"VAMOS A MASACRAR A TODAS ESAS RATAS" LA RESISTENCIA DEL MAYO ZAMBADA ANUNCIAN EN MENSAJE DE LA PAZ BCS

marzo 22, 2017 // 0 Comentarios

Hasta nuestra redacción nos llega el siguiente narcomensaje exclusivo desde la zona de La Paz y San José del Cabo, BCS. firmado por “La Resistencia del Mayo Zambada” el cual reproducimos textualmente.

“Ya estamos aquí y sacar a las ratas que se metieron en nuestro territorio porque su gobierno paceño les esta dando mas poder y no lo vamos a permitir. 

El sr. Chapo guzman podra estar encerrado pero afuera quedo su tutor el sr. Mayo sanvada a la orden del jefe. No vamos contra las familias sino por esos hijos de su puta madre que llegaron a romper el orden y la tranquilidad y que quieren extorcionar y secuestrar gente.

Vamos a masacrar a todas esas ratas escorias que se metieron por culpa de su Gobierno y a todos los involucrados.

Atte. la resistencia del Mayo Sanvada” finaliza el texto.

Todo ello, a pocas horas de que se han ido recrudeciendo las ejecuciones en el corredor turístico de La Paz-LosCabos-San José del Cabo en las últimas horas, y que apareciera unos de los llamados “halcones” de Los Dámasos que en días anteriores, fuera videograbado confesando a quien y como era su función dentro de esa organización criminal, sus contactos y a quienes les prestaba “servicios” dentro de los Ministeriales y policía municipal, entre otros que mencionó.

EL NARCO EN LA PROCURADURIA DE APODACA, "EL SUREÑO" ES FISCAL NO.2 Y OPERA PARA EL CDG

marzo 22, 2017 // 0 Comentarios

Nuevo León vive nuevamente una crisis de seguridad, la lucha intestina de organizaciones del crimen organizado da cuenta de múltiples ejecuciones y enfrentamientos entre bandas antagónicas y fuerzas del orden, el estado donde las policías que más que combatir a la delincuencia en ocasiones funcionan como brazo armado de grupos criminales.

El reciente escándalo por la filtración de un vídeo del penal de Apodaca pone al estado en la mira internacional por la flagrante violación de derechos humanos y el autogobierno que se vive en las cárceles de la entidad aunado a la creciente violencia en la pugna por el control del estado entre carteles del narcotráfico.

Los levantones y ejecuciones están a la orden del día, la muerte de personas ligadas a dependencias de procuración de justicia revelan nuevamente desde donde se mueven los hilos y se protege a los grupos criminales, un personaje clave en Nuevo León que opera desde la Procuraduría General de Justicia está en la mira del ejército y la marina.

El nombre de Braulio Sánchez Mantilla aparece en varias carpetas de investigación, ligado a grupos criminales Sánchez Mantilla es conocido con el alias de “El Sureño”, el tufo de la corrupción y complicidad desde gobierno aparece en la operación y protección del Cartel del Golfo en los recientes acontecimientos bajo la sombra del sureño. 

Aunque cambiaron los colores de gobierno se mantienen las mismas mafias en la procuraduría, las conspiraciones y traiciones en esta pelea por el control de las plazas en Nuevo León involucran a Braulio Sánchez en la ejecución de Armando Amador García, mando de la Agencia Estatal de Investigación asesinado de tres tiros cuando circulaba por la avenida Venustiano Carranza en el centro de Monterrey en septiembre del 2016.

El nombre de Braulio Yáñez salió a relucir en un conflicto entre integrantes del Cartel del Golfo que culminó con la ejecución de Gumersindo Gámez Villareal “comandante Águila” en los límites de Tamaulipas y Nuevo León en agosto del 2016.

Como fiscal No 2 favoreció a su camarilla desde donde se protegen con el manto de la impunidad de la procuraduría de justicia, basta recordar la omisión en el caso de Ángel Contreras Valle donde no puso a disposición el arma de fuego con que amenazo a ciudadanos en un incidente de transito cuando conducía bajos los influjos del alcohol en enero del 2005 y así sucesivamente la serie de ilícitos engrosan su expediente criminal.

La renuncia del procurador Roberto Flores Treviño en febrero del 2017 se dio en en el marco de la exposición de los vínculos entre delincuencia organizada y elementos en la dependencia de gobierno. Flores Treviño forma parte del grupo del sureño a quien dejo como enlace después de dimitir de su cargo en la administración del gobernador Jaime Rodriguez Calderón.

Así fue como ejecutaron a El Comandante "Splinter" quien le había hecho frente a los sicarios hace un mes hoy no se salvo

marzo 22, 2017 // 0 Comentarios


Ejecutan al salir de la SSPYTM al comandante que intentaron levantar hace unas semanas y que se enfrentó a balazos con los sicarios, Jesús Alberto López Vargas, de 40 años, mejor conocido como “Splinter”. Se reporta de manera preliminar que al menos dos camionetas lo interceptaron al salir de las instalaciones de la Municipal.en Culiacán…


“Ustedes lo tenían aquí encerrado", ¿por qué no lo defendieron? no tenía arma para defenderse Así fue el cruel asesinato de El Comandante "Splinter" en Culiacán

marzo 22, 2017 // 0 Comentarios

Familiares aseguran que Jesús Alberto López Vargas no traía su arma por lo que no pudo defenderse 


Culiacán, Sinaloa.- Sujetos armados acribillaron al comandante y supervisor operativo Jesús Alberto López Vargas cuando iba saliendo de la Policía Municipal, a donde acudió a realizar unas diligencias la noche de ayer.

El atentado sucedió a tan solo unos metros de la salida de la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal (SSPyTM), y a tan solo unas horas de que el secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, sostuviera una reunión con el gobernador donde presuntamente se trataron asuntos referentes a la seguridad.

LOS HECHOS

Los hechos sucedieron a las 19:00 horas, sobre la calzada Aeropuerto. El reporte establece que López Vargas se encontraba en la Policía Municipal a donde había acudido a realizar unos trámites sobre un cambio para ser asignado a una sindicatura.

El policía iba saliendo a bordo de una camioneta Cherokee blanca e intentó tomar el carril que conduce de poniente a oriente cuando fue interceptado por sujetos armados, quienes viajaban a bordo de una camioneta Cheyenne gris y una Colorado tinta.

Los delincuentes le empezaron a disparar con rifles “cuerno de chivo” frente a decenas de personas que circulaban por el lugar.

El comandante, en un intento por salvar su vida, dio reversa a la camioneta, pero fue atacado nuevamente en la esquina con la avenida Maravilla, frente a unos locales comerciales.

Tras cometer el atentado, los delincuentes se dieron a la fuga.

Policías municipales, quienes se encontraban resguardando los accesos a la corporación, nada pudieron hacer por ayudar a su compañero.

Instantes después de que sucedieron los hechos, al lugar arribaron paramédicos de Cruz Roja solo para confirmar el deceso de López Vargas, quien presentó múltiples impactos de bala en el cuerpo.

La camioneta quedó con  las luces encendidas, las llantas ponchadas y la carrocería dañada por los disparos.

ANTECEDENTE

El día 27 de enero del año en curso, Jesús Alberto López Vargas fue atacado a balazos por varios sujetos cuando iba llegando a su domicilio.

El comandante entró a su casa, y armado con un rifle “cuerno de chivo” les hizo frente a los delincuentes, quienes huyeron sin lograr su cometido.

Se dijo en ese entonces que los individuos querían “levantarlo”, como sucedió con tres de sus compañeros.

IMPOTENCIA

“Ustedes lo tenían aquí encerrado, ¿por qué no lo defendieron? Ustedes le quitaron las armas, por eso no tenía cómo defenderse”, les gritaba uno de los familiares del comandante a los policías que resguardaban el lugar.
En esta ocasión, López Vargas no andaba armado y no pudo defenderse.

La segunda liberación del “Chapito" Leal

marzo 22, 2017 // 0 Comentarios

Identificado por autoridades de México y Estados Unidos como cabecilla del tráfico de drogas entre Tijuana y San Diego, Octavio Leal “El Chapito” ha sido detenido en tres ocasiones, la última por homicidio, del que se declaró inocente, y en el cual el Ministerio Público no tiene ni señalamiento directo, ni testigos A Octavio Leal Hernández “El Chapito”, “El Lucas” o “El Chapo”, identificado por autoridades del Grupo Coordinación desde 2012 como lugarteniente en células del crimen organizado que operan en Baja California, lo recapturaron por el delito de posesión de armas el viernes 10 de marzo de 2017, recuperó la libertad el lunes 13 del mismo mes, y minutos después lo reaprehendió el Ministerio Público del Fuero Común por robo de vehículo y  homicidio. 

El domingo 19 de marzo alrededor del mediodía, cuando venza el término de la extensión solicitada por sus abogados, encabezados por el licenciado Bernabé Diego Meléndrez Márquez, en el caso de homicidio, es muy probable que recupere su libertad sin cargos. Esta posibilidad fue explicada desde la Procuraduría General de Justicia del Estado de Baja California, bajo dos premisas: 

Los detenidos en el homicidio que se le imputa no lo señalaron directamente de ordenar la muerte. El principal testigo en su contra en dicho expediente está muerto. Al final dependerá del criterio de la juez Fanny Martínez Reyes, si considera que los elementos existentes y de los que incluso la fiscalía desconfía, son o no suficientes. 

Colocado en el organigrama delictivo por autoridades de México y Estados Unidos como jefe de célula criminal- primero con el Cártel Arellano Félix, después con el Cártel  de Sinaloa y luego como independiente-, el nombre y el apodo del “Chapito” Leal Hernández salió a relucir en investigaciones de ambos lados de la frontera. Por eso el 26 de abril de 2012 fue detenido por elementos del Ejército, pero con información proporcionada por autoridades antidrogas norteamericanas. 

Sin embargo, tres años después, el 17 de abril de 2015, un juez federal lo declaró inocente de todos los cargos por falta de elementos, y recobró su libertad por orden judicial. En aquel momento se había detonado una nueva ola de homicidios que el Consejo Estatal de Seguridad  atribuyó al regreso de Leal a Baja California, y después aseguraron, abandonó la entidad.   

LA RECAPTURA DE LA PEP  

Elementos del grupo coordinado de seguridad detectaron la presencia de Octavio Leal en Tijuana desde hacía aproximadamente tres meses, pero no pudieron ubicarlo rápidamente aunque estuvieron enterados de sus transacciones, sus contactos con familiares, mujeres y otros sujetos. “Se presume inocente, mientras no se declare su responsabilidad por la autoridad judicial. Art. 13, CNPP” “Se movía mucho”, explicaron, “no dormía en un solo lugar, se trasladaba entre el fraccionamiento Agua Caliente, las inmediaciones de la calle Benton y la colonia Cacho”. Con una orden de orden de aprehensión vigente desde 2010, en las últimas semanas lo estuvieron buscando como “objetivo prioritario”, sin éxito. Recibían información aislada y tardía. 

La información contenida en el Informe Policiaco Homologado (IPH), indica que mientras elementos de la Policía Estatal Preventiva (PEP) realizaban patrullaje en la colonia Cacho, fueron interceptado sobre la calle Colombia por una mujer de 35 años, de estatura y peso promedio, que se negó a firmar su denuncia, pero les informó que en la misma vialidad acababa de ver a un pick-up gris, les proporcionó el número de placas y aseguró que dentro del carro vio a cuatro hombres armados. 

Los uniformados intervinieron el auto descrito; lo encontraron en la Avenida Colima esquina con Colombia, dentro estaba Octavio Leal, acompañado de Carlos Jiménez, Alberto Hernández y Guillermo Santillán, ex policía comercial de Tijuana, a cada uno de estos hombres le encontraron un arma corta en el cuerpo, y en la parte media del auto, a la vista, dos fusiles. Datos extraoficiales indican que tras realizar el operativo, los agentes de la PEP se dieron cuenta que dos hombres en dos vehículos más se acercaban peligrosamente, asumieron que para proteger a Leal, y para evitar una balacera en lugar público, también fueron intervenidos. 

El sábado 11 de marzo, a través de un comunicado, la Secretaría de Seguridad Pública informó: “Tras varias horas de trabajo y una extensa investigación, la Policía Estatal Preventiva (PEP) y el Ejército Mexicano, capturaron a Octavio ‘N’, alias ‘El Chapito Leal’, junto a 6 individuos más, quienes al parecer conformaban un grupo del crimen organizado posiblemente responsable de actos de violencia en Tijuana, además de delitos de narcotráfico. “Los detenidos -El Chapito y tres sujetos a quienes no les encontraron antecedentes delictivos- pretendían abordar un pick up Nissan Frontier donde se encontraron cuatro armas de fuego cortas, dos armas tipo fusil semiautomático, cargadores y cartuchos de diversos calibres”. Posterior al operativo, reportaron la detención de otros tres hombres en la colonia Las Brisas. “Dichas personas fueron capturadas en un vehículo cuando transportaban 5 armas largas, 1 sub ametralladora, cargadores, cartuchos, más de 2 kilos 800 gramos de marihuana  y 1 kilo 300 gramos de ice”, resume el escrito.   SEGUNDA LIBERTAD Y TERCERA APREHENSIÓN Una vez presentados ante la Procuraduría General de la República (PGR), el Ministerio Público federal formuló cargos contra Leal y sus tres compañeros por posesión de armas de uso exclusivo del Ejército. 

A través del IPH de la Policía Estatal Preventiva habían sido informados que al correr el nombre de Leal en la base de datos nacional, había resultado con dos órdenes de aprehensión pendientes en el fuero común de Baja California, por lo cual decidieron notificar a la PGJE. 

De hecho el Ministerio Público federal pudo liberarlo y seguir el proceso, pero decidieron  presentarlo el lunes 13 de marzo, para que fuera el juez de acuerdo a los criterios de oportunidad y las reformas al Código Nacional de Procedimientos Penales que no indica como obligatoria la cárcel para este tipo de delitos, quien lo vinculara a proceso y lo liberara, a condición que acuda a firmar periódicamente por el tiempo que se extienda el juicio. “El Chapito” y sus acompañantes fueron dewtenidos en la avenida Colima esquina con calle Colombia en la colonia Cacho En el caso de Leal no aplica la reincidencia, pese a que en 2012 fue detenido en posesión de dos fusiles, dos pistolas, 12 cargadores y 243 cartuchos; al final fue exonerado de todos los cargos. Fue el mismo lunes cuando la PGJE dio cuenta de la recaptura, por las órdenes de aprehensión pendientes en el Estado. Ambos expedientes pertenecen al viejo sistema penal. Son dos averiguaciones abiertas, una por robo de vehículo, que fue la primera en atenderse y notificarse, Leal fue presentado ante el juez de manera inmediata y decidió reservarse.   

ACUSADO DE HOMICIDIO DE “EL CHENTE” 

La segunda averiguación se notificó hasta la mañana del martes 14 de marzo, fecha en la cual “El Chapito” se presentó ante la juez del décimo penal local, Fanny Martínez Reyes,  Leal aseguró desconocer el tema y la muerte de la que se le habló; respecto al Ministerio Público, su abogado solo espera el vencimiento del término -mediodía del domingo 19 de marzo- para que les notifiquen lo conducente. 

La acusación de homicidio contra Leal está consignada en el expediente 24/2011, fue el 18  noviembre de 2011 cuando tres hombres presentados como sus empleados y cómplices criminales, fueron detenidos y responsabilizados de por lo menos ocho asesinatos: de un sujeto desconocido el 4 de septiembre de 2010 en la colonia Amparo Sánchez; Teresa Bojórquez el 27 de octubre de 2010 en la colonia Arboledas; dos hombres el 1 de noviembre de 2010 en Terrazas del Valle; Alberto Rojas el 13 de noviembre de 2010, también en Arboledas; Alejandro Rivera el 9 de noviembre de 2010 en la colonia Santos; además de Ángel Santiesteban Flores, a quien intentaban colgar del puente de Valle Bonito en el Corredor 2000, pero como se resistió, le dispararon. 

El único homicidio por el que se ejecutó orden de aprehensión a Octavio Leal, fue el de Vicente Pérez de la Cruz alias  “El Chente” -averiguación previa 543/10/201-, cometido el martes 16 de noviembre  de 2010, cuyo cuerpo fue localizado en un lote de la calle Ignacio Allende  de la colonia División del Norte. Le dispararon con una pistola calibre .380 y murió en el Hospital General. 

Los presuntos empleados delictivos de Leal detenidos ese 18 de noviembre fueron: Juan Carlos Zúñiga Mújica, Juan Carlos Ojeda Magdaleno y Juan Gerardo Rodríguez Hernández, alias Juan Macías Huerta, Juan Cubillo Madrigal “El Gory”. Los dos últimos confesaron que pertenecían a una célula dedicada “al ajuste de cuentas secuestros y homicidios”, en la cual también estaba incorporado Ernesto Villalobos Estrada “El Güero Trompas”,  que ellos recibían órdenes de José Danilo Amador Higuera, alias Rodolfo Amador Higuera  “El Danilo” y de  Ernesto Morales Torres “El Malverde”, pero el jefe de todos era “El Chapito” Leal. De “El Chente”  dijeron lo asesinaron  porque “… vendía droga para otro grupo del Cártel Arellano Félix y él había trabajado para Sinaloa, pero volteó bandera”. 

Explicaron que recibían órdenes del “Chapito Leal y que los jefes de éste se encontraban en Sinaloa. Según la declaración, “El Chapito” tiene de jefe de sicarios “al ‘Danilo’, quien es quien nos entrega las armas y nos dice quién va a ser la víctima, nos proporciona las armas y nos lleva ‘El Gory’ y ‘El Pelón’  a que ejecutemos a la gente y luego nos sacan del lugar. “Asimismo, sabemos que hay más gente que se encarga de puntear y avisar que no venga la Policía y otros que cuidan a la gente que levantamos en las oficinas. Pero esas son otras células que reciben órdenes del ‘Chapito’, nuestro jefe. Nosotros nomás somos la célula encargada de ajustar gente, chapulines, matar y levantar. Lo demás lo hacen otros. 

Y por eso nos pagan 3 mil pesos a la semana”. Después hablaron de homicidios en el Bulevar 2000, en la colonia Las Huertas, la  Buenos Aires y Arboledas, “todos eran chapulines” (que van de un cártel a otro), justificaron. El martes 14 de marzo de 2017, la juez del décimo penal fue informada de los cargos, y que en el expediente 24/2011 que dio origen a la orden de aprehensión contra Leal, el principal testigo, Juan Gerardo Rodríguez Hernández, alias Juan Macías Huerta y/o Juan Cubillo Madrigal “El Gory”, estaba muerto. Los operativos de seguimiento se hicieron en otras zonas incluidas Las Brisas Que al ser detenido otro de los presuntos cabecillas del grupo de Amador Higuera  “El Danilo”, se reservó y negó los hechos. Que a pesar que los detenidos señalaron a Leal Hernández como jefe máximo del grupo, ninguno  declaró haber recibido de él la orden de matar a “El Chente”, de hecho dicen que la orden la dio “El Malverde”. Cuando supo los señalamientos en su contra y quiénes lo acusaban,  Octavio Leal Hernández dijo desconocer los hechos que se le imputaban, que nunca había participado en ningún acto criminal, que él trabaja horadamente y no tiene apodos, además, designó a Bernabé Diego Meléndrez Márquez como su abogado.   

ANTECEDENTES: LA PRIMERA DETENCIÓN  DEL EJÉRCITO 

El 26 de abril de 2012, “El Chapito” fue detenido por elementos militares en una casa de la Avenida Clavel, Privada de las Fuentes del fraccionamiento Agua Caliente, estaba solo y en su auto encontraron 181 kilos de marihuana en varios paquetes,  dos fusiles calibre 7.62 por 39; dos pistolas Colt, una calibre 10 milímetros y otra 38 súper; además de 243 cartuchos y 12 cargadores. Se supo que le pidieron u ofreció dinero por ser liberado y su cuñado, Luis Contreras, llegó con 29 mil dólares para pagar por la libertad de Leal; también fue detenido. De sus dichos en la primera entrevista cuando estuvo detenido, informó que ya no estaba vinculado el Cártel Arellano Félix ni a la célula criminal de los Sillas Piña y Sillas Rocha, con quienes estuvo en 2010 por protección, “porque se había enemistado con Alfonso Arzate ‘El Aquiles’ por un tema de faldas”. 

También dijo temía por su vida en relación al hermano del “Aquiles”, René Arzate “La Rana”. Que movía droga, compraba a un sujeto llamado Francisco y la cruzaba a Estados Unidos con apoyo de otro hombre al que identificó solo como “El Charly”. En aquel momento, la PGJE reportó  que Leal tenía orden de aprehensión por el asesinato de Kevin Alejandro Lara Tamayo, sucedido el 24 de agosto de 2006 y consignado en la averiguación previa 560/06/20F/AP, de la que no se supo más.

Marinos buscaban a tres compañeros "levantados"; encontrarón 49 cadaveres en Veracruz

marzo 22, 2017 // 0 Comentarios

Las autoridades veracruzanas rescataron hoy 47 cráneos de las fosas de Arbolillo, en Alvarado, donde hasta ayer sólo 12 restos habían sido exhumados.

BlogExpediente tuvo acceso a reportes extraoficiales que indican que esa fosa es la segunda más grande localizada en Veracruz, después de la de Colinas de Santa Fe, en donde han detectado más de 250 cuerpos.

La fosa fue encontrada por personal de la Secretaría de Marina (Semar), que realiza trabajos de inteligencia para encontrar a tres de sus elementos que están desparecidos desde finales de enero pasado y llegaron a este lugar ubicado a unos 40 minutos del puerto jarocho.
En esas fosas de Arbolillo se observa el mismo patrón que las del fraccionamiento Colinas de Santa Fe: cuerpos en una casa, hechos pedazos, en bolsas negras, otros en bolsas con cal.

La mayor parte de las víctimas tienen más de seis meses de estado de putrefacción, aunque hay algunos más recientes.

En la zona se cree que hay más restos humanos. Se espera que en los próximos días haya más recorridos por parte de las autoridades.

Se desconoce hasta ahora qué grupo delincuencial pudo haber cometido esta masacre.
El Fiscal de Veracurz, Jorge Winckler, ha confirmado que en hay un número indeterminado de cuerpos en esa fosa, localizada por reportes anónimos.

El funcionario explicó que la fosa está ubicada en un rancho aledaño a la carretera federal 180, en colindancia con la Laguna de Camaroneras, misma zona donde en mayo de 2015 se encontraron ocho cuerpos abandonados en un islote.

Winckler dijo tener indicios de que entre los cadáveres se encuentran los integrantes de la familia Sánchez Pérez, originarios de Querétaro, reportados como desaparecidos en septiembre de 2016.

La Fiscalía veracruzana presume que en esa fosa estén los restos del joven Baruch Grajeda García, desaparecido desde julio de 2016 en el Puerto de Veracruz.
En esas fosas de Arbolillo se observa el mismo patrón que las del fraccionamiento Colinas de Santa Fe: cuerpos en una casa, hechos pedazos, en bolsas negras, otros en bolsas con cal.

La mayor parte de las víctimas tienen más de seis meses de estado de putrefacción, aunque hay algunos más recientes.

En la zona se cree que hay más restos humanos. Se espera que en los próximos días haya más recorridos por parte de las autoridades.

Se desconoce hasta ahora qué grupo delincuencial pudo haber cometido esta masacre.
El Fiscal de Veracurz, Jorge Winckler, ha confirmado que en hay un número indeterminado de cuerpos en esa fosa, localizada por reportes anónimos.

El funcionario explicó que la fosa está ubicada en un rancho aledaño a la carretera federal 180, en colindancia con la Laguna de Camaroneras, misma zona donde en mayo de 2015 se encontraron ocho cuerpos abandonados en un islote.

Winckler dijo tener indicios de que entre los cadáveres se encuentran los integrantes de la familia Sánchez Pérez, originarios de Querétaro, reportados como desaparecidos en septiembre de 2016.

La Fiscalía veracruzana presume que en esa fosa estén los restos del joven Baruch Grajeda García, desaparecido desde julio de 2016 en el Puerto de Veracruz.

La vez que sin importar nada El Chapo saco con helicoptero a su mamá tras enfrentamientos con Los Beltrán leyva

marzo 22, 2017 // 0 Comentarios

Las confrontaciones con los Beltran Leyva y el “Chapito Isidro” en la sierra de Badiraguato llegó a un punto álgido, con el allanamiento a la casa donde reside la madre de Joaquín “El Chapo” Guzmán, lo que ha obligado al desplazamiento de entre 200 y 350 familias de los poblados de La Tuna, Arroyo Seco y La Palma.

La confrontación, de acuerdo a los pobladores, habría iniciado meses atrás entre un grupo comandado por el hermano del capo, Aureliano Guzmán Loera, y otro de los Beltrán Leyva, dirigidos por un sujeto apodado como “El Chamacón”.

El conflicto se agudizó el pasado junio de 2016 , cuando se reportó que el grupo armado, perteneciente a los Beltrán Leyva robó dos motocicletas, dos vehículos tipo Razr y cortó cableado de teléfono y luz eléctrica del hogar, la madre de “El Chapo” fue trasladada a Culiacán en Helicóptero antes de que sucediera esto.

“Ella salió pocos días depsues  en la mañana, llegaron por ella en helicóptero y que la sacaron precisamente hacia la ciudad, hacia Culiacán, porque ya por tierra era peligroso”, señalaron. “Esta gente fueron a La Tuna, sacaron dos ‘razrs’ y dos motos de la casa de la mamá del señor y eso calentó más la situación, entonces al parecer Arroyo Seco, La Palma y La Tuna están solos, se quedaron sin las familias ahí por un posible enfrentamiento entre los dos bandos y en caso de que se diera este enfrentamiento pudieran afectar a civiles”, señalaron fuentes vía teléfonico al diario Noroeste.

Los civiles desplazados fueron avisados por los grupos en pleito de un posible enfrentamiento, y fueron exhortados a abandonar los poblados para evitar el fuego cruzado.

Resucitan nombres de viejos grupos criminales

marzo 22, 2017 // 0 Comentarios

Las células con sobrevivientes a la extinción de sus cárteles aplican una especie de estrategia de “marketing criminal” para infundir miedo.

La extradición de Joaquín “El Chapo” Guzmán, líder del Cártel de Sinaloa, a Estados Unidos, ha dado pie al reacomodo de los grupos del narcotráfico en México, lo que ha resucitado nombres de organizaciones criminales que ya se creía extintas, como el Cártel de Tijuana, Los Zetas y Caballeros Templarios.

Esto no significa que las organizaciones resurjan; si no que en medio de la guerra para ganar plazas, las células con sobrevivientes a la extinción de sus cárteles aplican una especie de estrategia de “marketing criminal” para infundir miedo y tener un mayor peso en la reconfiguración del crimen organizado en México.

“La marca es valiosa. Esta fragmentación está dando surgimiento a viejos grupos que recuperan los nombres. Algunos tienen conexiones con organizaciones del pasado”, expresó Alejandro Hope, experto en temas de seguridad.

El explotar los nombres no sólo les permite tener un mayor prestigio en la industria criminal, también crear un mayor miedo en la población, algo que ya se ha hecho común en ciudades como Matamoros, Tamaulipas.

“Se te presentan como miembros de tal cártel porque te da presencia y provocas miedo, me ha tocado en la calle. Me ha tocado alguna vez que dicen a ese no le hago caso porque su grupo no es tan fuerte. Pesa mucho el nombre y lo usa mucha gente, pero que sea verdadero ya es cuestionable y no es un caso aislado. En un momento dado, simples personas que son delincuentes de bajo nivel usan el nombre de Los Zetas para no pagar renta, para amenazar y asustar a su casero”, expresó Arturo Zárate, investigador en la sede Matamoros del Colegio de la Frontera Norte (Colef).

Desde la caída de Miguel Ángel Treviño Morales, el Z-40, en 2013, su último y más sanguinario líder, sólo en Tamaulipas, considerada su cuna, Los Zetas se dividieron en más de 20 células, afirmó Zárate.

Los Zetas, nacieron como un grupo de soldados de élite que desertó del Ejército y se convirtió en el brazo armado del Cártel del Golfo, un antiguo aliado de Sinaloa.

En algunas ciudades de Tamaulipas, como Nuevo Laredo y Ciudad Victoria, habría células que, además de hacer uso del nombre, buscan recuperar la estructura militar que tenían los originales.

Aunque “es difícil que vuelvan a operar como los conocimos, como esos Zetas que fueron el enemigo público número 1 del Estado”, dijo Guadalupe Correa, autora del libro Los Zetas Inc. Criminal Corporations, Energy, and Civil War in Mexico.

El Cártel de los Arellano Félix, en Tijuana, también ha vuelto a resurgir en el reacomodo.
Fue creado a finales de los años ochenta y se consolidó como uno de los más importantes del país en la primera mitad de los noventa, cuando sus principales líderes fueron detenidos a raíz del asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en 1993, en el aeropuerto de Guadalajara, Jalisco.

A Posadas Ocampo presuntamente lo confundieron con “El Chapo” Guzmán.
En 1992 declararon la guerra a Ismael “El Mayo” Zambada y sus socios, “El Chapo” y Héctor “El Güero” Palma, por una deuda de 20 millones de dólares por el cruce de droga a Estados Unidos.

La guerra terminó con la primera captura de Guzmán Loera.

Luego la fuerza del cártel se debilitó con el posterior encarcelamiento, extradición y asesinato de sus líderes y resurgió en 2016, cuando la Procuraduría General de la República le regresó a la familia bienes que había incautado desde hacía más de dos décadas.

“Hay células que siguen operando, quien está operando con ellos son el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). Hay una agrupación que se llama Cartel Tijuana Nueva Generación, pero ya están muy debilitados en comparación con lo que fueron. Están operando más como prestadores de servicios”, expresó Hope.

Tras la desintegración de La Familia Michoacana, que era derivada de Los Zetas, surgen Los Templarios, en 2011, en Michoacán.

El cártel sembró el terror en el estado por sus actividades de extorsión a los productores de aguacate y limón y a la población en general, pero al igual que Los Zetas y los Arellano Félix, se fueron debilitando con el abatimiento o detención de sus líderes.

“Templarios hay algunos que nunca dejaron de serlo y están operando en el terreno (Michoacán), pero con respecto a la organización del “Chayo” o la “Tuta”, dos de sus líderes fundadores, el primero muerto y el segundo en la cárcel, no hay comparación”, mencionó Hope.

Recordó que en el estado hay un grupo que ha empezado a operar como “La Nueva Familia”, principalmente en el Puerto de Lázaro Cárdenas, una de las principales salidas de mercancías a China.

“Es muy temprano para decir que estos cárteles se están reagrupando. Yo creo que hay que esperar un poco más para ver si esto es lo que está pasando o sólo están haciendo uso del nombre”, finalizó Guadalupe Correa.

"San Ignacio protector" la historia de Nacho Coronel el narcotraficante que protegió a Guadalajara de la entrada de Los Zetas

marzo 22, 2017 // 0 Comentarios

La muerte de Nacho Coronel pasmó a los tapatíos. Nadie tenía claro si se trataba de una buena o de una mala noticia. El jefe de la plaza, el hombre fuerte del Chapo Guzmán en Guadalajara, el que nos protegía de la llegada de los Zetas, el intocable, había sucumbido tras un operativo del Ejército Mexicano que irrumpió en la casa del capo en Colinas de San Javier, una colonia de clase alta y grandes caserones. La noticia se corrió de boca en boca con una mezcla de morbo y miedo. Cada uno le iba agregando un poco para hacerla más interesante, más alarmante, más fuerte.

Una hora después de confirmado el deceso, el presidente Felipe Calderón aterrizó en Guadalajara para inaugurar el estadio Omnilife, la nueva sede de las Chivas, el equipo más popular de México. El orgullo estaba a flor de piel: el “mejor estadio del mundo” para el “mejor equipo del mundo”. La noche del 29 de julio de 2010, Guadalajara era una estampa viva de su eterna contradicción: la ciudad pujante, echada para adelante, la que presumía ser, en ese momento, una de las más seguras de México y Latinoamérica tenía miedo y orgullo.

En las redacciones de los periódicos, ambas notas competían por la cabeza. La muerte de uno de los narcotraficantes más buscados del país frente a la inversión privada más importante de la historia de la ciudad. La caída de “San Ignacio protector”, el que nos había vendido la idea de que Guadalajara era segura porque él era el factor de estabilidad de la violencia, frente a la consagración del “Templo Mayor” del Rebaño Sagrado. La nota que irrumpe, que traspasa como una bala de alto poder amenazando la tranquilidad de la ciudad frente a la nota esperada, la que no sorprende pero sí enciende el orgullo local.

Ignacio Coronel llegó a Guadalajara de la mano de Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los Cielos, a principios de los años noventa. Coronel se había convertido en uno de los hombres de confianza del gran introductor de cocaína a Estados Unidos y jefe del cártel de Juárez. En Guadalajara, una plaza disputada por los cárteles de Sinaloa y Tijuana, el Señor de los Cielos había logrado sumar a sus filas nada menos que al jefe de la XV Zona Militar, el general Jesús Gutiérrez Rebollo. Junto con Juan José Esparragoza, el Azul, Coronel trabajó la plaza de Guadalajara para el cártel de Juárez y consolidó el negocio de las metanfetaminas. En 1993, Nacho cayó de la gracia de el Señor de los Cielos y fue detenido en Sinaloa con un cargamento de droga. A los pocos días salió libre gracias a la intervención de un abogado enviado desde Guadalajara por la mano derecha de Guzmán Loera: el Mayo Zambada. Meses después, el comandante que lo detuvo fue asesinado, y Nacho se unió a las filas de Sinaloa.

Fueron años de cambios acelerados en las mafias de la droga en Guadalajara. El asesinato del cardenal Posadas llevó a Joaquín el Chapo Guzmán Loera a la cárcel y convirtió a los Arellano Félix en el cártel más perseguido. La muerte de Amado Carrillo durante una operación de cirugía plástica y el rápido ascenso y caída del general Gutiérrez Rebollo, quien fue nombrado zar antidrogas y luego aprehendido por sus ligas con el cártel de Juárez, cambió radicalmente la situación de la Perla Tapatía; vinieron los mejores años para la seguridad en la ciudad y también para Ignacio Coronel, que se convirtió en el King of Ice (el rey del cristal).

Tras la fuga del Chapo Guzmán de la prisión de Puente Grande en 2001, Coronel participó en la reunión de capos en la que se creó la llamada Federación, el primer intento de unificación de un gran cártel. Nacho Coronel se quedó con el negocio de matanfetaminas y el control del puerto de Manzanillo y los estados de Colima, Jalisco y Nayarit. Tres años después, la Federación se rompió en una cruenta guerra interna que ganaron el Chapo y sus aliados, entre ellos el Mayo Zambada, el Azul Esparragoza y Nacho Coronel.

Con la plaza bajo control y el negocio al alza, el poder de Coronel floreció. Era el operador de confianza de Guzmán y tuvo infiltradas las instituciones policiacas y de justicia en Jalisco. Mientras que en decenas de ciudades de México la seguridad se salía de control y el crecimiento de los Zetas destrozaba la tranquilidad de plazas como Monterrey, Aguascalientes, Torreón y Cuernavaca, Guadalajara vivió su mejor momento. El mito de que los Zetas no entraban a Jalisco y Colima porque Nacho Coronel mandaba en esta plaza creció a gran velocidad y pasó de ser un rumor entre la fuente policiaca a una “gran verdad” creída y difundida por las clases medias y altas de la ciudad: Nacho nos protege a todos; él tiene un mejor sistema de espionaje que la policía, y les pasa el pitazo cuando vienen los Zetas; cuando pasa Nacho Coronel, los policías lo escoltan; dicen que vive en Colima y se le vio en una boda con el gobernador; no es cierto, deciden otros, vive en Guadalajara a todo lujo; el Chapo se vino a vivir a Puerto Vallarta porque aquí lo protege Nacho… Su poder crecía al mismo ritmo que los mitos y los rumores.

La fiesta se acabó en abril de 2010, cuando en el hotel Green Bay, de Riviera Nayarit, un comando vinculado a los Zetas capturó y mató a Alejandro, uno de los tres hijos de Coronel, de sólo dieciséis años. Nacho perdió el control. La venganza marcó los últimos meses de su vida. Ejecutó a todos los que habían participado en el secuestro y muerte de su hijo y fue hasta Hermosillo para secuestrar a la esposa de Héctor Beltrán Leyva, el H, pero tres semanas después decidió regresarla viva con mensajes que aludían al respeto que se debía tener por las familias.

La suerte del capo cambió. Las murmuraciones ahora señalaban que venían por él. Cuando se veían militares o marinos en la ciudad, de inmediato corría el rumor de que había detenido a Nacho Coronel. El capo sabía que su hora había llegado. Los últimos quince días no salió de la casa de Paseo de los Parques, en Colinas de San Javier, donde estaba resguardado. Hasta ahí llegaron los militares la tarde del 29 de julio de 2010. Cerraron las calles, tomaron las casas vecinas y fueron por él. Hubo balacera y detonaciones de granadas.

Una bala en el tórax y otra en el abdomen acabaron con el capo, pero no con los mitos. La falta de una foto del cuerpo abatido en la casa donde fue capturado generó de inmediato el rumor de que en realidad no estaba muerto. El miedo se apoderó de los tapatíos, los rumores de venganzas por la muerte de Coronel y de que los Zetas tomarían la ciudad corrieron de inmediato. En silencio, Guadalajara lloraba la muerte de “su protector”…..

La casa de Paseo de los Parques

Cuando quisieron entregar la casa de Paseo de los Parques a un centro de investigación estaba semidestruida: los lavabos y escusados arrancados, algunos vidrios rotos, los pisos levantados. Había aún huellas de los antiguos moradores: cuadernos abiertos con la tarea a medio hacer, libros de escuela, juguetes, cobijas y almohadas; un tejido aún ensartado en las agujas con el estambre ya pardo por el polvo, todo tal como quedó el día de la huida, como si la vida cotidiana se hubiera congelado en el momento del pitazo. “¡Sálganse que vienen por ustedes!”. Había también huellas de los nuevos moradores, los judiciales que cuidaban la casa incautada: botellas de brandy vacías, cajas de pizza en el suelo, refrescos a medias en los rincones, revistas malas, pésimas y pornográficas.

Esta y otras propiedades incautadas al Azul Esparragoza tras su detención en los años noventa se ofrecieron a centros universitarios y de beneficencia social. Era una forma de regresar a la sociedad el producto de la guerra al narco.

El centro de investigación al que le ofrecieron la finca declinó la oferta. Meses después, una casa hogar para niñas desamparadas la aceptó y en ella atendió y dio hogar por varios años a cuarenta niñas.

Un buen día comenzaron las presiones del gobierno para que desalojaran la casa. Primero argumentaron quejas de los vecinos, que insistían que en la colonia no estaba permitido que hubiera un hospicio y que era muy molesto vivir al lado de tantas niñas pobres. Después sostuvieron que las niñas deberían ir a un mejor lugar y que la fundación no tenía los recursos suficientes para mantenerlas. Finalmente “les encontraron” un nuevo hogar a las niñas en Tepatitlán, bajo la custodia de una monja, y obligaron a la fundación a dejar la casa.

A los pocos meses del desalojo, el Azul recuperó sus casas y terrenos que el gobierno, con gran diligencia y eficiencia, hizo el favor de limpiar de inquilinos para que no hubiera problemas con la posesión.

Ahí, en la finca que ya había sido cateada e incautada por la Procuraduría General de la República (PGR), cedida a una institución de beneficencia y devuelta a un narcotraficante, gracias a los buenos oficios de jueces y funcionarios, en esa misma casa fue cazado Nacho Coronel.

Nacho Coronel no se fue solo. Detrás de la muerte del protector llegaron las ejecuciones, algunas de ellas a grandes personajes, otras, la mayoría, a sicarios y traficantes menores.

Uno de los peces gordos ejecutados fue Gilberto, el Gil, Murillo, un ex policía de la Dirección Federal de Seguridad que manejaba los asuntos vinculados al Poder Judicial para el cártel del Chapo. Instalado como secretario de juzgado de segunda instancia movía a su antojo expedientes judiciales. Avecindado en Puerto Vallarta, Murillo era un tipo afable que no dudaba en avisarle a las personas que iba a afectar judicialmente con sus maniobras o en ofrecer matar a quien le había bajado la novia a un compañero de cantina. Lo mataron a plena luz del día mientras circulaba por la avenida 8 de Julio, unos metros antes de llegar al Periférico. Un auto Sentra lo alcanzó y desde ahí le dispararon ocho tiros. Nadie más salió lesionado.

Vino después el asesinato de Javier García Morales. Aunque su gente cercana asegura que “no tenía enemigos” y nada tenía que ver el cártel de Sinaloa, el hijo del ex secretario de la Reforma Agraria en el sexenio de José López Portillo, Javier García Paniagua, y nieto del secretario de la Defensa con Gustavo Díaz Ordaz, el general Marcelino García Barragán, había aparecido como uno de los narcotraficantes más buscados en la llamada “macroaveriguación” de la PGR sobre narcotráfico a fines de los noventa. Nunca fue capturado. Por el contrario, años después apareció como secretario general adjunto del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

A García Morales lo ejecutaron en un café de la colonia Providencia a las once de la mañana. Alguien lo había citado ahí para un asunto de negocios. “Lo pusieron”, dicen sus amigos. En la iglesia de la Madre de Dios, en contraesquina del café, lo estaban esperando un sicario y un motociclista. Cuando García Morales llegó, solo, entregó las llaves al valet parking y se dirigió a la entrada del café. El sicario cruzó la avenida Providencia en diagonal con la pistola en la mano apuntando al suelo. Llamó a García Morales por su nombre y, cuando éste volteó, levantó un poco la pistola y le tiró el primer balazo en una pierna. Inmovilizado y en el suelo, Javiercito, como se le conocía en el ambiente político, recibió otros cuatro tiros en el pecho y cabeza. La moto se emparejó a la altura del sicario y, tras el último disparo, arrancó en sentido contrario por Providencia. Mientras todos los testigos volteaban a ver la moto, el sicario se retiró caminando por la calle Bogotá, donde otro cómplice ya lo esperaba.

Las ejecuciones siguieron. No había un patrón definido, tampoco una reivindicación. Era un simple cambio de mando, de cuadros, de aliados, pero salvo algunos sobresaltos, la vida seguía en la ciudad.

Estampa II
¿Dónde estás, pinche enano?
Cuando salió del circo con el enano en brazos soltó la carcajada. De todas las travesuras, abusos de autoridad, desplantes que había hecho en su vida éste era sin duda el peor. Siempre había querido tener un enano, era el delirio de alcohol con sus amigos. Desde que cumplió deciséis años, en medio de aquella borrachera se prometió a sí mismo que tendría un enano. “¿A poco no sería de poca madre tener un enano que nos traiga los tragos?”.

Lo pagó de contado y en dólares. Todavía tuvo el arrojo de regatear: “¿Cuánto si me llevo al enano y la cebra?”. Pero el dueño del circo ya se sentía lo suficientemente mal con haber vendido al enano payaso como para encima vender la cebra. Era un circo pobre, pero no un pobre circo. El caso es que le habían llegado al precio, le ofrecieron una cifra que el circo no había visto junta en su vida, y lo vendió.

Ahora sí, cabrones, ya tenemos quien nos haga los tragos, nos limpie las botas y nos pase el encendedor cuando se nos caiga debajo de la mesa. La banda celebró la ocurrencia del jefe. Si algo habían aprendido desde que estaban en la prepa es que con el jefe no les faltaría nada, siempre estarían protegidos de los enemigos, de la policía, de la justicia y hasta de sus propias pendejadas. A cambio sólo había que festejar cuanto chiste u ocurrencia tuviera. El jefe era jefe porque era hijo del mero jefe.

El Tigrito creció con la absoluta certeza de la impunidad. Su abuelo había sido gobernador del estado. Su padre, médico, creció en las filas del partidazo, un verdadero cachorro de la revolución, en los tiempos en que a los cachorros los seleccionaban conforme a sus cualidades: había los obedientes, los bravos, los entreñables. La revolución los necesitaba a todos en el partido, pero a cada uno en su lugar. El padre era de los bravos, de los que sabían morder aunque aparentara ser de clase. El Tigrito, por el contrario, era un cachorro echado a perder.

Los primeros jales fueron al amparo de su padre, o más bien, de la gente de su padre. Desde las oficinas de la Dirección Federal de Seguridad, el muchacho realizó sus primeros secuestros exprés, levantones de fin de semana a amigos ricos con los que se codeaba en el hípico o en el Raquet Club. Era un negocio de cuates, decía él. “No les hacemos nada, sólo es para que colaboren con la causa, con que salga pa’l pedo y la coca ya la hicimos”, y por supuesto todos se lo festejaban, incluido el enano, ahora rebautizado como Memito, que a esas alturas ya traía una pistola 45 que caía un poco abajo de la rodilla.

Pasar del secuestro al tráfico fue sólo cuestión de oportunidades. Su padre tenía el encargo del régimen de cuidar que el negocio de las drogas no se “saliera de madre”, como acostumbraban decir en el rancho. A chingadazos, pero el Tigre los metió en cintura, puso cuotas de todo: de volumen, de mochada y niveles de involucramiento. Si alguien se salía del orden, pasaba a mejor vida.

Así aprendió Memito que en el crimen organizado lo primero es el orden. Nadie trae una pistola más grande que la del jefe, nadie trae una vieja mejor que la del jefe, y el respeto se gana obedeciendo. Ese martes Memito no estaba. La artritis le estaba deformando los huesos, y los dolores, aunque nunca se quejara enfrente de su jefe, eran ya insoportables. Memito salió del rancho —en las faldas del volcán de Tequila— el lunes para tomar el avión a México, donde lo atendería un especialista en el hospital militar. El Tigrito salió solo. Nunca volvió. Cuando escuchó el primer balazo, volteó buscando a su pequeña escolta. ¿Dónde estás, pinche enano?

El narco es una expresión que lo envuelve todo. En Guadalajara es el crimen organizado, el inversionista más importante, la explicación de cualquier fortuna y la de cualquier infortunio. Todo lo que pasa, lo bueno y lo malo, se explica con el fenómeno del narco, una noción tan falsa como extendida. El narco se convirtió en el Leitmotiv de la narrativa de Guadalajara. El índice criminal subió, bajó y volvió a subir a causa del narco. Los tapatíos no pensaron que el índice de muertes por cada cien mil habitantes había caído de diecinueve a cuatro por los buenos oficios del gobierno, sino porque el narco había dejado de pelear la plaza. Una parte de esa visión es absolutamente correcta y real: desde que el general Gutiérrez Rebollo cayó en desgracia, las ejecuciones bajaron en la zona metropolitana de Guadalajara. No había quién le peleara la plaza a la sociedad Guzmán-Coronel, y Guadalajara se quedó sólo con los muertos de cada día, los que no estaban vinculados al tráfico de drogas, pero no menos importante para la reducción de la violencia fue la reconstrucción de la procuraduría, la creación de un grupo antisecuestros de alto nivel, la limpia de policías municipales, etcétera. Pero para efectos populares, la época de la “pax narca” comenzó cuando hubo un solo líder, la gente de el Chapo, y dos grandes operadores, Nacho Coronel y el Lobo Valencia.

Ordenados, socialmente rechazados, pero en el fondo aceptados, los narcos estaban en todos lados y en todos lados estaba el narco, pero Guadalajara estaba en paz. De vez en vez ocurría algún evento sangriento relacionado con el narcotráfico, pero el nivel de tolerancia era cada día mayor; frente a la violencia desplegada en Tamaulipas, Monterrey o Torreón, Guadalajara era el paraíso. Estaban ahí, todo el mundo lo sabía, pero no eran como esos Zetas descuartizadores o como aquellos bárbaros que mataron al cardenal o pusieron una bomba en una fiesta de quince años. Comenzó incluso a hablarse de los narcos bien, esos que hasta gusto da que te inviten a una fiesta.

La subcultura del narco salió del clóset. La sociedad los rechazaba, pero para ellos dejó de ser vergonzoso, llegó incluso a convertirse en un estilo de vida. Música de banda, prendas de marca, de preferecia Polo o Versace, accesorios Louis Vuitton, botas buenas, cuerpos exageradamente musculosos por el gimnasio o las prótesis tomaron las calles, los antros y las redes sociales. Entre ellos se hacen llamar chacas, jefes entre los indígenas de Sinaloa; y a la mujeres las llaman coñitas. En los antros de moda, los jueves son de chacas. Quien no quiere verlos simplemente no va ese día. El desfile de autos de lujo y guaruras por Avenida Patria se hizo impresionante. Nadie los molesta y ellos no molestan, más allá de exigir, por la vía de los hechos, derecho de paso y alguna muestra de humildad ante el chaca: no les pites, no les reclames, no los veas.

Las fiestas de los chacas comenzaron a circular en las redes sociales. Se presumían como las mejores del fin de semana. Ahí estaban algunos de los apellidos de alcurnia tapatía junto con los apellidos de los narcotraficantes ricos (los hijos de los grandes narcos, de sus operadores financieros, de sus abogados) y, por supuesto, hijos y sobrinos de los políticos en turno. Son los narcos bien, los que están en los colegios de paga más caros, los más estrictos, los de los grupos católicos más conservadores. Estudiaban juntos, jugaban futbol juntos, sabían que juntos son más poderosos y que algún día harán negocios inmobiliarios juntos y quizás en la próxima generación hasta se mezclen, aunque por lo pronto eso está prohibido.

Las torres de departamentos aparecieron en la ciudad como hongos en temporada lluvias. Las torres cambiaron el horizonte del poniente de Guadalajara. Todo se vendió; menos de 30% estaba habitado. La economía iba bien, pero sobre todo el dinero circulaba. Aparecieron más y mejores restaurantes, nuevos hospitales, tiendas de lujo. Guadalajara ya no fue más un rancho grande. La ciudad creció, maduró, se empoderó frente al centro. Era una dinámica que iba mucho más allá del narco, que tenía que ver con un ciclo económico positivo, con el desarrollo de una nueva agroindustria, del cluster de la electrónica, de un gran crecimiento de la industria farmacéutica. Pero para los tapatíos lo que era claro y tangible era que la bonanza tenía que ver sobre todo con la paz entre los grupos criminales.

La caída del Lobo Valencia es el primer síntoma de que la guerra estaba a punto de estallar, pero nadie tenía los elementos para leer lo que se venía. El 28 de octubre de 2009, en una cateo a una casona en Tlajomulco de Zúñiga, en los valles del sur de la zona metropolitana de Guadalajara, encontraron y detuvieron a Óscar Orlando Nava Valencia, el Lobo, quien en 2003 heredó el liderazgo del cártel del Milenio tras la detención del fundador, su tío Luis Valencia. Como nuevo líder, el Lobo pactó con la nueva Federación que estaba creando Joaquín Guzmán y le dio un nuevo giro a su organización: pasó de la siembra y distribución de mariguana a la importación y distribución de cocaína a través del puerto de Manzanillo controlado por Guzmán y operado por Coronel.

Como toda detención de un capo de cierta importancia, el gobierno lo festejó. El Lobo apareció como un hombre de gustos excéntricos, que gustaba de convertir sus armas en joyas: pistolas bañadas en oro o con su apodo grabado con diamantes en la cacha. Mientras el gobierno cacareaba su triunfo y presumía su logro, al interior de la organización del Lobo la paz estaba por estallar.

Muerto el líder, una parte del grupo planteó como estrategia fusionarse con el grupo de Coronel, a otros, los que venían con la organización de tiempo atrás, eso les pareció impensable. Se negaron a desaparecer como cártel y formaron La Resistencia, un grupo que busca mantener su identidad, pero sobre todo su independencia en el negocio. Sus antiguos aliados se convirtieron en sus enemigos. Asesinaron cruelmente a algunos de los que habían pactado con Nacho Coronel. Junto con un mensaje que decía: “Esto le pasa a los torcidos”, cinco cabezas aparecen en una hielera. La guerra comenzó.

Estampa III
Shakespeare regresa
Se querían mucho. Difícilmente podían encontrar dentro de la escuela donde estaban a alguien tan semejante. Venían de la misma cultura, tenían los mismos gustos, habían sufrido el mismo miedo, el mismo desprecio, la misma sensación de no pertenecer a ningún lado, el desarraigo que experimenta el que vive huyendo.

Se conocieron desde muy chicos, en primero de primaria, pero no fue hasta ya entrada la secundaria cuando el rechazo de los otros los fue juntando. Ser hijo de narco es una tarea que se va complicando con la edad. De niño se nota poco, pero conforme va avanzando la conciencia crecen la vergüenza y el odio, la prepotencia y la soledad. Para un hijo de narco, el mundo se divide en dos: los chacas, como ellos, y los demás. El tiempo va juntando a los chacas con los chacas, se reconocen, se identifican, se saben, se huelen. Es la misma ropa, las mismas marcas, la misma música, el mismo cinturón, los mismos autos, el mismo lenguaje en el Facebook, la misma manera de imponer el dinero sobre el rechazo, porque saben que los podrán rechazar a ellos pero a su dinero jamás. Por eso están ahí, en un ambiente en principio hostil: de escuelas caras y niños pijos, pero a la larga útil, pues entre sus compañeros están hijos de políticos y de empresarios.

El noviazgo de Lizette y Alonso comenzó a los doce años. Se fueron, los fueron, separando hasta que quedaron solos en el rincón del salón. Como todos los noviazgos de esa edad, el suyo consistía únicamente en pequeños coqueteos y montones de cursilerías. Pero cuando llegaron a los quince, el noviazgo fue más intenso y más visible. Era para ellos una relación perfecta, salvo por un detalle: sus padres eran de cárteles diferentes.

Un día el padre de Lizette apareció en el colegio y, con toda la prepotencia de que fue capaz, le advirtió al director de la secundaria que el noviazgo de su hija con Alonso estaba prohibido. No explicó las razones, pero no era necesario, todos las entendieron. Tampoco acataron las órdenes, sólo fingieron seguirlas. Lizette y Alonso se siguieron viendo a escondidas; el maestro de matemáticas les hacía el paro y los dejaba estar en el salón a la hora del recreo.

Lo que terminó por separarlos fue una bala, no contra ninguno ellos, sino contra el tío de Lizette que cayó abatido, como tantos otros, en una banqueta de la ciudad. Lizette y su familia desaparecieron de un día para otro sin dejar huella, como había sucedido al menos en dos ocasiones anteriores. Como todo narco que se precie se fueron a vivir a Estados Unidos, porque, eso sí, todos tienen visa, cuando no green card. Alonso lo sabe, los compañeros lo saben, los políticos lo saben, los diplomáticos saben… Shakespeare está de regreso.

Los Torcidos aparecieron en un video en Youtube vestidos con traje militar negro, armas largas y capuchas. “Nosotros no estamos contra la sociedad, por el contrario, queremos protegerlos…, somos el cártel Jalisco Nueva Generación”, decía el video que fue ya retirado del canal de internet. Asumidos como cártel protector de la sociedad jalisciense, los Torcidos buscaron llamar la atención del gran jefe declarando la guerra a los Zetas. Aparecieron los primeros bloqueos como desplantes de fuerza, pero sin tocar a la población civil. Hubo más cabezas, y ejecuciones. Comenzaron a hacerse evidentes los signos de que algo realmente se rompió.

La caída de Nacho Coronel fue el punto de quiebre. Tras unos días de tranquilidad comenzó la descomposición y el reacomodo. En un arranque violento, el cártel Nueva Generación se asumió como mata-Zetas. El nuevo cártel le declaró la guerra a la organización del norte, y en septiembre de 2011 fueron hasta Boca del Río, Veracruz, a hacer una “ofrenda” de treinta y cinco cadáveres justo frente a la reunión de procuradores de los estados. La respuesta tardó pero llegó. Los Zetas, urgidos de un brazo armado en Jalisco, hicieron un pacto con la organización de La Resistencia, a la que proveyeron de armas y sueldos para su estructura. Dos meses después, debajo de los inconclusos Arcos del Milenio, en Guadalajara, los Zetas y sus nuevos socios abandonan veintiséis cadáveres, algunos de ellos vinculados al cártel Nueva Generación, pero la mayoría inocentes.

La secuencia continuó. Los veintitrés muertos del grupo de los Zetas, colgados y descabezados en Nuevo Laredo, Tamaulipas, fueron vengados con dieciocho descuartizados, en la carretera de Guadalajara a Chapala, y cuarenta y nueve más en Cadereyta, Nuevo León.

La persecución de la Policía Federal se hizo presente. La detención de dos de los mandos principales del cártel Nueva Generación, Erick Valencia, el 85, y Nemesio Oseguera, el Mencho, generó el peor día de terror en la ciudad. Tras un operativo en el que la Policía Federal utilizó un colegio del Opus Dei con niños dentro como base de operaciones, el cártel respondió con una serie de narcobloqueos que paralizaron la ciudad, primero por un problema vial, pero sobre todo por el miedo. La tarde del viernes 9 de marzo de 2012, Guadalajara se arrepintió de todo el consentimiento que había tenido con el narco a lo largos de los años.

La persecución continuó. A lo que quedó de la resistencia en la Ribera de Chapala, le pegaron el Ejército y la Policía Federal. Al cártel Nueva Generación lo dejaron sin cabezas. Todos parecía a favor de las fuerzas federales, hasta llegar a presumir que habían detenido en Guadalajara a Alfredo el Gordo Guzmán Salazar, supuesto hijo del Chapo. Veinticuatro horas después, la noticia fue desmentida. La sensación de control se vino abajo.

¿Quién para?, ¿quién gana esta guerra?

A pesar de todo, en Guadalajara la vida sigue igual, nada ha cambiado. El orgullo y el prejuicio, el odio y la envidia, la complacencia y la complicidad. Nada ha cambiado, salvo que los tapatíos sienten que han perdido algo, algo que no saben cómo describir, ni dónde lo perdieron; algo intangible, pero que saben que ya se fue: la “paz de los narcos”. 

SICARIO MATA A NIÑA DE 3 AÑOS Y A SU PAPÁ PORQUE VIERON COMO EJECUTABA A OTRO HOMBRE

marzo 22, 2017 // 0 Comentarios

La pequeña Angie Anahí  junto con sus padres fueron testigos de un homicidio en la colonia Guaycura, de Tijuana, por eso un “sicario” les disparó anoche.

La menor, de 3 años de edad, junto con su madre acudieron minutos antes a visitar a su padre quien reside en la casa número 61 de la calle Paseo Pericué, ya se iban cuando llegó un hombre y se acercó a la vivienda, en donde otra persona arreglaba una reja.

El sujeto le preguntó al otro hombre que sí ahí vendían droga y luego le disparó. El agresor se dio cuenta que en el auto estacionado a un costado de la casa, estaba una familia y les disparó para evitar dejar testigos de su crimen.

El hombre de aproximadamente 40 años y la pequeña de tres resultaron heridos de gravedad y fueron trasladados a la Clínica 1 del IMSS, donde la pequeña Angie Anahi fue declarada muerta 

Fue entonces que lesionó a la niña en la cabeza, quién está mañana murió en la clínica 1 del IMSS.
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