explicó.
Al respecto, Santiago Ávila, coordinador de la organización hondureña Jóvenes contra la violencia, explicó a BBC Mundo que el sistema judicial hondureño no tiene una estrategia de rehabilitación apropiada.

Ávila recuerda que a él mismo le toco perder a su hermano víctima de la violencia y que sus antiguos compañeros de escuela “están asesinados o se volvieron parte de las pandillas”.

“Usamos los mismos métodos que las maras para reclutar a los jóvenes, pero lo hacemos para convertirlos en ‘embajadores de la prevención’. Promovemos voluntariados y programas educativos”, explica Ávila.

Sin embargo, los esfuerzos de Jóvenes contra la violencia, de Cauce Ciudadano o de Cecilio Torres todavía no son suficientes.

La escasa atención a los menores en barrios argentinos, el microtráfico de droga en las provincias centroamericanas, las pandillas y el crimen organizado en México son enemigos -por ahora- muy poderosos.

LA VENGANZA DE ARTURO BELTRÁN LEYVA "EL JEFE DE JEFES" COMO UNA "MALDICIÓN" QUE CAYO SOBRE EL GOBIERNO

marzo 26, 2017 // 0 Comentarios

Le llamaban El Barbas, El Botas Blancas o La muerte, pero sobre todo era El jefe de jefes. Arturo Beltrán Leyva, máximo dirigente del poderoso cártel de Los Beltrán Leyva una escisión del Cártel de Sinaloa su sola muerte significo un estallido de violencia en México especialmente en Guerrero.

Un hecho que quedo marcado en la guerra contra el narcotráfico y que demostraría que tan largos eran los tentáculos del narcotráfico, El Jefe de Jefes murió abatido en un operativo de la Marina de México un 16 de diciembre del 2009 tras la declaratoria de guerra del presidente Felipe Calderón en un claro favoritismo al Cártel de Sinaloa de acuerdo a varios analistas en temas de seguridad y que tras la ruptura de los hermanos Beltrán Leyva quienes en el 2008 rompieron con la federación de Cárteles ya que hicieron responsable al El Chapo Guzmán de estar detrás de la captura de Alfredo Beltrán Leyva El Mochomo en enero del 2008 en ese momento inicio la guerra de carteles y el gobierno de Felipe Calderón se veía claramente que en su lucha contra el narco favorecía al cártel de Sinaloa asfixiando y capturando a lideres de alta jerarquía de Los Beltrán Leyva, el gran golpe lo darían el 16 de diciembre del 2009 un año después de la ruptura con el cártel de Sinaloa caería abatido por la Marina Arturo Beltrán Leyva en Cuernavaca, Morelos, el jefe de jefes combatió a los infantes de marina hasta su ultimo aliento, el cuerpo del narco acribillado y envuelto en billetes de dólares y de 500 pesos fue exhibido en los medios de comunicación filtrado por la Marina de México.

La muerte del Botas Blancas no era la de cualquier narcotraficante y las consecuencias de su muerte se verían mas adelante Arturo Beltrán Leyva no era un cualquiera su poder se extendía desde Colombia hasta Estados Unidos, y para conseguir llevar ríos de cocaína desde un país a otro no tuvo inconveniente en comprar cuerpos policiales enteros de hecho tenia un contacto en los Pinos de apellido “Nahum” que estaba muy bien colocado en el Estado Mayor Presidencial y que le avisaba de los operativos en su contra.

La venganza por la muerte de Arturo no tardaría solo 6 días después de que fuera abatido Los Zetas que se habían convertido en aliados de Los Beltrán Leyva ordenaron la muerte de los familiares del marino que falleció y que participo en el operativo en contra de Arturo Beltrán, el marino identificado como Melquisedec Angulo y originario de Tabasco, sus familiares incluidas su madre, una hermana, un hermano y su tío fueron ejecutados por un comando armado en el municipio de Paraíso, Tabasco.

Sin embargo la verdadera venganza caería como maldición sobre el gobierno ya que Guerrero el estado mexicano alguna vez el símbolo del turismo en México se vería hundido en un clima de inseguridad y constante violencia desde el gobierno de Felipe Calderón y esto obedecería a que Guerrero era controlado casi en su totalidad por Arturo Beltrán Leyva quien mantenía a raya a otros grupos criminales nada se hacia sin su consentimiento del Jefe de Jefes y la pagaba quien la tenia que pagar, tras su muerte la ola de violencia estallo y las ejecuciones y muertes se hicieron de todos los días esto debido a que tras el debilitamiento de Los Beltrán leyva otros grupos criminales lo aprovecharon y que estos no eran creyentes a los códigos que manejaban los Beltrán Leyva educados en la vieja escuela de Miguel Angel Felix Gallardo de solo dedicarse a su negocio que es la producción y comercialización de drogas, los nuevos grupos criminales no seguían estos códigos y cometían crímenes como el secuestro y el asesinato de inocentes que llevaron a Guerrero a altos indices delictivos.

Actualmente el clima de violencia sigue en Guerrero que a cobrado facturas a los nuevos gobiernos y que incluso a llevado al actual gobierno de Peña Nieto a los niveles mas bajo de aprobación como fue el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa que llevo a una crisis en el gobierno de Enrique Peña Nieto, estos grupos criminales que emergieron tras la muerte de el Jefe de Jefes hicieron de Guerrero un cementerio y uno de los lugares mas violentos del mundo, si Arturo Beltrán Leyva no hubiese muerto tal vez la historia de Guerrero seria diferente…

"San Ignacio protector" la historia de Nacho Coronel el narcotraficante que protegió a Guadalajara de la entrada de Los Zetas

marzo 22, 2017 // 0 Comentarios

La muerte de Nacho Coronel pasmó a los tapatíos. Nadie tenía claro si se trataba de una buena o de una mala noticia. El jefe de la plaza, el hombre fuerte del Chapo Guzmán en Guadalajara, el que nos protegía de la llegada de los Zetas, el intocable, había sucumbido tras un operativo del Ejército Mexicano que irrumpió en la casa del capo en Colinas de San Javier, una colonia de clase alta y grandes caserones. La noticia se corrió de boca en boca con una mezcla de morbo y miedo. Cada uno le iba agregando un poco para hacerla más interesante, más alarmante, más fuerte.

Una hora después de confirmado el deceso, el presidente Felipe Calderón aterrizó en Guadalajara para inaugurar el estadio Omnilife, la nueva sede de las Chivas, el equipo más popular de México. El orgullo estaba a flor de piel: el “mejor estadio del mundo” para el “mejor equipo del mundo”. La noche del 29 de julio de 2010, Guadalajara era una estampa viva de su eterna contradicción: la ciudad pujante, echada para adelante, la que presumía ser, en ese momento, una de las más seguras de México y Latinoamérica tenía miedo y orgullo.

En las redacciones de los periódicos, ambas notas competían por la cabeza. La muerte de uno de los narcotraficantes más buscados del país frente a la inversión privada más importante de la historia de la ciudad. La caída de “San Ignacio protector”, el que nos había vendido la idea de que Guadalajara era segura porque él era el factor de estabilidad de la violencia, frente a la consagración del “Templo Mayor” del Rebaño Sagrado. La nota que irrumpe, que traspasa como una bala de alto poder amenazando la tranquilidad de la ciudad frente a la nota esperada, la que no sorprende pero sí enciende el orgullo local.

Ignacio Coronel llegó a Guadalajara de la mano de Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los Cielos, a principios de los años noventa. Coronel se había convertido en uno de los hombres de confianza del gran introductor de cocaína a Estados Unidos y jefe del cártel de Juárez. En Guadalajara, una plaza disputada por los cárteles de Sinaloa y Tijuana, el Señor de los Cielos había logrado sumar a sus filas nada menos que al jefe de la XV Zona Militar, el general Jesús Gutiérrez Rebollo. Junto con Juan José Esparragoza, el Azul, Coronel trabajó la plaza de Guadalajara para el cártel de Juárez y consolidó el negocio de las metanfetaminas. En 1993, Nacho cayó de la gracia de el Señor de los Cielos y fue detenido en Sinaloa con un cargamento de droga. A los pocos días salió libre gracias a la intervención de un abogado enviado desde Guadalajara por la mano derecha de Guzmán Loera: el Mayo Zambada. Meses después, el comandante que lo detuvo fue asesinado, y Nacho se unió a las filas de Sinaloa.

Fueron años de cambios acelerados en las mafias de la droga en Guadalajara. El asesinato del cardenal Posadas llevó a Joaquín el Chapo Guzmán Loera a la cárcel y convirtió a los Arellano Félix en el cártel más perseguido. La muerte de Amado Carrillo durante una operación de cirugía plástica y el rápido ascenso y caída del general Gutiérrez Rebollo, quien fue nombrado zar antidrogas y luego aprehendido por sus ligas con el cártel de Juárez, cambió radicalmente la situación de la Perla Tapatía; vinieron los mejores años para la seguridad en la ciudad y también para Ignacio Coronel, que se convirtió en el King of Ice (el rey del cristal).

Tras la fuga del Chapo Guzmán de la prisión de Puente Grande en 2001, Coronel participó en la reunión de capos en la que se creó la llamada Federación, el primer intento de unificación de un gran cártel. Nacho Coronel se quedó con el negocio de matanfetaminas y el control del puerto de Manzanillo y los estados de Colima, Jalisco y Nayarit. Tres años después, la Federación se rompió en una cruenta guerra interna que ganaron el Chapo y sus aliados, entre ellos el Mayo Zambada, el Azul Esparragoza y Nacho Coronel.

Con la plaza bajo control y el negocio al alza, el poder de Coronel floreció. Era el operador de confianza de Guzmán y tuvo infiltradas las instituciones policiacas y de justicia en Jalisco. Mientras que en decenas de ciudades de México la seguridad se salía de control y el crecimiento de los Zetas destrozaba la tranquilidad de plazas como Monterrey, Aguascalientes, Torreón y Cuernavaca, Guadalajara vivió su mejor momento. El mito de que los Zetas no entraban a Jalisco y Colima porque Nacho Coronel mandaba en esta plaza creció a gran velocidad y pasó de ser un rumor entre la fuente policiaca a una “gran verdad” creída y difundida por las clases medias y altas de la ciudad: Nacho nos protege a todos; él tiene un mejor sistema de espionaje que la policía, y les pasa el pitazo cuando vienen los Zetas; cuando pasa Nacho Coronel, los policías lo escoltan; dicen que vive en Colima y se le vio en una boda con el gobernador; no es cierto, deciden otros, vive en Guadalajara a todo lujo; el Chapo se vino a vivir a Puerto Vallarta porque aquí lo protege Nacho… Su poder crecía al mismo ritmo que los mitos y los rumores.

La fiesta se acabó en abril de 2010, cuando en el hotel Green Bay, de Riviera Nayarit, un comando vinculado a los Zetas capturó y mató a Alejandro, uno de los tres hijos de Coronel, de sólo dieciséis años. Nacho perdió el control. La venganza marcó los últimos meses de su vida. Ejecutó a todos los que habían participado en el secuestro y muerte de su hijo y fue hasta Hermosillo para secuestrar a la esposa de Héctor Beltrán Leyva, el H, pero tres semanas después decidió regresarla viva con mensajes que aludían al respeto que se debía tener por las familias.

La suerte del capo cambió. Las murmuraciones ahora señalaban que venían por él. Cuando se veían militares o marinos en la ciudad, de inmediato corría el rumor de que había detenido a Nacho Coronel. El capo sabía que su hora había llegado. Los últimos quince días no salió de la casa de Paseo de los Parques, en Colinas de San Javier, donde estaba resguardado. Hasta ahí llegaron los militares la tarde del 29 de julio de 2010. Cerraron las calles, tomaron las casas vecinas y fueron por él. Hubo balacera y detonaciones de granadas.

Una bala en el tórax y otra en el abdomen acabaron con el capo, pero no con los mitos. La falta de una foto del cuerpo abatido en la casa donde fue capturado generó de inmediato el rumor de que en realidad no estaba muerto. El miedo se apoderó de los tapatíos, los rumores de venganzas por la muerte de Coronel y de que los Zetas tomarían la ciudad corrieron de inmediato. En silencio, Guadalajara lloraba la muerte de “su protector”…..

La casa de Paseo de los Parques

Cuando quisieron entregar la casa de Paseo de los Parques a un centro de investigación estaba semidestruida: los lavabos y escusados arrancados, algunos vidrios rotos, los pisos levantados. Había aún huellas de los antiguos moradores: cuadernos abiertos con la tarea a medio hacer, libros de escuela, juguetes, cobijas y almohadas; un tejido aún ensartado en las agujas con el estambre ya pardo por el polvo, todo tal como quedó el día de la huida, como si la vida cotidiana se hubiera congelado en el momento del pitazo. “¡Sálganse que vienen por ustedes!”. Había también huellas de los nuevos moradores, los judiciales que cuidaban la casa incautada: botellas de brandy vacías, cajas de pizza en el suelo, refrescos a medias en los rincones, revistas malas, pésimas y pornográficas.

Esta y otras propiedades incautadas al Azul Esparragoza tras su detención en los años noventa se ofrecieron a centros universitarios y de beneficencia social. Era una forma de regresar a la sociedad el producto de la guerra al narco.

El centro de investigación al que le ofrecieron la finca declinó la oferta. Meses después, una casa hogar para niñas desamparadas la aceptó y en ella atendió y dio hogar por varios años a cuarenta niñas.

Un buen día comenzaron las presiones del gobierno para que desalojaran la casa. Primero argumentaron quejas de los vecinos, que insistían que en la colonia no estaba permitido que hubiera un hospicio y que era muy molesto vivir al lado de tantas niñas pobres. Después sostuvieron que las niñas deberían ir a un mejor lugar y que la fundación no tenía los recursos suficientes para mantenerlas. Finalmente “les encontraron” un nuevo hogar a las niñas en Tepatitlán, bajo la custodia de una monja, y obligaron a la fundación a dejar la casa.

A los pocos meses del desalojo, el Azul recuperó sus casas y terrenos que el gobierno, con gran diligencia y eficiencia, hizo el favor de limpiar de inquilinos para que no hubiera problemas con la posesión.

Ahí, en la finca que ya había sido cateada e incautada por la Procuraduría General de la República (PGR), cedida a una institución de beneficencia y devuelta a un narcotraficante, gracias a los buenos oficios de jueces y funcionarios, en esa misma casa fue cazado Nacho Coronel.

Nacho Coronel no se fue solo. Detrás de la muerte del protector llegaron las ejecuciones, algunas de ellas a grandes personajes, otras, la mayoría, a sicarios y traficantes menores.

Uno de los peces gordos ejecutados fue Gilberto, el Gil, Murillo, un ex policía de la Dirección Federal de Seguridad que manejaba los asuntos vinculados al Poder Judicial para el cártel del Chapo. Instalado como secretario de juzgado de segunda instancia movía a su antojo expedientes judiciales. Avecindado en Puerto Vallarta, Murillo era un tipo afable que no dudaba en avisarle a las personas que iba a afectar judicialmente con sus maniobras o en ofrecer matar a quien le había bajado la novia a un compañero de cantina. Lo mataron a plena luz del día mientras circulaba por la avenida 8 de Julio, unos metros antes de llegar al Periférico. Un auto Sentra lo alcanzó y desde ahí le dispararon ocho tiros. Nadie más salió lesionado.

Vino después el asesinato de Javier García Morales. Aunque su gente cercana asegura que “no tenía enemigos” y nada tenía que ver el cártel de Sinaloa, el hijo del ex secretario de la Reforma Agraria en el sexenio de José López Portillo, Javier García Paniagua, y nieto del secretario de la Defensa con Gustavo Díaz Ordaz, el general Marcelino García Barragán, había aparecido como uno de los narcotraficantes más buscados en la llamada “macroaveriguación” de la PGR sobre narcotráfico a fines de los noventa. Nunca fue capturado. Por el contrario, años después apareció como secretario general adjunto del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

A García Morales lo ejecutaron en un café de la colonia Providencia a las once de la mañana. Alguien lo había citado ahí para un asunto de negocios. “Lo pusieron”, dicen sus amigos. En la iglesia de la Madre de Dios, en contraesquina del café, lo estaban esperando un sicario y un motociclista. Cuando García Morales llegó, solo, entregó las llaves al valet parking y se dirigió a la entrada del café. El sicario cruzó la avenida Providencia en diagonal con la pistola en la mano apuntando al suelo. Llamó a García Morales por su nombre y, cuando éste volteó, levantó un poco la pistola y le tiró el primer balazo en una pierna. Inmovilizado y en el suelo, Javiercito, como se le conocía en el ambiente político, recibió otros cuatro tiros en el pecho y cabeza. La moto se emparejó a la altura del sicario y, tras el último disparo, arrancó en sentido contrario por Providencia. Mientras todos los testigos volteaban a ver la moto, el sicario se retiró caminando por la calle Bogotá, donde otro cómplice ya lo esperaba.

Las ejecuciones siguieron. No había un patrón definido, tampoco una reivindicación. Era un simple cambio de mando, de cuadros, de aliados, pero salvo algunos sobresaltos, la vida seguía en la ciudad.

Estampa II
¿Dónde estás, pinche enano?
Cuando salió del circo con el enano en brazos soltó la carcajada. De todas las travesuras, abusos de autoridad, desplantes que había hecho en su vida éste era sin duda el peor. Siempre había querido tener un enano, era el delirio de alcohol con sus amigos. Desde que cumplió deciséis años, en medio de aquella borrachera se prometió a sí mismo que tendría un enano. “¿A poco no sería de poca madre tener un enano que nos traiga los tragos?”.

Lo pagó de contado y en dólares. Todavía tuvo el arrojo de regatear: “¿Cuánto si me llevo al enano y la cebra?”. Pero el dueño del circo ya se sentía lo suficientemente mal con haber vendido al enano payaso como para encima vender la cebra. Era un circo pobre, pero no un pobre circo. El caso es que le habían llegado al precio, le ofrecieron una cifra que el circo no había visto junta en su vida, y lo vendió.

Ahora sí, cabrones, ya tenemos quien nos haga los tragos, nos limpie las botas y nos pase el encendedor cuando se nos caiga debajo de la mesa. La banda celebró la ocurrencia del jefe. Si algo habían aprendido desde que estaban en la prepa es que con el jefe no les faltaría nada, siempre estarían protegidos de los enemigos, de la policía, de la justicia y hasta de sus propias pendejadas. A cambio sólo había que festejar cuanto chiste u ocurrencia tuviera. El jefe era jefe porque era hijo del mero jefe.

El Tigrito creció con la absoluta certeza de la impunidad. Su abuelo había sido gobernador del estado. Su padre, médico, creció en las filas del partidazo, un verdadero cachorro de la revolución, en los tiempos en que a los cachorros los seleccionaban conforme a sus cualidades: había los obedientes, los bravos, los entreñables. La revolución los necesitaba a todos en el partido, pero a cada uno en su lugar. El padre era de los bravos, de los que sabían morder aunque aparentara ser de clase. El Tigrito, por el contrario, era un cachorro echado a perder.

Los primeros jales fueron al amparo de su padre, o más bien, de la gente de su padre. Desde las oficinas de la Dirección Federal de Seguridad, el muchacho realizó sus primeros secuestros exprés, levantones de fin de semana a amigos ricos con los que se codeaba en el hípico o en el Raquet Club. Era un negocio de cuates, decía él. “No les hacemos nada, sólo es para que colaboren con la causa, con que salga pa’l pedo y la coca ya la hicimos”, y por supuesto todos se lo festejaban, incluido el enano, ahora rebautizado como Memito, que a esas alturas ya traía una pistola 45 que caía un poco abajo de la rodilla.

Pasar del secuestro al tráfico fue sólo cuestión de oportunidades. Su padre tenía el encargo del régimen de cuidar que el negocio de las drogas no se “saliera de madre”, como acostumbraban decir en el rancho. A chingadazos, pero el Tigre los metió en cintura, puso cuotas de todo: de volumen, de mochada y niveles de involucramiento. Si alguien se salía del orden, pasaba a mejor vida.

Así aprendió Memito que en el crimen organizado lo primero es el orden. Nadie trae una pistola más grande que la del jefe, nadie trae una vieja mejor que la del jefe, y el respeto se gana obedeciendo. Ese martes Memito no estaba. La artritis le estaba deformando los huesos, y los dolores, aunque nunca se quejara enfrente de su jefe, eran ya insoportables. Memito salió del rancho —en las faldas del volcán de Tequila— el lunes para tomar el avión a México, donde lo atendería un especialista en el hospital militar. El Tigrito salió solo. Nunca volvió. Cuando escuchó el primer balazo, volteó buscando a su pequeña escolta. ¿Dónde estás, pinche enano?

El narco es una expresión que lo envuelve todo. En Guadalajara es el crimen organizado, el inversionista más importante, la explicación de cualquier fortuna y la de cualquier infortunio. Todo lo que pasa, lo bueno y lo malo, se explica con el fenómeno del narco, una noción tan falsa como extendida. El narco se convirtió en el Leitmotiv de la narrativa de Guadalajara. El índice criminal subió, bajó y volvió a subir a causa del narco. Los tapatíos no pensaron que el índice de muertes por cada cien mil habitantes había caído de diecinueve a cuatro por los buenos oficios del gobierno, sino porque el narco había dejado de pelear la plaza. Una parte de esa visión es absolutamente correcta y real: desde que el general Gutiérrez Rebollo cayó en desgracia, las ejecuciones bajaron en la zona metropolitana de Guadalajara. No había quién le peleara la plaza a la sociedad Guzmán-Coronel, y Guadalajara se quedó sólo con los muertos de cada día, los que no estaban vinculados al tráfico de drogas, pero no menos importante para la reducción de la violencia fue la reconstrucción de la procuraduría, la creación de un grupo antisecuestros de alto nivel, la limpia de policías municipales, etcétera. Pero para efectos populares, la época de la “pax narca” comenzó cuando hubo un solo líder, la gente de el Chapo, y dos grandes operadores, Nacho Coronel y el Lobo Valencia.

Ordenados, socialmente rechazados, pero en el fondo aceptados, los narcos estaban en todos lados y en todos lados estaba el narco, pero Guadalajara estaba en paz. De vez en vez ocurría algún evento sangriento relacionado con el narcotráfico, pero el nivel de tolerancia era cada día mayor; frente a la violencia desplegada en Tamaulipas, Monterrey o Torreón, Guadalajara era el paraíso. Estaban ahí, todo el mundo lo sabía, pero no eran como esos Zetas descuartizadores o como aquellos bárbaros que mataron al cardenal o pusieron una bomba en una fiesta de quince años. Comenzó incluso a hablarse de los narcos bien, esos que hasta gusto da que te inviten a una fiesta.

La subcultura del narco salió del clóset. La sociedad los rechazaba, pero para ellos dejó de ser vergonzoso, llegó incluso a convertirse en un estilo de vida. Música de banda, prendas de marca, de preferecia Polo o Versace, accesorios Louis Vuitton, botas buenas, cuerpos exageradamente musculosos por el gimnasio o las prótesis tomaron las calles, los antros y las redes sociales. Entre ellos se hacen llamar chacas, jefes entre los indígenas de Sinaloa; y a la mujeres las llaman coñitas. En los antros de moda, los jueves son de chacas. Quien no quiere verlos simplemente no va ese día. El desfile de autos de lujo y guaruras por Avenida Patria se hizo impresionante. Nadie los molesta y ellos no molestan, más allá de exigir, por la vía de los hechos, derecho de paso y alguna muestra de humildad ante el chaca: no les pites, no les reclames, no los veas.

Las fiestas de los chacas comenzaron a circular en las redes sociales. Se presumían como las mejores del fin de semana. Ahí estaban algunos de los apellidos de alcurnia tapatía junto con los apellidos de los narcotraficantes ricos (los hijos de los grandes narcos, de sus operadores financieros, de sus abogados) y, por supuesto, hijos y sobrinos de los políticos en turno. Son los narcos bien, los que están en los colegios de paga más caros, los más estrictos, los de los grupos católicos más conservadores. Estudiaban juntos, jugaban futbol juntos, sabían que juntos son más poderosos y que algún día harán negocios inmobiliarios juntos y quizás en la próxima generación hasta se mezclen, aunque por lo pronto eso está prohibido.

Las torres de departamentos aparecieron en la ciudad como hongos en temporada lluvias. Las torres cambiaron el horizonte del poniente de Guadalajara. Todo se vendió; menos de 30% estaba habitado. La economía iba bien, pero sobre todo el dinero circulaba. Aparecieron más y mejores restaurantes, nuevos hospitales, tiendas de lujo. Guadalajara ya no fue más un rancho grande. La ciudad creció, maduró, se empoderó frente al centro. Era una dinámica que iba mucho más allá del narco, que tenía que ver con un ciclo económico positivo, con el desarrollo de una nueva agroindustria, del cluster de la electrónica, de un gran crecimiento de la industria farmacéutica. Pero para los tapatíos lo que era claro y tangible era que la bonanza tenía que ver sobre todo con la paz entre los grupos criminales.

La caída del Lobo Valencia es el primer síntoma de que la guerra estaba a punto de estallar, pero nadie tenía los elementos para leer lo que se venía. El 28 de octubre de 2009, en una cateo a una casona en Tlajomulco de Zúñiga, en los valles del sur de la zona metropolitana de Guadalajara, encontraron y detuvieron a Óscar Orlando Nava Valencia, el Lobo, quien en 2003 heredó el liderazgo del cártel del Milenio tras la detención del fundador, su tío Luis Valencia. Como nuevo líder, el Lobo pactó con la nueva Federación que estaba creando Joaquín Guzmán y le dio un nuevo giro a su organización: pasó de la siembra y distribución de mariguana a la importación y distribución de cocaína a través del puerto de Manzanillo controlado por Guzmán y operado por Coronel.

Como toda detención de un capo de cierta importancia, el gobierno lo festejó. El Lobo apareció como un hombre de gustos excéntricos, que gustaba de convertir sus armas en joyas: pistolas bañadas en oro o con su apodo grabado con diamantes en la cacha. Mientras el gobierno cacareaba su triunfo y presumía su logro, al interior de la organización del Lobo la paz estaba por estallar.

Muerto el líder, una parte del grupo planteó como estrategia fusionarse con el grupo de Coronel, a otros, los que venían con la organización de tiempo atrás, eso les pareció impensable. Se negaron a desaparecer como cártel y formaron La Resistencia, un grupo que busca mantener su identidad, pero sobre todo su independencia en el negocio. Sus antiguos aliados se convirtieron en sus enemigos. Asesinaron cruelmente a algunos de los que habían pactado con Nacho Coronel. Junto con un mensaje que decía: “Esto le pasa a los torcidos”, cinco cabezas aparecen en una hielera. La guerra comenzó.

Estampa III
Shakespeare regresa
Se querían mucho. Difícilmente podían encontrar dentro de la escuela donde estaban a alguien tan semejante. Venían de la misma cultura, tenían los mismos gustos, habían sufrido el mismo miedo, el mismo desprecio, la misma sensación de no pertenecer a ningún lado, el desarraigo que experimenta el que vive huyendo.

Se conocieron desde muy chicos, en primero de primaria, pero no fue hasta ya entrada la secundaria cuando el rechazo de los otros los fue juntando. Ser hijo de narco es una tarea que se va complicando con la edad. De niño se nota poco, pero conforme va avanzando la conciencia crecen la vergüenza y el odio, la prepotencia y la soledad. Para un hijo de narco, el mundo se divide en dos: los chacas, como ellos, y los demás. El tiempo va juntando a los chacas con los chacas, se reconocen, se identifican, se saben, se huelen. Es la misma ropa, las mismas marcas, la misma música, el mismo cinturón, los mismos autos, el mismo lenguaje en el Facebook, la misma manera de imponer el dinero sobre el rechazo, porque saben que los podrán rechazar a ellos pero a su dinero jamás. Por eso están ahí, en un ambiente en principio hostil: de escuelas caras y niños pijos, pero a la larga útil, pues entre sus compañeros están hijos de políticos y de empresarios.

El noviazgo de Lizette y Alonso comenzó a los doce años. Se fueron, los fueron, separando hasta que quedaron solos en el rincón del salón. Como todos los noviazgos de esa edad, el suyo consistía únicamente en pequeños coqueteos y montones de cursilerías. Pero cuando llegaron a los quince, el noviazgo fue más intenso y más visible. Era para ellos una relación perfecta, salvo por un detalle: sus padres eran de cárteles diferentes.

Un día el padre de Lizette apareció en el colegio y, con toda la prepotencia de que fue capaz, le advirtió al director de la secundaria que el noviazgo de su hija con Alonso estaba prohibido. No explicó las razones, pero no era necesario, todos las entendieron. Tampoco acataron las órdenes, sólo fingieron seguirlas. Lizette y Alonso se siguieron viendo a escondidas; el maestro de matemáticas les hacía el paro y los dejaba estar en el salón a la hora del recreo.

Lo que terminó por separarlos fue una bala, no contra ninguno ellos, sino contra el tío de Lizette que cayó abatido, como tantos otros, en una banqueta de la ciudad. Lizette y su familia desaparecieron de un día para otro sin dejar huella, como había sucedido al menos en dos ocasiones anteriores. Como todo narco que se precie se fueron a vivir a Estados Unidos, porque, eso sí, todos tienen visa, cuando no green card. Alonso lo sabe, los compañeros lo saben, los políticos lo saben, los diplomáticos saben… Shakespeare está de regreso.

Los Torcidos aparecieron en un video en Youtube vestidos con traje militar negro, armas largas y capuchas. “Nosotros no estamos contra la sociedad, por el contrario, queremos protegerlos…, somos el cártel Jalisco Nueva Generación”, decía el video que fue ya retirado del canal de internet. Asumidos como cártel protector de la sociedad jalisciense, los Torcidos buscaron llamar la atención del gran jefe declarando la guerra a los Zetas. Aparecieron los primeros bloqueos como desplantes de fuerza, pero sin tocar a la población civil. Hubo más cabezas, y ejecuciones. Comenzaron a hacerse evidentes los signos de que algo realmente se rompió.

La caída de Nacho Coronel fue el punto de quiebre. Tras unos días de tranquilidad comenzó la descomposición y el reacomodo. En un arranque violento, el cártel Nueva Generación se asumió como mata-Zetas. El nuevo cártel le declaró la guerra a la organización del norte, y en septiembre de 2011 fueron hasta Boca del Río, Veracruz, a hacer una “ofrenda” de treinta y cinco cadáveres justo frente a la reunión de procuradores de los estados. La respuesta tardó pero llegó. Los Zetas, urgidos de un brazo armado en Jalisco, hicieron un pacto con la organización de La Resistencia, a la que proveyeron de armas y sueldos para su estructura. Dos meses después, debajo de los inconclusos Arcos del Milenio, en Guadalajara, los Zetas y sus nuevos socios abandonan veintiséis cadáveres, algunos de ellos vinculados al cártel Nueva Generación, pero la mayoría inocentes.

La secuencia continuó. Los veintitrés muertos del grupo de los Zetas, colgados y descabezados en Nuevo Laredo, Tamaulipas, fueron vengados con dieciocho descuartizados, en la carretera de Guadalajara a Chapala, y cuarenta y nueve más en Cadereyta, Nuevo León.

La persecución de la Policía Federal se hizo presente. La detención de dos de los mandos principales del cártel Nueva Generación, Erick Valencia, el 85, y Nemesio Oseguera, el Mencho, generó el peor día de terror en la ciudad. Tras un operativo en el que la Policía Federal utilizó un colegio del Opus Dei con niños dentro como base de operaciones, el cártel respondió con una serie de narcobloqueos que paralizaron la ciudad, primero por un problema vial, pero sobre todo por el miedo. La tarde del viernes 9 de marzo de 2012, Guadalajara se arrepintió de todo el consentimiento que había tenido con el narco a lo largos de los años.

La persecución continuó. A lo que quedó de la resistencia en la Ribera de Chapala, le pegaron el Ejército y la Policía Federal. Al cártel Nueva Generación lo dejaron sin cabezas. Todos parecía a favor de las fuerzas federales, hasta llegar a presumir que habían detenido en Guadalajara a Alfredo el Gordo Guzmán Salazar, supuesto hijo del Chapo. Veinticuatro horas después, la noticia fue desmentida. La sensación de control se vino abajo.

¿Quién para?, ¿quién gana esta guerra?

A pesar de todo, en Guadalajara la vida sigue igual, nada ha cambiado. El orgullo y el prejuicio, el odio y la envidia, la complacencia y la complicidad. Nada ha cambiado, salvo que los tapatíos sienten que han perdido algo, algo que no saben cómo describir, ni dónde lo perdieron; algo intangible, pero que saben que ya se fue: la “paz de los narcos”. 

Operativo Chihuahua: Castigo a militares… hasta cierto punto

marzo 19, 2017 // 0 Comentarios

El miércoles 8 la Suprema Corte confirmó la pena de prisión impuesta al teniente coronel José Julián Juárez Ramírez por el caso de la desaparición forzada y tortura de José Alonso Herrera Andrade, ocurridas en 2009 durante la aplicación del Operativo Chihuahua. Si bien Juárez no participó directamente en los hechos, sí lo hicieron tropas bajo su mando y eso bastó para condenarlo.

Pasadas las 10:00 horas del 5 de marzo de 2009, José Alonso Herrera Andrade estaba en su domicilio, en Ojinaga, Chihuahua. Se preparaba para almorzar cuando desde la cocina, él y su esposa vieron por la ventana a un soldado que pasó frente a la casa. En seguida, una camioneta pick up Ford, color verde militar, se estacionó frente al inmueble.

Bajaron más uniformados y tocaron a la puerta. Herrera Andrade preguntó desde adentro: “¿Qué se les ofrece?”

Sin responder, un soldado abrió la puerta de un golpe; de inmediato jaló a Herrera y lo sentó en una silla que estaba en el patio, mientras un grupo de militares entraba a la casa. Le preguntaron a la mujer si tenían armas o droga. Ante la negativa, empezaron a revisar por todas partes y a ella la retuvieron en una habitación.


Salieron después de revolver y tirar todo, pero uno de ellos se quedó vigilando a la mujer. Por la puerta que se había quedado abierta, ella pudo ver cómo estaban golpeando a su esposo. Uno de los militares le pegaba en la cabeza con un arma larga, mientras otros lo pateaban. Luego se lo llevaron a unos cuartos desocupados del inmueble de alquiler. Ella ya sólo escuchaba los gritos de su marido.

Los militares le preguntaban por una determinada persona y le decían que lo habían estado vigilando y lo habían visto comprando el periódico. Él respondía que no conocía por quien le preguntaban y que nada de lo que le decían era cierto. Lo siguieron golpeando y le quitaron mil 400 pesos que traía.

Al cabo de unos 15 minutos escuchó una voz de mando que gritó: “¡Ya vámonos!”. El soldado que custodiaba a la mujer salió de la casa, y en seguida ella escuchó que prendieron un carro y se fueron.

Se asomó por una ventana, pensando que vería a su esposo tirado, lastimado. Pero no estaba. Corrió entonces hacia la puerta y alcanzó a ver que los soldados se lo llevaban en la caja de la camioneta en la que habían llegado, seguidos de un Mitsubishi rojo que le habían prestado a su esposo, conducido por un militar.

Alarmada, llamó a sus familiares para contarles lo sucedido. Se encontró con su cuñada y su concuña y se dirigieron al cuartel militar localizado en la carretera a Camargo, la Tercera Compañía de Infantería No Encuadrada (CINE), que estaba al mando del teniente coronel de infantería José Julián Juárez Ramírez.

Cuando llegaron a la instalación militar, le preguntaron a uno de los soldados de guardia por su familiar. Les pidió que se identificaran y la esposa lo hizo con su credencial de elector. A las otras dos mujeres les dijo que no podían estar ahí, que la interesada era la esposa.

El soldado de guardia se dirigió a una oficina y al poco rato regresó y le dijo: “Aquí no han traído a nadie. Retírese, por favor”. La hermana de Herrera Andrade se acercó y le reclamó. “Cómo que no. Ahí está el carro que se trajeron de la casa”, y señaló hacia el estacionamiento de la CINE.

El militar entonces les dijo que no podían ver a su familiar porque se lo habían llevado al Ministerio Público. “Vayan a verlo allá. Y ya retírense”, ordenó.

“Por eso me trasladé a esta oficina, para ver si puedo tener alguna información de mi esposo, ya que desconozco por qué se lo hayan llevado, ya que ellos mismos revisaron mi casa y ahí no había nada ilícito”, relató la esposa ante el Ministerio Público en Ojinaga, al poner ese mismo día, 5 de marzo de 2009, una denuncia por la desaparición de su esposo.

No volvieron a saber nada de él sino hasta un mes después, cuando elementos de la Tercera CINE lo pusieron a disposición del Ministerio Público, acusado de posesión de droga y de armas. Los militares aseguraron que lo habían detenido unas horas antes durante un patrullaje en Ojinaga.

Sesiones de tortura

En su declaración ministerial, José Alonso Herrera Andrade negó el parte militar y aseguró que había sido detenido por el Ejército desde hacía un mes. Relató que después de que lo sacaron de su casa lo llevaron a unos departamentos que él administraba y eran rentados por unas empleadas aduanales. Los militares le habían quitado las llaves y entraron, sin que Herrera pudiera ver lo que pasó adentro porque lo tenían con la cabeza hacia abajo.

Después se lo llevaron a la CINE. “En cuanto llegamos, me metieron a un cuarto o tejabán que ellos llamaban ‘la cabaña’. Primero me tiraron al piso como cinco minutos”. Unos soldados se quedaron vigilándolo y después llegaron otros dos militares. “Me sentaron en una silla y me pusieron una bolsa de plástico varias veces hasta que casi me asfixiaba. Casi me desmayé.

“Me golpeaban en el estómago y me amenazaron que me iban a matar, y uno de ellos me dijo: ‘Ya vino tu pinche vieja a llorar por ti, pinche viejo rajón’. Se burlaban de mí y más me golpeaban”, declaró.

En su relato asegura que también fue torturado con toques eléctricos, con cables que le pusieron en un dedo, en las costillas, en los testículos, el recto. La última descarga que recuerda antes de perder el conocimiento fue en la lengua y en una tetilla.

“No supe de mí hasta que ellos me despertaron. Los vi muy asustados y me dijeron que ya me alivianara, que ya no me iban a golpear. Y como no podía caminar, ellos mimos me cargaron y me pusieron a descansar en una esquina del cuarto. Después de un rato, otra vez empezaron a decir que ya les dijera dónde estaban las armas y la droga. Yo les contestaba que no sabía nada.”

Al otro día los militares llevaron a la CINE a otro civil a quien Herrera conocía. También a otros dos, de quienes por primera vez sabía de su existencia, y quienes dijeron ser de Parral, Chihuahua, y trabajar como jornaleros en Ojinaga. Los torturaron en presencia de Herrera. Después, a él le pidieron que acusara a su conocido de ser el encargado de un grupo delictivo en el lugar, y a quien también torturaron.

Herrera asegura que después siguieron agresiones sexuales a los cuatro detenidos y que en todo momento los mantuvieron con los ojos vendados. Relata que los efectivos del Ejército después llevaron a la CINE a otros civiles, incluido un anciano de 82 años, a un militar desertor y a dos hombres a los que describió como cholos.

“Todo el tiempo me maltrataron y me tuvieron incomunicado, sin dejarme saber ni de mi familia ni de nadie”, declaró ante el Ministerio Público.

Operativo Chihuahua

El parte militar dio otra versión. Aseguró que Herrera había sido detenido en un patrullaje castrense en el área urbana de Ojinaga, a las 12:40 horas del 6 de abril. Que fue detenido en aplicación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Control de Explosivos, así como de la Campaña Permanente contra el Narcotráfico, desplegada por el gobierno de Felipe Calderón el sexenio pasado.

Era apenas el primer año del Operativo Conjunto Chihuahua desplegado en marzo de 2008 y encabezado por el Ejército en ese estado como parte de la “guerra al narcotráfico”, declarada por Calderón al inicio de su gobierno.

Los elementos de la CINE estaban actuando bajo la Orden General de Operaciones II “Opn. Conj. Chihuahua”, redactada por el general de brigada Manuel de Jesús Moreno Aviña, comandante de la Guarnición Militar de Ojinaga, a la que pertenecía la Tercera CINE.

Moreno Aviña había elaborado esa Orden General de Operaciones de acuerdo con la Directiva para el Combate Integral al Narcotráfico (2007-2012), elaborada a partir de “la visión presidencial” para emprender la “guerra contra el narcotráfico”. El documento, clasificado como secreto por la Secretaría de la Defensa Nacional, así como la Orden General de Operaciones II, fueron reveladas en julio de 2014.

La directiva facultó a los jefes militares de todo el país para actuar con “amplia libertad de acción”, “amplia iniciativa” y “don de mando” para realizar “acciones contundentes” contra sus objetivos.

El Operativo Chihuahua le dejó un alto costo al Ejército, pero sólo hasta ciertos mandos. El general Moreno Aviña fue condenado en 2016 a 52 años de prisión por las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por elementos de la Tercera CINE, que estaba bajo su jurisdicción.

Ante las graves violaciones a los derechos humanos, el operativo se dio por terminado en 2009 y la justicia militar ordenó la detención de 31 elementos de la CINE, a los que responsabilizó de haber integrado un “pelotón de la muerte” que detuvo, torturó, asesinó y hasta se deshizo de varios civiles señalados como narcotraficantes.

La justicia militar hizo tabla rasa. De los 31 acusados, 13 han obtenido su libertad por falta de pruebas de su participación directa en el homicidio y tortura de los presuntos narcotraficantes del Cártel de Juárez, según informó el pasado 28 de febrero el abogado de la mayoría de ellos, Víctor Alonso Tadeo Solano.

Los otros 18 aún se encuentran en prisión acusados en su mayoría como autores materiales de la muerte y desaparición forzada de personas. Entre ellos, el comandante de la Tercera CINE, el teniente coronel de Infantería José Julián Juárez Ramírez.

Desde 2009 está preso en la cárcel militar de Mazatlán, acusado de robo, abuso de autoridad y desaparición forzada de José Alonso Herrera Andrade, quien después de un mes apareció con vida cuando el propio Ejército lo presentó ante el Ministerio Público.

El pasado miércoles 8, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación le confirmó la pena de prisión de cinco años a la que fue condenado por esa desaparición, al negarle un amparo en el que cuestionaba la constitucionalidad del artículo 215-A del Código Penal Federal, que tipifica la desaparición forzada de personas.

Su defensa, también patrocinada por Tadeo Solano, le pidió a la Corte que revisara esa disposición bajo el hecho de que el teniente coronel no participó en la detención de Herrera. El artículo establece que ese delito lo comete “el servidor público que, independientemente de que haya participado en la detención legal o ilegal de una o varias personas, propicie o mantenga dolosamente su ocultamiento bajo cualquier forma de detención”.

La defensa sostenía que el vocablo “independientemente” es vago e impreciso para castigar por ese delito, pero la Corte estableció que el adverbio da claridad respecto a la responsabilidad de los servidores públicos sin importar que hayan participado o no en la detención de la persona.

A propuesta del ministro José Ramón Cossío Díaz, la sala encargada de los asuntos penales y civiles que llegan al máximo tribunal determinó que la desaparición forzada de personas se comete con independencia de la participación material en el delito, que es castigado con una pena de entre cinco y 40 años de prisión.

La Primera Sala de la Corte estableció que la desaparición forzada constituye una violación múltiple de derechos humanos y que es particularmente grave cuando se acredita que forma parte de un patrón sistemático o práctica tolerada por el Estado. Además, consideraron que el artículo es acorde con los instrumentos internacionales suscritos por México, en particular la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas.

De acuerdo con esos instrumentos, dijeron, el delito tiene como “conductas típicas mínimas”, la privación de la libertad de una o más personas, seguida de una negativa a reconocer la detención, el ocultamiento de la víctima y/o una negativa a brindar información sobre el paradero o suerte de las personas.

Tadeo Solano sostiene que la responsabilidad de lo ocurrido en el Operativo Chihuahua no se ha podido conocer plenamente, pues ni la justicia militar ni la civil han aceptado que sean citados los mandos superiores a los jefes militares acusados.

Por encima del teniente coronel Juárez y del general de brigada Moreno Aviña estaban el entonces comandante de la V Zona Militar, el general de división Felipe de Jesús Espitia Hernández, responsable directo del Operativo Conjunto Chihuahua y actual coordinador de asesores del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas (ISSFAM).

Espitia estaba a su vez bajo el mando del comandante de la XI Región Militar, el general Marco Antonio González Barreda, quien al inicio del sexenio fue director del ISSFAM y en diciembre de 2014 pasó a retiro. En la ceremonia de su despedida, como orador principal, aseguró que “los errores cometidos son atribuibles a las personas que en un momento toman una decisión equivocada”.

Durante el Operativo Chihuahua, González Barreda estaba entonces bajo el mando directo del general secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván Galván, ya también retirado.

El Bukanas: de albañil en Cuyachapa a capo huachicolero

marzo 16, 2017 // 0 Comentarios

Saúl ‘N’, ‘El Bukanas’ es un hombre sanguinario que ha asesinado a una docena de policías en territorio poblano. Escapó el jueves cuando más de 500 elementos lo buscaban en los límites de Puebla con Veracruz. Controlaba las ordeñas al poliducto Minatitlán-México en los municipios que conforman el Triángulo Rojo y cobraba 50 mil pesos a bandas rivales por conectar sus mangueras para extraer el hidrocarburo. 

“Pélate, pélate carnal”, gritaban sus escoltas, entre ellos sus primos, en medio de la balacera en el municipio de Atzitzintla. No se llama Roberto como difundieron las autoridades locales sino Saúl, ‘El Bukanas’, que se escapó en una camioneta Dodge Ram color gris blindada rumbo a Ciudad Mendoza, Veracruz, territorio Zeta. Es un hombre sanguinario que ha asesinado a una docena de policías en territorio poblano.

Eran alrededor de las 14:00 horas del jueves 9 de marzo cuando más de 500 elementos de la Marina, Ejército, Gendarmería y policías locales rodearon carreteras y veredas que conectan los municipios de Atzitzintla, Esperanza y Palmar de Bravo. En la zona sobrevolaban al menos dos helicópteros, aunque no lograron capturar al capo huachicolero que controla las “ordeñas” al poliducto Minatitlán-México en los municipios que conforman el Triángulo Rojo (Palmar de Bravo, Quecholac, Acatzingo, Tepeaca, Acajete, entre otros).

No había pasado una hora que ‘El Bukanas’ encabezara la ejecución de tres agentes de la Fiscalía de Secuestros y Delitos de Alto Impacto (Fisdai) cuando sus halcones le avisaron que el gobierno de Antonio Gali Fayad había ordenado un megaoperativo para desarticular su banda, ‘Los Bukanas’ –una célula delictiva de Los Zetas– que controlaba el negocio de la gasolina robada, secuestros y extorsiones en los límites de Puebla y Veracruz desde enero del 2016 cuando cayó en desgracia el grupo criminal de ‘El Lalo’.

‘El Bukanas’ se dirigía a su casa de seguridad ubicada en la localidad de San José Cuyachapa, perteneciente a Esperanza –de donde es originario– cuando fue rodeado. En el lugar fueron aprehendidos sus escoltas, entre ellos sus primos quienes al momento de cubrirlo para poder escapar viajaban en un Corvette color amarillo.

El Bukanas cobra 50 mil pesos para dejar perforar los ductos de Pemex 

Desde niño, ‘El Bukanas’ siempre fue peleonero, recuerdan sus vecinos. Su madre –Flor– quien desde joven fue madre soltera perdió el control de su hijo. Lo crío en la comunidad San José Cuyachapa en Esperanza donde habitan mil personas.

Desde los 20 años, Saúl se dedicó a robar pero figuró en 2007 en el crimen organizado cuando fue reclutado por Los Zetas, cuya principal plaza ahora es Veracruz. En ese año, El Bukanas –quien fue bautizado así porque su whisky favorito es de la marca Buchanan’s –robó vehículos y asaltó camiones de transporte de mercancía sobre la Autopista Puebla-Orizaba.

Este delincuente que actualmente tiene 40 años, rápidamente escaló en el grupo criminal y lo dejaron crear su propia célula delictiva. Delegó responsabilidades en el negocio de los asaltos y se dedicó a extorsionar y a secuestrar. Posteriormente, encontró en las tomas clandestinas mayores ganancias.

Así, poco apoco fue controlando el poliducto Minatitlán-México que cruza en el Triángulo Rojo. Había operado con la complicidad de las autoridades hasta que el jueves pasado cayó junto con la mayoría de sus cómplices, entre ellos policías y el alcalde de Atzitzintla, José Isaías Velázquez Reyes.

‘El Bukanas’ se distingue por ser un sujeto inmisericorde. Hace un año empezó a cobrar derecho de piso a lo largo de un tramo del poliducto de Pemex. Cada huachicolero que no perteneciera a su grupo que buscara perforar el tubo le cobraba mínimo 50 mil pesos de cuota.

Hasta la semana pasada, tenía el control de al menos 30 tomas clandestinas en dicha zona. Sus huachicoleros repartían la gasolina robada desde Amozoc hasta Esperanza, a lo largo del también conocido ‘Triángulo Rojo’.

Un Zeta sanguinario que ha asesinado a policías

En la historia criminal del integrante de Los Zetas que burló a las autoridades el jueves pasado figura el asesinato de una docena de agentes policiales. Además de los tres ministeriales de la Fisdai que mandó a ejecutar porque investigaban a su pandilla por casos de secuestros en la región de Ciudad Serdán, ‘El Bukanas’ también es señalado por haber ordenado el asesinato del comandante de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) de Ciudad Serdán, Jaime Sánchez el 27 de octubre del 2016.

También le achacan el ‘levantón’ de siete hombres uniformados de la Policía Federal en un hotel de Esperanza el pasado 2 de febrero, cuyos cadáveres fueron abandonados en Nogales, Veracruz.

Según las fuentes de CAMBIO, este criminal siempre se acompañaba de al menos 60 hombres armados.

La madre del capo huachicolero también se escapa del megaoperativo

Flor tiene 68 años de edad y sabe perfectamente a qué se dedica su hijo, pues frente a su casa tiene una bodega de seguridad donde marinos, militares y policías de otras corporaciones aseguraron un arsenal de armas largas, además de granadas de fragmentación.

Según algunos testigos, se enteró que había un operativo contra la banda de su hijo y prefirió no quedarse en su comunidad cuando los agentes se acercaban a Esperanza. Pidió ayuda de algunos lugartenientes para salir de la zona. Se dirigió hacia territorio montañoso. 

Cuando los agentes federales y estatales llegaron a San José Cuyachapa sólo hallaron el equipo que ocupaba el capo para adiestrar a nuevos reclutas. En este lugar fueron encontradas las credenciales de los tres agentes de la Fisdai que fueron asesinados.

Un torneo de tenis rodeado de sangre

marzo 14, 2017 // 0 Comentarios

En Guerrero, una entidad sumida en la violencia, con ejecuciones cotidianas, con víctimas inocentes de los tiroteos de las bandas criminales que se disputan los territorios por donde fluye la droga y donde el secuestro y la extorsión tienen atenazados a los ciudadanos, el gobernador Héctor Astudillo desplegó un operativo de seguridad que distrajo a policías estatales, soldados y marinos, para permitir que en Acapulco se desarrollara sin contratiempos el Abierto Mexicano de Tenis.

CHILPANCINGO, Gro.- Mientras Guerrero vive una brutal ola de violencia e inseguridad, el gobierno de Héctor Astudillo Flores desplegó a numerosos policías estatales para resguardar el torneo deportivo llamado Abierto Mexicano de Tenis (AMT) 2017, que tuvo lugar del 27 de febrero al pasado sábado 4, en la Zona Diamante de Acapulco.

Los hechos más recientes sintetizan la situación de extrema violencia: un empresario fue secuestrado en Chilpancingo y cuatro días después lo encontraron muerto; y el reportero Cecilio Pineda Birto fue asesinado el jueves 2 poco después de que hubiera denunciado que el gobierno de Astudillo presuntamente brinda protección al sicario Raybel Jacobo de Almonte, El Tequilero, y al diputado local priista Saúl Beltrán Orozco, de quien se dice que tiene vínculos con el narco y enfrenta una orden de aprehensión por homicidio, de la que se ha librado gracias al fuero.

Además, el lunes 6 hubo en la entidad 10 ejecuciones durante la visita del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien afirmó que la incidencia delictiva en Acapulco ha disminuido 60%.

La realidad desmiente a Osorio Chong: la semana pasada se documentaron más de 30 asesinatos en diferentes puntos del estado. Destacan el de una joven de 15 años ejecutada en Acapulco, un niño de 13 acribillado en Chilpancingo, así como nueve desmembrados en la capital estatal y en Chilapa, lugar éste donde también calcinaron a seis personas en un vehículo.

Incluso, el sábado 4, el delegado del gobierno de Astudillo en la región de la Costa Grande, Julio César Vargas Calvo, fue privado de su libertad por un comando y hasta la fecha sigue desaparecido.

En julio pasado, Carlos Vargas –hermano de Julio César– fue muerto por el Ejército durante un enfrentamiento entre miembros de la delincuencia organizada y militares en las inmediaciones de La Salitrera, municipio de José Azueta, donde un “presunto pistolero” perdió la vida y otros dos resultaron heridos, además de tres soldados, reportó la Defensa.

La familia Vargas forma parte del grupo político de Alejandro Bravo Abarca, jefe de la oficina de Astudillo, quien, según reportes oficiales, tiene nexos con el narcotráfico.

El sábado 4 Osorio Chong y Astudillo acudieron a la partida final del AMT –torneo organizado por el presidente del grupo Pegaso, Alejandro Burillo–, donde el estadunidense Sam Querrey se impuso al español Rafael Nadal. En la ceremonia de premiación, el público abucheó al mandatario estatal.

Guerrero sigue ocupando los primeros lugares del país en homicidios dolosos; Astudillo –quien ha expresado públicamente que en la entidad hay seguridad, porque los asesinados y desaparecidos “no son turistas ni personas famosas”–, se ha enfocado en la promoción del Tianguis Turístico, que se realizará del lunes 27 al jueves 30 en Acapulco.

Según documentos oficiales consultados por Proceso, además de patrocinar el AMT, el gobierno estatal desplegó un operativo en el cual participaron cuatro patrullas del Ejército y la Marina y más de 70 policías estatales y municipales a fin de garantizar la seguridad de los asistentes, quienes pagaron de 35 mil hasta 100 mil pesos por boleto.

Violencia imparable

El pasado 27 de febrero, integrantes del Frente Estatal de Familiares de Personas Desaparecidas protestaron frente a la residencia oficial Casa Guerrero, donde acusaron a Astudillo de ser incapaz de acabar con los homicidios, las desapariciones, los secuestros y las extorsiones.

Y a pocos kilómetros de la Zona Diamante de Acapulco, sede del AMT, en el poblado indígena de Zitlala ocurrió un hecho inédito el 28 de febrero: la ancestral pelea de Los Xochimilcas –se remonta a la época de la Conquista–, que se lleva a cabo en esta zona de población nahua cada martes de carnaval en la víspera del miércoles de ceniza, fue suspendida por la violencia desatada por los grupos delictivos de Los Ardillos y Los Rojos, que se disputan este corredor de heroína y mariguana.

Previamente, en Zitlala había sido ejecutado el director de Personal del ayuntamiento, Antonio Godinillo Yectli.

En tanto, habitantes de la comunidad de Tlaltempanapa se enfrentaron a tiros con miembros de una guardia comunitaria vinculada con el grupo delictivo Los Ardillos; la refriega dejó dos detenidos por el Ejército y una movilización masiva de las autodefensas para liberar a sus compañeros. Las autoridades cedieron para evitar un mayor conflicto.

El pasado 9 de febrero, la agencia Apro reveló que el gobierno de Astudillo delegó la vigilancia y seguridad del corredor que conecta Chilpancingo con los municipios de Quechultenango, Mochitlán y Chilapa a esa guardia comunitaria vinculada con Los Ardillos, grupo criminal que, según reportes del gobierno estatal, es liderado por la familia del dirigente perredista Bernardo Ortega Jiménez.

Ese día funcionarios estatales y federales –reunidos con líderes del grupo armado– firmaron un compromiso con la guardia comunitaria de Petaquillas, del municipio de Chilpancingo, para sacar al Ejército y a las corporaciones policiacas estatales y federales de la zona donde opera la banda. En esa reunión participaron el delegado federal Ramiro Ávila y el subsecretario para Asuntos Políticos del gobierno estatal, José Maldonado.

Cabe destacar que Astudillo ha calificado a este grupo de autodefensa como un grupo “de oscuros intereses” y el vocero del gobierno estatal, Roberto Álvarez Heredia, señaló que Los Ardillos operan en la antesala de Chilpancingo, donde actualmente disputan la plaza con dos bandas criminales más: Los Rojos y el Cártel de la Sierra.

El acuerdo firmado con las autodefensas viola el precepto que establece que la seguridad pública es una facultad constitucional que compete exclusivamente al gobierno en sus tres niveles; y el municipio de Chilpancingo no es considerado de mayoría indígena, por lo que no se aplican los usos y costumbres que ampara la ley 701 para el desarrollo de los pueblos originarios.

El gobierno estatal también delegó la función de Seguridad Pública del corredor de drogas que conecta la zona rural de Acapulco con el valle del Ocotito, región Centro, en el grupo de autodefensa de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero, también señalado por sus presuntos nexos con el narco.

Mientras que en los municipios de la zona norte y la región de Tierra Caliente también operan autodefensas vinculadas con la delincuencia organizada. En Teloloapan, Arcelia y San Miguel Totolapan las bandas de La Familia, Los Tequileros y Guerreros Unidos se disputan esta zona, donde no sólo trafican narcóticos sino que están presentes en las inversiones mineras que promueve el gobierno de Astudillo.

Cecilio Pineda

En esta zona de Tierra Caliente, el periodista Cecilio Pineda Birto fue ejecutado la tarde del jueves 2 en Ciudad Altamirano, municipio de Pungarabato.

La víctima regresaba del municipio de San Miguel Totolapan y durante el trayecto transmitió un video a través de su cuenta de Facebook, donde afirmó que a pesar de que el gobierno de Astudillo tenía conocimiento del lugar donde se esconde el líder de Los Tequileros, Raybel Jacobo de Almonte, no actuaba porque “había compromisos muy fuertes” entre el narco y las autoridades estatales.

En el video, el periodista hizo referencia a los problemas que se viven en San Miguel Totolapan, donde un grupo de autodefensas vinculados con el grupo delictivo La Familia mantiene cerradas más de un centenar de escuelas en la región para exigir al gobernador guerrerense la captura de El Tequilero y el desafuero del diputado Beltrán Orozco, señalado como cabeza de la banda de Los Tequileros.

La víctima afirmó que el coordinador de la Policía Preventiva Estatal en la región de Tierra Caliente presuntamente brinda protección a la banda del Tequilero, e incluso que los agentes estatales escoltan a las esposas de los sicarios para que puedan realizar compras en la cabecera municipal sin ser molestadas.

Además anunció que en breve los miembros del grupo de autodefensa de San Miguel Totolapan iban a bloquear la carretera federal entre Arcelia y Pungarabato. “Llama la atención por qué no quiere intervenir el gobierno de Astudillo, a pesar de que tienen los elementos de la ubicación del grupo criminal de Los Tequileros. Pareciera que hay compromisos muy fuertes”, expresó Pineda.

En los 16 meses de la administración de Astudillo han sido asesinados dos periodistas. A casi un año del primer caso, prevalece la impunidad: el pasado 25 de abril fue ejecutado a tiros Francisco Pacheco, director del diario El Foro de Taxco; a la fecha las autoridades ministeriales no han aclarado el crimen.

Secuestro y asesinato

En Chilpancingo, el pasado 27 de febrero fue secuestrado el exdirigente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación en esta capital, Carlos Cruz Islas. Cuatro días después su cuerpo fue localizado cerca de Zumpango, municipio de Eduardo Neri. El empresario había sido asesinado a tiros.

El crimen cimbró a los representantes del sector empresarial. El dirigente de la Coparmex en Chilpancingo, Adrián Alarcón Ríos, expresó su indignación y dijo que el hecho exhibe el vacío de autoridad que se vive en esta ciudad.

Agregó que en lo que va de este año se ha incrementado el delito de extorsión contra comerciantes y empresarios en Chilpancingo, provocando el cierre de al menos 70 establecimientos comerciales, entre ellos un restaurante exclusivo de la cadena nacional La Mansión.

Por ello reiteró su exigencia a Astudillo para que asuma su responsabilidad ante la ola de inseguridad, impunidad y violencia que no cesa en Guerrero.

Estados Unidos le teme a El Mayo Zambada y tiene unas bajo la manga pa ayudar a El Chapo Guzmán

marzo 14, 2017 // 0 Comentarios

De acuerdo a información de Vice, la administración de Trump se ha visto temerosa del nuevo líder del Cártel de Sinaloa: El Mayo Zambada.

Esto luego de que la semana pasada, la fiscalía de Estados Unidos mencionara que en cualquier momento, Zambada podría asesinar a los testigos que declararán en contra de Joaquin ‘El Chapo’ Guzmán en los próximos meses.

Vice tuvo acceso a una petición que realizó la Fiscalía del Distrito Este de Nueva York, misma que pretende demostrar que ‘El Chapo’ Guzmán cometió 17 delitos entre los que se encuentran asesinatos, lavado de dinero y tráfico de drogas.

Ahí se menciona que Robert L. Capers, uno de los Fiscales más poderosos de Estados Unidos, solicitó al Juez Federal Brian M. Cogan, quien lleva el proceso judicial del capo, que emita una orden de protección para aquellos que atestiguarán durante el juicio; es decir que no se revelen públicamente sus identidades.

Destacaron que a pesar de que el acusado se encuentra encarcelado, su socio ‘El Mayo’ Zambada, continúa dirigiendo la organización, por lo tanto puede ordenar el asesinato de los testigos clave y sus familias, ya que muchos aún se encuentran en México y no han sido trasladados a Estados Unidos para rendir su declaración.

“Utiliza sicarios o asesinos a sueldo para realizar asesinatos secuestros y actos de tortura. También utiliza su puesto de poder para silenciar a posibles testigos”, explicó Robert L. Capers.

Entre los testigos anteriormente señalados, se encuentrans narcotraficantes, sicarios mexicanos y proveedores colombianos con los que ‘El Mayo’ y ‘El Chapo’ han concretado negocios desde finales de 1980 y fueron testigos de los actos de violencia que ordenaron ambos capos.


El Mayo como líder del Cártel

Funcionarios que participan en el Gabinete de Seguridad Nacional revelan que Ismael “El Mayo” Zambada se convirtió en el líder máximo del cártel de Sinaloa, y los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera estan en segundo mando.

Los órganos de inteligencia han obtenido evidencias que refieren que Dámaso López Núñez, El Licenciado, traicionó a Joaquín Guzmán Loera y su familia, y ahora enfrenta mano a mano los territorios que antes pertenecían a los líderes del cártel de Sinaloa.

Dámaso López aprovecha la división que existe en el grupo, convirtiendose así en jefe de uno de los grupos que opera en la zona del Triángulo Dorado y es enemigo de “El Mayo” Zambada, considerado uno de los líderes históricos del narcotráfico en México, ya que trabajó al lado de personajes como Ernesto Fonseca Carrillo, Don Neto, y Miguel Ángel Félix Gallardo, fundadores del cártel de Guadalajara.

Los funcionarios entrevistados indicaron que Ismael Zambada sostuvo un enfrentamiento con Dámaso López Núñez, quien se hizo amigo y luego compadre de “El Chapo” Guzmán cuando el ex líder del cártel de Sinaloa estuvo preso en el Centro federal de Readaptación Social número 2, Puente Grande, en Jalisco, y de donde se fugó en enero de 2001.

López Núñez era considerado uno de los principales operadores del cártel de Sinaloa durante el liderazgo de “El Chapo” Guzmán y hasta la segunda captura del capo y su posterior extradición a Estados Unidos. Sin embargo, señalaron, El Licenciado reclamó el liderazgo de la organización y esta exigencia no fue aceptada por El Mayo Zambada.
La organización se dividió en tres frentes, uno que encabeza Ismael Zambada, el segundo que dirige Aureliano Guzmán Loera, El Guano, hermano de “El Chapo”, y el tercero al mando de Dámaso López Núñez y su hijo del mismo nombre y apellidos López Serrano, alias “El mini lic”.

La información obtenida por las autoridades pertenecen a grupos de inteligencia civil y militar que señalan que el presunto secuestro de Alfredo e Iván Guzmán Salazar, hijos de Joaquín Guzmán Loera, en el restaurante La Leche, en hechos ocurridos el 15 de agosto de 2016 en el municipio de Puerto Vallarta, Jalisco, se trató de una farsa montada por la familia de “El Chapo” con la intención de que sus hijos negociaran el liderazgo del cártel de Sinaloa.

Según las fuentes con base en información interceptada en un escrito a Guzmán Loera cuando estaba preso en el Cefereso número 9 en Ciudad Juárez, indica que junto con Dámaso López trataron de asumir el liderazgo y fingieron ser secuestrados por integrantes del cártel Jalisco Nueva generación, pero que lograron huir del sitio.

Supuestamente el último intento por llegar a un acuerdo por el liderazgo ocurrió en febrero pasado, pero Dámaso López Núñez emboscó a El Mayo Zambada y a los hijos de Guzmán Loera.

Los hijos de “El Chapo”.

En la nueva composición del cártel de Sinaloa, Iván y Alfredo Guzmán Salazar decidieron mantenerse en una posición de segundo nivel, bajo las órdenes de El Mayo Zambada, y son responsables de la producción de amapola y goma de opio en el municipio de Badiraguato, así como del control de varias zonas de trasiego de droga en Sonora.

La carta del desacuerdo.

De acuerdo con reportes de la Procuraduría General de la República, el cártel de Sinaloa tiene presencia en Chihuahua, Sinaloa, Durango, Coahuila, Baja California, Baja California Sur y Sonora, y opera con células delictivas identificadas como Gente Nueva, Los Cabrera, el cártel del Poniente o de La Laguna, Los Aquiles, El Tigre, Del 28, Los Artistas Asesinos, Los Mexicles, Los Salazar y Los Memos.

Así sobreviven en el mundo del narcotráfico: Testimonios de sicarios, policías y víctimas de acciones desgarradoras

marzo 14, 2017 // 0 Comentarios

México.- El 2011, el cineasta mexicano Everardo González inició el rodaje de la película La libertad del Diablo, trabajo de investigación que tardó cinco años en terminar y que estrenó ayer a nivel nacional en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG).
La cifra exacta de las personas entrevistadas, dice el director, de momento no la tiene, pero lo que sí es que a la mayoría las plasmó con el rostro cubierto porque es importante la parte visual del proyecto para darles anonimato.

“Algunos (de los entrevistados) son captados entre lágrimas, otros con los puños cerrados y aún con las señales del dolor, el miedo, la impotencia, la desesperación, la rabia, el coraje y el odio que han vivido en carne propia por la violencia que se ha hecho presente en México en los últimos años”.

El bien y el mal

Desde su hotel en la capital de Jalisco, el cineasta mexicano ofreció la mañana de ayer una entrevista telefónica a periódico EL DEBATE. Se dijo nervioso por presentar su proyecto al público mexicano.

“Este trabajo inició porque quería saber si las personas eran conscientes del daño que hacían. Fueron muchos los motivos. Uno muy importante fue haber escuchado a un ‘halcón’ decir que le tocó nacer del lado equivocado”, relató González.

Afirma que todos deberían estar interesados en este tipo de temas y en reflexionar sobre lo que sucede.

“Realizamos un trabajo más complejo y más psicológico. Es de los proyectos que he hecho quizás el más complicado en mi carrera”.

Teniendo como personajes principales a sicarios, agentes federales y madres de personas fallecidas por el crimen, el cineasta relata que con su filme busca “llevar al público a sumergirse en los estragos de la violencia en México y la guerra que se lleva a cabo en el país desde hace 10 años, al iniciar el mandato del presidente Felipe Calderón y declarar la guerra contra el narcotráfico, dejando como saldo más de 30 mil asesinatos, más de 20 mil desaparecidos”, comenta Everardo.

Además, destaca la parte visual, el seguimiento en la historia criminalística del proyecto que es inspirado en el trabajo del fotógrafo sinaloense Fernando Brito, y las escenas del crimen son fotografiadas en planos distantes para evitar que el proyecto lucre con el dolor ajeno, siempre respetando el anonimato de los cuerpos.

Motivos

Los entrevistados fueron llevados a diversos lugares y se les cubrió el rostro por seguridad y para hacer que se sintieran más confiados a la hora de dar su declaración. Cada entrevista se realizó en un día, afirmó.

“El rostro cubierto habla de las posibilidades que ofrece una máscara, en términos de verdad, la pantalla y la necesidad de generar empatía con la mirada, y no a través del rostro, la manera de integrar los rostros en uno mismo”.

Al cuestionarlo sobre qué fue lo que le llevó a los personajes a compartir su historia de vida, el director dijo lo siguiente:

“No sabría decirte por qué ellos aceptaron, lo que importaba era que aceptaron. Las razones por las que lo hicieron, supongo que cada uno tendrá una muy especial. Lo que sí entiendo es que del lado de las víctimas el testimonio se entiende como un acto político, porque al hablar de sus historias buscan ayudar a otras personas que han pasado por lo mismo”.

A lo largo de su investigación, a Everardo González le tocó escuchar historias muy desgarradoras como la de uno que se atrevió a matar a niños o jóvenes de 14 años que asesinaron a cambio de dinero.

“Siempre es duro escuchar a una madre que escarba el desierto para encontrar a sus hijos. Siempre es duro escuchar a un joven sicario que se da cuenta de que ha matado niños. Hay muchas historias desgarradoras en México”.

El autor del documental, que se estrenó en la 67 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín en la sección Berlinale Special, confiesa que estuvo en contacto con la muerte a través de sus entrevistados.

“Parece que es una condición inevitable. Creo que la sociedad crea estos monstruos, por así decirlo. Después no nos queremos hacer cargo de ellos y los dejamos de lado. Nosotros hemos provocado eso porque permitimos que nos vean la cara. Seguimos siendo corruptos, sigue la impunidad y permitimos una sociedad tan desigual”.

Afirma que la guerra del gobierno contra el narcotráfico cada vez deja más víctimas y ha incrementado la violencia en nuestro país. Algunos de las causantes desde su punto de vista podrían ser las siguientes: “El modelo económico se sostiene, y cada vez hay más gobernadores corruptos, impunidad, el orden de lo moral se está haciendo agua; lo único que provoca es más violencia, miedo y rencor”.
Reto cumplido

Indica que realizar una película es complicado, en especial cuando se trata de hablar de la violencia, el narcotráfico y el gobierno, aparte refiere que se tiene que enfrentar a otro reto, tener financiamiento.

“Necesitas tener un equipo que crea en tu trabajo, se requiere inversión e investigación”.
Sobre el sabor de boca que le deja la filmación de La libertad del Diablo, agrega: “Es liberador terminar una película, eso lo celebro”.

El documental tiene una gira internacional y estará en festivales de diversas partes del mundo. Además, se realizará una distribución con Cinépolis y se espera que llegue al público y a las salas comerciales a finales de año.

Por ahora, el también guionista no tiene planes de hacer una segunda parte de La libertad del Diablo, pero no descarta que en unos años más podría darse.

El Chapo, en la mira

Sobre abordar la vida de los 43 desaparecidos en México dice que aún no está en sus planes, porque de ser así ya lo hubiera iniciado.

Lo que sí podrían ser materia para un trabajo documental próximo son personajes como Joaquín “Chapo” Guzmán, Ismael “Mayo” Zambada, el Cártel de Sinaloa y otros cárteles en general.

“Sí me interesaría, pero no sé si lo haría por los riesgos y porque todavía está sucediendo. Hay poca distancia para entender bien los hechos. Hoy sigue siendo sensacionalista, son temas que hay que esperar que pase el tiempo para reflexionarlos, para saber que pasó. Lo que está pasando le toca a los noticieros”.

Al cuestionarlo sobre por qué su interés de abordar ese tema, expresa: “Está muy ligada a las temáticas que manejo, a la corrupción, la violencia, el vínculo de la Policía con los cárteles, y porque es un testimonio que se debe retomar”.

La sentencia del ‘Kevin’, herido en la sierra, rescatado en la ciudad y asesinado en las sombras

marzo 13, 2017 // 0 Comentarios

Fue herido en la sierra, rescatado en la ciudad y asesinado en las sombras

Después de cinco meses de haber sido rescatado en una de las peores emboscadas contra el Ejército, Julio Óscar Ortiz Vega, el Kevin, ubicado como colaborador cercano de Iván Archivaldo Guzmán Salazar, apareció muerto.

Datos de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) indican que fue golpeado y asesinado a balazos.

Ortiz Vega, de 33 años de edad, era originario de la colonia El Palmito y en los últimos años cambió de domicilio entre los fraccionamientos Colinas de la Rivera, Infonavit Humaya y Jardines del Valle.

Durante su rescate el 30 de septiembre del año pasado, cuando era trasladado herido en una ambulancia por militares, murieron cinco soldados y diez más y un paramédico de Cruz Roja, resultaron heridos.

Desde entonces las autoridades le perdieron el rastro hasta el pasado domingo 5 de marzo, que fue arrojado asesinado al estacionamiento de una tienda de autopartes en el municipio de Navolato.

El Kevin es ubicado como uno de los hombres cercanos al hijo del líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín el Chapo Guzmán, Iván Archivaldo Guzmán Salazar.

De acuerdo con las autoridades, trabajaba bajo las órdenes del Chapito como encargado de coordinar el trasiego de drogas y dinero.

Las investigaciones establecen que su zona de operación eran los municipios de Culiacán y Badiraguato.

El Kevin fue vinculado con una avioneta decomisada por elementos del Ejército el año pasado en la sindicatura de Villa Juárez.

Ortiz Vega presuntamente fue quien coordinó el traslado fallido de cinco sicarios, armas y dinero en efectivo en esa avioneta.

La aeronave fue asegurada y los delincuentes detenidos cuando aterrizaron en el aeródromo San Luis, el 21 de septiembre de 2016.

Dentro de la avioneta había cinco armas largas, entre ellas un fusil Barret calibre 50, tres rifles AK 47, un Ruger mini 14 calibre .223, dos pistolas calibre 38 súper, una calibre 45, dos armas de fuego cortas y 700 mil pesos en efectivo.

En ese entonces, en ese poblado, la célula Los Montana de Dámaso López Núñez, el Licenciado; y Los Chimalli, de Iván Archivaldo Guzmán Salazar, iniciaban una violenta disputa que se recrudeció desde febrero pasado.

Según la Procuraduría General de la República (PGR), elementos del Ejército realizaban reconocimientos terrestres en la zona cuando observaron a un hombre afuera del aeródromo que al notar la presencia castrense se puso nervioso.

De acuerdo con la versión oficial, el individuo fue interrogado y dijo a los soldados que estaba esperando a unas personas que llegarían en una avioneta.

Momentos después la aeronave aterrizó y el piloto intentó tomar vuelo otra vez pero se salió de la pista y chocó contra unos árboles.

Los militares detuvieron a las cinco personas que venían en la aeronave y a quien los esperaba.

En ese lugar aseguraron otras siete avionetas que se encontraban en los hangares, una camioneta y el aeródromo.

Asesinado cinco meses después

El cadáver del Kevin fue hallado la mañana del domingo en Navolato, pero fue identificado por las autoridades un día después y por sus familiares hasta el martes.

A las 7:47 horas del domingo, mediante una llamada al número de emergencias 911 informaron que había un cadáver en el estacionamiento de una tienda de autopartes ubicada en el cruce de la carretera Navolato-Altata y el bulevar Benito Juárez.

El cuerpo estaba envuelto en una lona y con la cabeza cubierta con una bolsa.

El dictamen pericial establece que presentó lesiones por golpes y heridas por disparos de arma de fuego penetrantes en cráneo, tórax y abdomen.

El diagnóstico refiere que al momento de la revisión de los signos cadavéricos tenía entre ocho y diez horas de haber fallecido.

Esa valoración fue realizada a las 9:20 horas del domingo por lo que los peritos presumen que el asesinato ocurrió entre las 23:00 horas del sábado y los primeros minutos del domingo.

En el lugar donde dejaron el cuerpo no se localizaron indicios balísticos.

Las autoridades identificaron el cadáver por los tatuajes que tenía en diferentes partes del cuerpo.

El martes por la tarde lo identificaron su padre, José, y su hermana Jessica Marilú, pero por el hecho en el que estaba involucrado se ordenó corroborar el parentesco biológico con la persona que se presentó a reclamarlo para tener la certeza de que se trataba del Kevin.

Personal del laboratorio de genética forense de la PGJE tomó muestras del padre y del cadáver para cotejar los perfiles genéticos y el resultado dio positivo de parentesco consanguíneo.

Un día después el cuerpo fue entregado a sus familiares.

Por el asesinato, la PGJE inició la carpeta de investigación 1614/2017 en la Unidad del Ministerio Público Especializado en Homicidios Dolosos de la Región Centro.

La PGR solicitó copias de la carpeta de investigación para integrarlas al expediente de la emboscada.

De acuerdo con la PGJE, del Kevin no se hallaron antecedentes penales en la base de datos del fuero común.

La familia refirió al Agente del Ministerio Público que tenía alrededor de seis meses de no tener contacto con él desde el día del atentado.

Los familiares dijeron que tuvieron conocimiento que Julio Óscar había sido rescatado durante la emboscada por las redes sociales, cuando observaron su fotografía.

Rescate violento

La emboscada en la fue rescatado el Kevin fue atribuida al Cártel de Sinaloa.

Francisco Javier Zazueta, el Chimal, detenido el pasado 18 de febrero en el fraccionamiento Acueducto, de Culiacán, fue señalado por la PGR como uno de los autores de la masacre.

El Chimal fue ubicado como líder de la célula Los Chimallis, brazo armado de Iván Archivaldo y Alfredo Guzmán Salazar.

El Kevin resultó lesionado la madrugada del 30 de septiembre en un tiroteo con elementos del Ejército que tenían instalado un punto de revisión en la carretera que conduce a la comunidad de Bacacoragua, en Badiraguato.

Los soldados lo trasladaron al hospital de la cabecera municipal pero no tenían equipo para atenderlo y en una ambulancia de la Cruz Roja escoltada por dos vehículos militares se dirigieron hacia esta ciudad.

Alrededor de las 3:25 horas, cuando el convoy circulaba por la carretera Internacional México 15, a la altura del fraccionamiento Espacios Barcelona fueron emboscados por un grupo de delincuentes que viajaban en vehículos blindados.

Los sicarios se enfrentaron a balazos contra los soldados, lanzaron granadas e incendiaron vehículos.

Según los vecinos del sector, la refriega duró más de media hora y según las autoridades fueron menos de cinco minutos.

Los sicarios bajaron al Kevin de la ambulancia y se lo llevaron.

Ese día, el entonces comandante de la Tercera Región Militar, Alfonso Duarte Mújica, señaló a los hijos del Chapo Guzmán como responsables del ataque.

Días después, Iván y Alfredo, negaron estar involucrados en la emboscada en una carta pública.

Luego de la agresión, el Ejército anunció que atacaría con toda la fuerza del Estado a los Chapitos hasta detener a los responsables e inició una serie de operativos en los que aseguró vehículos, armas, droga, propiedades y animales.

En esos operativos, los militares tomaron las instalaciones de la Policía Ministerial del Estado en Culiacán y revisaron armas y celulares a los agentes.

A siete policías, los soldados y personal de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada les quitaron los teléfonos por lo que los agentes tramitaron amparos contra una posible orden de localización, presentación, detención o arraigo.

Esos policías eran quienes auxiliaron a los militares emboscados.

Durante el homenaje póstumo a los soldados asesinados, el Secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Cepeda, aseguró que las “bestias criminales” que cometieron la emboscada serían detenidos.

Hasta la fecha la PGR solo ha dado a conocer la detención del Chimal como uno de los presuntos responsables.

Fuentes extraoficiales señalaron que el Kevin fue quien entregó al supuesto homicida de Édgar Giovani Parra Zambada, sobrino de Ismael Zambada, el Mayo, líder del Cártel de Sinaloa. Parra fue asesinado cerca de la isla Musala, en agosto de 2016, en Culiacán.

Los Dámaso: alianza y traición a los Guzman

marzo 13, 2017 // 0 Comentarios

El episodio del restaurante La Leche de la ciudad turística de Puerto Vallarta tuvo un trasfondo en el escenario actual que se vive en el conflicto abierto entre las facciones del cártel de Sinaloa que comanda ahora Aureliano Guzmán Araujo, “El Guano” (encargado en la actualidad del grupo del Chapo), y Dámaso López Núñez y su hijo, y es que de acuerdo con fuentes de inteligencia militar y de la Procuraduría General de la República, desde la caída del extraditado líder del narcotráfico sinaloense en enero de 2016 se venía preparando el terreno para nuevas alianzas y también traiciones al seno de una de las organizaciones delincuenciales más poderosas del planeta.

De acuerdo con fuentes del mismo cártel, a la reunión-fiesta que dio inicio la noche del domingo 14 de agosto de 2016 estaba invitado un grupo de personas, que sabían los detalles del lugar, la hora: el exclusivo restaurante La Leche, ubicado en la zona turística de Puerto Vallarta.

El asunto era claro: se trataba de celebrar el cumpleaños de Iván Archivaldo Guzmán Salazar, y para ello la orden era entrar desarmados al local.

Los informes señalan que uno de estos invitados para acompañar a los hijos del Chapo fue Dámaso López Serrano, “El Mini Lic”, así como otros amigos más, cuyos nombres los dio a conocer la propia Fiscalía General de Jalisco cuando siguió las investigaciones del caso.

Pero según los asistentes, “El Mini Lic” nunca arribó al lugar. Sobre el caso no solo las autoridades llegaron a especular mucho en torno al plagio de “Los Menores”. Los datos oficiales precisaron que fue a las 00:53 horas cuando un grupo de sujetos armados irrumpió en el local.

En una amplia mesa, se observó en los videos filtrados a los medios de comunicación, se encontraban celebrando hombres y mujeres, en total 16 personas, cuando el comando obligó a los presentes a doblegarse. Tras asegurar el establecimiento los desconocidos, que no portaban capuchas, se marcharon de la zona solo con seis de los presentes.

Acusan alianza y traición

Días después a través de los medios informativos se dio a conocer que los hijos del capo oriundo de La Tuna, Badiraguato, fueron liberados, y aunque el fiscal de Jalisco, Eduardo Almaguer, detalló que era el Cártel Jalisco Nueva Generación, liderado por Nemesio Oseguera Cervantes, quien estaba detrás del secuestro, en la actualidad desde dentro de la facción Guzmán se señala que en el plan estuvieron involucrados en realidad Alfredo Beltrán Guzmán y otros nuevos aliados.

Según estas versiones, obtenidas a través de inteligencia militar, se supo que Dámaso López Serrano había sido enviado por su padre a la Ciudad de México para reunirse con discreción días antes del plagio en Puerto Vallarta con José Gil Caro, conocido como “El Jogil”, así como  Emilio Sajid Quintero Navidad.

En el cónclave estuvo presente además “El Mochomito”, cuya gente había sido expulsada por los ejércitos de “El Guano” en verdaderas batallas campales en la zona serrana de Badiraguato, en el corredor que va de Bacacoragua a La Tuna.

La idea, de acuerdo siempre con las fuentes, era orquestar un plan para eliminar a los Chapitos sin sacudir la estructura del cártel de Sinaloa.

Los reportes de la PGR señalan que “El Jogil” y Sajid, alias “El Cadete”, tienen su cuartel general de Guadalajara, y mantienen vínculos con el Cártel Jalisco Nuevo Generación.

“El Cadete” tiene una orden de búsqueda de parte del gobierno de Estados Unidos y también está fichado por el Departamento del Tesoro desde 2014, mientras que José Gil fue detenido y procesado por la PGR en 2004, pero años más tarde recuperó su libertad en amparos.

“La idea era que quienes se encargarían de hacer el trabajo era la gente del Mencho, y nadie de sus antiguos socios se verían como sospechosos en el secuestro de Los Chapitos”, comenta una fuente.

El plan orquestado, según refieren, era que una vez que se diera aviso de la presencia de Los Menores en el restaurante de Puerto Vallarta, “El Cadete” y José Gil Caro hablarían para que el grupo aludido entrara en acción.

Para el operativo solo se tenía que neutralizar a los varones presentes, no había orden de eliminarnos en el lugar, pues se habría tratado de un error. Tras partir de La Leche, fueron las mujeres quienes avisaron de lo sucedido, y la confusión en los cárteles se vino encima con el Chapo en la prisión mexicana de Ciudad Juárez, Chihuahua.

El Mayo, objetivo y mediador

Pasó poco tiempo del incidente cuando el semanario Ríodoce publicó que Ismael “El Mayo” Zambada participó en las negociaciones para la liberación de los Menores.

Y es que de acuerdo con informes extraoficiales, los hombres que acudieron a La Leche cometieron el plagio sin el consentiemiento de “El Mencho”, de ahí que gracias a la intervención del capo de El Álamo, El Salado, también se logró conciliar y liberar a los hijos del Chapo.

De ahí que poco a poco esta información fue tomando cuerpo, y una vez que se realizó la extradición de Guzmán Loera a Estados Unidos, Los Menores dieron a conocer información sobre los planes de El Licenciado de hacerlos a un lado en el cártel sinaloense.

En la carta que dio a conocer el periodista Ciro Gómez Leyva en su programa de televisión Imagen TV, los hijos del capo badiraguatense revelaron que El Licenciado los citó a ellos y al Mayo Zambada a una reunión, solo con el fin de planear eliminarlos para hacerse con el poder del cártel. Sin embargo, el plan falló.

Sin embargo, los informes del interior del cártel señalan que originalmente se quiso orquestar que una vez fuera de circulación los Chapitos, la guerra se abriría entre “El Mencho” y los ejércitos de Zambada García.

Si no hubieran sido las huestes del CJNG, habría sido el gobierno federal el que terminaría por meter presión al Mayo, obligándolo a moverse y ser detenido o abatido.

Desde que se reveló la carta con Ciro Gómez Leyva, las áreas de inteligencia del gobierno federal han detectado las distintas versiones, una de ellas en donde coloca a Dámaso López como presunto informante de la DEA.

Una de estas versiones es que su gente estuvo involucrada en el envío del PIN de Blackberry personal del “Chapo” cuando fue rastreado hasta la casa del fraccionamiento Las Palmas, en la ciudad de Los Mochis.

Contraria a la versión oficial de la Marina y la PGR, en voz de la Procuradora Arely Gómez, según esta información en realidad más allá de la búsqueda intensiva del todo el aparato militar y de inteligencia del sistema, lo más efectivo fue que uno de sus allegados hiciera una maniobra.

Además, también se ha detectado una alianza estratégica entre los Dámaso y César Carrillo Leyva, El Cesarín, quien es el heredero del antiguo imperio que fundó su padre, Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos.

En esa lógica, ambos clanes permanecen en Navolato, sobre todo en la región de Villa Juárez, plaza que originalmente pertenece al Chapo Guzmán.

A ambos grupos aliados, los Dámaso y los Carrillo, se les ha señalado se participar en los delitos de narcomenudeo, extorsión y secuestro.

Las batallas

Con una versión de un grupo y otra, se podría decir que la guerra estalló el sábado 4 de febrero pasado, no solo por ser la fecha en que la carta enviada a Ciro Gómez Leyva señala que los hermanos Guzmán Salazar sufrieron un atentado de parte del Licenciado, sino porque a partir de ahí ocurrieron una serie de hechos que cimbraron la tranquilidad de los sinaloenses.

De acuerdo con los reportes policiacos, ese sábado ocurrió un choque entre grupos armados en la comunidad de Leopoldo Sánchez Celis, rumbo a la sindicatura de Eldorado, en donde los grupos rivales intercambiaron disparos.

Sobre los hechos poco se dijo, pero los informes de las autoridades señalan que un hombre fue herido a balazos, fue trasladado al hospital regional de Eldorado, y una vez estabilizado personal de la Cruz Roja de la sindicatura de Quilá se dispuso a llevarlo a Culiacán, sin embargo, al salir de la comunidad la ambulancia fue interceptada.

“Nosotros nos haremos cargo”, le dijo uno de los hombres armados a los paramédicos que detuvieron el viaje. El herido fue cambiado a una camioneta y ya no se supo más.

A la noche siguiente, el domingo 5, grupos armados se enfrentaron a balazos desde Infonavit Las Flores hasta el Trébol que une La Costerita con la carretera Culiacán-Eldorado. A lo largo de kilómetros fueron esparcidos casquillos y hasta ocho vehículos que participaron en la persecución. Esa noche se celebraba otro partido más de la Serie del Caribe.

Los hechos violentos se siguieron registraron en la capital. Dos días después, el martes 7, un grupo de pistoleros fue abatidos por elementos de la Secretaría de Marina en el fraccionamiento Villa del Real, pero sería hasta la tarde de ese día cuando un numeroso grupo armado se apoderó de Villa Juárez, Navolato. El saldo oficial fue de cinco muertos, tres personas inocentes entre ellos.

Dos semanas más tarde, de nueva cuenta un grupo armado volvió a incursionar en la región, y tomó por asalto la comunidad, se habla que levantaron al menos a cuatro hombres y prendieron fuego a un camión amarillo que transportaba jornaleros a las labores del campo.

A partir de ahí, la sindicatura permaneció en el miedo, algunas familias empezaron a marcharse de la comunidad y los ejecutados y levantados estuvieron a la orden del día.

En total, según las estadísticas, Sinaloa concluyó los dos primeros meses del año con 232 homicidios dolosos y casi 100 personas privadas de la libertad.

La reacción de la SEDENA

Desde el ataque al convoy del Ejército, que dejó 5 soldados muertos y 11 más heridos, el Secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeta ha acudido a Sinaloa en tres ocasiones, sin que haya dado un verdadero golpe de timón a las estrategias de combate al crimen organizado. Solo en los discursos.

En el sepelio de los militares abatidos, Cienfuegos llamó “bestias criminales” a los autores del ataque, el cual desde el primer momento fue vinculado con el rescate de un sicario de los Guzmán y perpetrado por células de pistoleros como Los Chimalis, leales al Chapo.

“Que las organizaciones criminales sepan que no descansaremos hasta que sean juzgados por sus delitos. Sepan que vamos con todo, con la ley en la mano y la fuerza que sea necesaria, nadie por encima de la ley, que la fuerza que apliquen tendrá la respuesta que corresponda por parte de la autoridad”, advirtió en esa ocasión el secretario de la Defensa.

Y arremetió:

“Este artero y cobarde ataque no es sólo una afrenta al Ejército o a las Fuerzas Armadas, es también una afrenta a la naturaleza humana, a la convivencia colectiva, a los principios sociales, a las leyes que nos hemos dado, y es también una afrenta al Estado de Derecho”.

Sin embargo, pese a los operativos encabezados por el Ejército y la subprocuraduría especializada en investigación de delincuencia organizada (SEIDO) no se detuvo a ningún responsable de la masacre; los resultados que presentó el gobierno federal fue sobre el decomiso de armas, vehículos y propiedades en Culiacán y el ejido Paredones.

La segunda vista de Cienfuegos fue con el gabinete de seguridad federal encabezado por el secretario de Gobernación en Mazatlán, el pasado 2 de febrero. Luego de la reunión, los mandos federales incluidos el secretario de la Defensa salieron a decir que reforzarían Sinaloa con más elementos.

En la conferencia de prensa, Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, dio a conocer que una de las estrategias contra el crimen sería “reforzar puntos de revisión, todo tipo de establecimientos en los que pudiera generarse concentración de acciones negativas en contra de la sociedad, como deshuesaderos, casas de empeño e incluso casinos”.

Pero fue inmediatamente después cuando los grupos armados chocaron en Culiacán y la guerra no pudo ser detenida por el Ejército, la Marina y las corporaciones locales.

A los días, el sábado 11 de febrero, el general secretario de la Defensa volvió a retornar a Sinaloa, esta vez en una reunión a puerta cerrada en la Novena Zona Militar. El tema era volver a redefinir las estrategias de seguridad.

Al ser cuestionado por la prensa, Cienfuegos Zepeda confirmó lo que ya se sabía en el estado: la ausencia del Chapo Guzmán, tras su extradición a Estados Unidos, generó un vacío de poder que era peleado por las facciones del cártel.

Para combatir la guerra criminal, de nueva cuenta se mencionó que sería reforzado el estado como elementos de la milicia.

Más tardó en tomar su vuelo a la ciudad de México que los grupos armados en protagonizar un nuevo enfrentamiento, esta vez en El Salado.

Esa tarde una persecución entre presuntos pistoleros y militares dejó como saldo un elemento herido y un vehículo abandonado.

Todo comenzó cuando los soldados patrullaban las calles de esta sindicatura localizada al sur de la capital, y de pronto se toparon con sujetos armados. El intercambio de tiros no duró muchos minutos, según los testigos, pero lo suficiente para que los empistolados escaparan.

Esta vez fue la primera ocasión en que se daba un hecho relevante en el territorio controlado por El Mayo Zambada, pues se sabe que esa zona es ampliamente vigilada por halcones y personas armadas leales a los Zambada.

Aún así, los hechos de alto impacto disminuyeron de manera considerable. Entre lunes y martes pasado, se pudieron observar sobre el cielo de la capital helicópteros de la Armada de México de diversas envergaduras que viajaban aparentemente de la zona de Badiraguato a la base provisional del parque Ernesto Milán Escalante, antes Parque 87.

Se sabe que dichos sobrevuelos además son parte de la estrategia para inhibir la circulación de convoyes de vehículos con hombres armados. Aunque de manera oficial la Secretaría de Seguridad Pública del estado, en voz del teniente coronel Cristóbal Castañeda, rechazó que caravanas de unidades circulen por la ciudad.
1 2 3 25